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13 de enero de 2022
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Opinión

Suarez, el Gobierno y un deseo oculto: que la pandemia no termine nunca

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Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez, las dos cabezas en el oficialismo de Mendoza.

Visto en términos exclusivamente políticos, el 2022, un año particularmente no electoral, puede que tenga una mayor significancia para el gobierno de Rodolfo Suarez –para el oficialismo en su conjunto– que para el resto de las fuerzas que le dan vida al sistema institucional de la provincia. Se trata del inicio de la segunda parte de la gestión y el último tramo hacia el fin del mandato, en el 2023. Y si bien parece lejano y fuera de tiempo abrir un debate sobre el futuro de la coalición de gobierno y de sus perspectivas ante el desafío de mantener en sus manos el control de la Provincia para cuando opere el recambio, bien vale analizar el estado de situación y la solidez de las bases en las que se apoyará y justificará el pedido de un nuevo voto de confianza de la ciudadanía en apenas un año y medio de aquí en adelante.

La coalición gobernante, a vuelo de pájaro, parece gozar de buena salud, con pocas amenazas a la vista que puedan llegar a perturbar su hegemonía en el poder. La afirmación se sostiene, si se quiere, en lo que se ve y se aprecia en la vereda opuesta. Dicho de otro modo: si las elecciones gubernamentales se realizaran en breve, quién podría llegar a sostener que el oficialismo vería amenazada su posición frente al estado que hoy muestra y ofrece la oposición en su conjunto, y, en particular, el perokirchnerismo que tiene enfrente.

Ante ese panorama, en el Gobierno tendrían que preocuparse más por los movimientos internos, que se darán inevitablemente de cara a la sucesión de Suarez, que por lo que se le pueda armar enfrente; movimientos internos virulentos y posibles enfrentamientos de modelos y de ideas diferentes sobre todo lo que hay que hacer con Mendoza en los próximos años, además de distintas expresiones y estilos de conducción, con una fuerza tal que configurarían una amenaza superior –más que cualquier oferta opositora–, que consiga desestabilizarlo, dejando al descubierto sus debilidades y haciéndole perder el eje de sustentación sobre el que gira hoy de manera apacible, sereno y sin turbulencias que lo molesten.

En el oficialismo, se sabe, la lucha por la sucesión puede que se dé entre los intendentes Tadeo García Zalazar, de Godoy Cruz, y Ulpiano Suarez, de Capital. El primero, con el apoyo del histórico y poderoso Alfredo Cornejo, y el segundo, con el de su tío, al frente hoy del Ejecutivo. Es prematuro, claro, pero para nada alocado que ambos generales de Cambia Mendoza protagonicen la pelea de fondo que divide las aguas, por estilo, modos y hasta por representar estrategias y costumbres disímiles al momento de defender el sistema de gobierno que los dos encarnan.

Sin embargo, será muy interesante saber cómo se comportan los dos, Cornejo y Suarez más todo lo que tienen detrás frente a la aparición en escena, quizás jugando su última chance concreta, del diputado nacional y líder del Pro en Mendoza, Omar De Marchi. El lujanino es el único y el primero en dar el golpe hacia el 2023. Con la fundación Pensar como soporte, De Marchi comenzará a delinear un plan de gobierno desde febrero en adelante con la intención de ponerlo a disposición del resto de la fuerza en Cambia Mendoza por agosto del presente año. Los ejes serán el trabajo, la matriz económica, la vivienda, la educación y el conocimiento. Y está dispuesto, según ha manifestado, a llamar a todos detrás de tales iniciativas. A propio y extraños. Aunque, claro, marca algunos límites en esa convocatoria, como el populismo y todo aquello –manifestó– que ponga en dudas la república y sus poderes. El kirchnerismo en términos generales y algunos de sus socios, como particularmente José Luis Ramón, determinarían para De Marchi las fronteras de su proyecto amplio.

Frente a la nueva aventura en marcha de De Marchi, qué contrapondrá el elenco que domina la vida en el oficialismo es la gran incógnita. ¿Tanto a Tadeo como a Ulpiano les alcanzará con ser los directos representantes del Gobierno ante el líder del Pro y lo que se pueda armar por fuera en la oposición? Hoy parece que sí. Se puede decir que Cornejo y Suarez, en una eventual interna contra De Marchi, bien podrían descansar en el poder territorial y en el apoyo que le han hecho sentir a su eventual contrincante.

Pero las nubes que ensombrecen el camino y la marcha triunfal ante la conquista de un nuevo período de gobierno es, aunque no se perciba del todo claro, el mismo Gobierno, la gestión, el resultado de la administración en manos de Suarez. Un gobierno que, hay que decirlo, se ha quedado, prácticamente, sin las banderas que presentó dos años atrás y que ofrecían una idea, un proyecto y un plan hacia delante que hoy no tiene.

Sin minería, sin reforma de la Constitución por ahora, sin esa idea ambiciosa para modificar el sistema de educación de la provincia y, posiblemente, sin Portezuelo del Viento, la gestión se aferra a lo que puede que comience a dejarse atrás hacia fines de año si las previsiones de la ciencia a nivel mundial son acertadas: la pandemia de coronavirus. Y, si eso sucediese de golpe, afloraría de repente un gobierno que basó su marcha en la gestión de la pandemia. En la buena gestión de la pandemia, hay que decir y reconocer. Lo que le valió niveles de imagen positiva y de aceptación más que favorables, mucho más que eso y que bien se reflejaron en el resultado de las elecciones de medio término.

Con lo que, retomando la hipótesis del comienzo, el oficialismo gobernante, más que preocuparse por lo que pueda construir la oposición hacia el 2023, tiene que ocuparse de lo que lo amenaza desde las entrañas: sus propias debilidades y falta de respuestas claras y contundentes hacia todo lo que no tiene que ver con la pandemia de coronavirus. Un virus que, inevitablemente y muy a pesar de muchos en el Gobierno, algún día será derrotado y, como una polvareda que se disipa, dejará ver la endeblez en la que se asienta la gestión. Una gestión que, como siempre, se transforma en el mayor estandarte de quien gobierna al momento de someterse a un nuevo examen electoral.

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