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16 de mayo de 2021
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Columna

¿Qué sabés de Manuel Piris?

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Me enteré por las redes sociales y me dije: “¡Caramba! ¡Se me habrá pasado por alto, no lo vi en otro lado!” (Soy mucho de hablarme y decirme “¡Caramba!” ¿quién no?).

Encontré notas en medios patagónicos y “La izquierda diario”. Sólo tres informes en medios nacionales: una entrevista en TN, una de América TV y una mención en “La Nación” pero todas anteriores al hecho.

Nada sobre la que ocurre ahora con Manuel Piris, sólo una entrevista en Cadena 3 de Córdoba.

Encontré, sí, mucha información sobre Manuel Piris pero enseguida me di cuenta de que no era quien yo estaba buscando. Este otro Manuel fue goleador del equipo Candelaria de Misiones. Incluso me enteré de que hubo una tarde apoteótica, julio del 2014, y un gol maravilloso que este Piris no buscado, le hizo en el segundo tiempo a Guaraní por el partido de ida de la final del Apertura “Luis Chichizola y Baldomero Amarilla”, de la Liga Posadeña de Fútbol.

Ese dato sí estaba. El que buscaba, me costó más. Claro, la noticia que estaba procurando y que se escondía, no era la alegría de un gol en una final. Aunque también tenga algo de final.

Manuel Piris no es delantero de Candelaria. Es enfermero del hospital de terapia intensiva del Hospital Regional de Río Gallegos, en Kirchnerlandia, ese lugar en el mundo que parece fuera del mundo.

Manuel Piris está en huelga de hambre.

¿Qué pide Piris?

Que si trabajan en el hospital sábados, domingos o feriados, se lo reconozcan al momento de cobrar.

Que les paguen las guardias realizadas el año pasado.

Que se cumpla el convenio colectivo de trabajo.

No, por los aplausos de hace un año ya no pide.

Nadie se acuerda.

Porque hace un poco más de un año, a las 9 de la noche, se aplaudía, se gritaba “¡Viva la patria!” y le decían al virus que si quería venir, que viniera, que le presentaríamos batalla.

Como Galtieri. O como el intendente kirchnerista de Ensenada, Mario Secco.

En aquel momento un vecino sacaba los parlantes y musicalizaba con el himno nacional y la marcha peronista la noche de mi barrio. No sé qué habrá sido de él. No se lo escuchó más.

Hoy la situación de enfermeros y médicos de Santa Cruz está más cerca de la cachetada que del aplauso.

Cansados de que no los recibieran pese a los innumerables pedidos, los profesionales de la salud tomaron el Ministerio, una forma bastante desesperada de decir “acá estamos”.

¿El ministro Claudio García? Nada, cero respuesta. Hasta el 4 de marzo.

Ese día, un grupo de enfermeras, después de que les aseguraran que esperaban en vano porque el ministro no estaba allí, lo vieron marcharse del edificio.

Hay que reconocer que esta vez rápido y solícito, el ministro García, cuando vio al personal, salió a su encuentro.

Claro, hubiera sido más cómodo para todos si antes se hubiese bajado de la camioneta oficial Ford Ranger pero ¿vieron el frío que hace en el sur?

Tan rápido y solícito fue el ministro García, que se llevó por delante a cuatro o cinco enfermeras que intentaron hablar con él y siguió su marcha, lo más orondo, inscripto en la tradición del ex senador nacional por Santa Cruz, ex subsecretario general de la presidencia en tiempos de Néstor Kirchner -de quien fuera íntimo amigo- y ex ministro de Gobierno santacruceño, Daniel Varizat cuando lanzó su camioneta loca contra los docentes y trabajadores municipales que fueron justamente a pedir lo mismo que las enfermeras, 14 años después.

Ya saben, trabajadores santacruceños, si tienen algún reclamo que hacer a alguna autoridad provincial, mejor no cruzarse en su camino. Te llevan, literalmente, por delante.

No fue la única respuesta que los antes aplaudidos recibieron de parte del gobierno provincial de la hermana y cuñada gobernadora.

Ya recibieron dos denuncias los trabajadores de la primera línea, los luchadores contra el covid.

Una, cuando el 19 de marzo aparecieron pintadas que decían “Beveraggi y Fernández RENUNCIEN!! (Almas Negras)” (se referían a la subsecretaria de Acceso y Equidad en Salud, Laura Beveraggi y a uno de los directores Médicos, Mauricio Fernández) en una cápsula que se utiliza para trasladar pacientes contagiados dentro del hospital.

Otra por “boicotear el plan de vacunación”.

Sí, para el gobierno de Santa Cruz, los trabajadores de la salud que todavía no cobraron las horas extras del año pasado son vándalos y boicoteadores.

Hay que decir que el plan de vacunación no ha sufrido ningún boicot excepto el del propio gobierno que no tuvo problema en organizar su propio vacunatorio VIP, porque el grado de kirchnerismo en sangre, tira y por eso no se privó de su capítulo VIP con intendentes, esposas y demás beneficiarios, siempre con los deditos en V. Ahora la vacunación, al menos en Río Gallegos se detuvo. Al 15 de mayo la provincia no está dando turnos para los habitantes de su ciudad capital.

Esto es extraño ya que según el Monitor Público de Vacunación del Ministerio de Salud de la Nación, a la provincia de Santa Cruz se le entregaron (al 15 de mayo, fecha en que esto es escrito) 97.902 dosis de vacunas de las cuales la provincia -incluyendo a intendentes y amigos- aplicó 75.417, o sea, sólo el 77% de las recibidas.

¿Dónde están las 22.485 restantes?

¡Ay, el periodismo hace cada pregunta, cuando pregunta!

Por lo pronto, Paola Vessvessiany y Juan Vázquez, los dos diputados santacruceños del Frente de Todos votaron en el Congreso nacional el 27 de marzo en contra de que se investiguen a los vacunados VIP.

Detalle: Vázquez es un vacunado vip. Votó para no ser investigado. Y ganó.

Los problemas con la lucha contra el covid en Santa Cruz no son nuevos ni sólo en Río Gallegos. Ya en julio del año pasado en el Hospital Regional de Río Turbio el personal se quejó porque recibían barbijos de friselina, no tenían camisolines hemorrepelentes.

En El Calafate el personal del hospital SAMIC está realizando ahora mismo medidas de fuerza.

En Río Turbio y 28 de noviembre, la Cuenca Carbonífera, los hospitales carecen de guantes, mascarillas, cofias, sondas nasogástricas, algunas salas no tienen ni tomas para enchufar los equipos eléctricos, no hay tomógrafos ni un resonador por no hablar de la carencia de todo tipo de profesionales, como bien cuentan los colegas Javier Gabbani, María Laura Centurión y Narciso Fuentes en su completo informe publicado en “OPI Santa Cruz”.

Fueron los “Vecinos Autoconvocados de la Cuenca Carbonífera” quienes tuvieron que pedir una audiencia con Karina Nieto la diputada de Río Turbio a cargo de la vicegobernación (por otro intrígulis que ya aparecerá en esta nota) para pedirle insumos, equipamientos y recursos para los hospitales tanto de Río Turbio como de 28 de noviembre.

Las denuncias corren por toda la provincia en donde el kirchnerismo dio sus primeros pasos.

La enfermera del puesto Sanitario de El Chaltén, María Rosa Florentín, con doce años de trabajo en el sistema de salud provincial, denunció por escrito las gravísimas irregularidades que se producen en el puesto. Dice que con ocho miembros infectados en el puesto no se tomó ninguna medida, excepto el aislamiento de los pacientes, lo que transformó el lugar, de puesto Sanitario a Centro de Divulgación de Covid.

Sin embargo, no a todos los trabajadores de la salud de la provincia las cosas le van mal.

A Andrea Fernanda Angeloni le vino bien la pandemia: vio subir su sueldo en 137 mil pesos por sus “guardias activas” en el Hospital Zonal de Caleta Olivia.

Lo que no se entiende bien es cuál es la relación de su especialidad con las guardias activas por el Covid. La doctora Angeloni es nutricionista.

La gente mala, que por suerte no falta, une lo que cobra la doctora con otra característica que, si bien está alejada de la cuestión sanitaria, ayuda y mucho en estas circunstancias: la buena de Andrea es la actual pareja del intendente de Caleta Olivia, Fernando Cotillo.

Los vínculos amorosos, se sabe, son fundamentales en el kirchnerismo para conseguir desde vacunas hasta horas extras. Seas nutricionista o aspirante a estrella de comedia musical, como la instantáneamente famosa Purita.

De cualquier manera, la gobernadora Alicia Kirchner ha mostrado preocupación por la pandemia.

Tanto, que acaba de publicar un video en las redes en donde descarga toda la responsabilidad en los ciudadanos que no pueden parar de compartir mates, latitas de gaseosas y vasos de cerveza, sin pensar en “el personal de salud que está trabajando al límite de sus posibilidades”.

Y hasta ahí llegó su amor, a subir el video a redes.

Mientras a pocos pasos de su lugar de trabajo, ese personal de salud al límite de sus posibilidades que homenajea en el video, no consigue ser recibido por ella, ni siquiera con los 15 días que lleva Manuel Piris en huelga de hambre.

Otro que se mostró muy conmovido con la protesta de los trabajadores de la salud fue el intendente de Río Gallegos, el casualmente también kirchnerista Pablo Grasso.

Primero mandó a los trabajadores de Niñez del municipio para constatar si había menores en la protesta. Al día siguiente, a la salida de una visita a la gobernadora, tuvo que pasar cerca del acampe y las enfermeras lo llamaron a los gritos. No le quedó otra más que acercarse. Primero le envidiaron la suerte de poder reunirse con la esquiva gobernadora y después, sin demasiadas vueltas, le reclamaron: “Usted tiene que intervenir porque usted también es un ciudadano y estuvo internado en el hospital”. En efecto, en agosto el intendente estuvo internado en la sala covid del Regional de Río Gallegos con un cuadro de neumonía bilateral y fue atendido por esa gente que ahora pasa las frías noches santacruceñas en el acampe.

La respuesta de Grasso fue la propia de un estadista: “Chau, chicas, que les vaya bien”.

Desear suerte no parece ser que le traiga suerte al intendente. De hecho cuando el 10 de diciembre del ’19 asumió su cargo le deseó suerte a su amigo de toda la vida, Emilio “Bubba” Maldonado, a quien le dijo “juntos vamos a sacar adelante la ciudad” y a quien apoyó para que fuese elegido Presidente del Concejo Deliberante.

Sólo seis meses Maldonado fue denunciado por haber abusado de dos nenas, de 9 y 12 años.

En aquel momento, tanto la secretaria de Producción de la ciudad, Moira Lanesán Sancho; el director del área de deportes, Sergio Vilche; la concejala Paola Costa y la secretaria de Coordinación Ejecutiva, Claudia Picuntureo salieron a defender a Maldonado y a atacar fuertemente a la madre de una de las nenas. El intendente Grasso en esa oportunidad le dijo a su amigo Maldonado que pidiera licencia. Hoy el Bubba está en la comisaría séptima de Río Gallegos y se espera que el caso pase a la Cámara Oral.

Ni una palabra de la gobernadora sobre el caso de la violación de menores de parte del Presidente del Concejo donde ella vive, casualmente, de su mismo partido.

Tampoco dijo una palabra sobre su vicegobernador, Eugenio Quiroga y si la hubiese dicho no hubiéramos podido saberla porque si bien Quiroga tuvo que pedir licencia por 45 días por una denuncia que se tramita en la justicia de familia, la justicia de Santa Cruz libró un oficio por el cual notificó a distintos medios provinciales la prohibición de publicar información de esa causa.

A pesar de eso, Opi Santa Cruz publicó que “la víctima sería una hija menor transgénero que tiene el vicegobernador, padre de tres hijos más y la denuncia ante el juzgado Nº2 de Caleta Olivia la habría llevado a cabo una licenciada en psicología de apellido Rivarola que trabaja para la policía provincial”.

El medio santacruceño asegura que no está fundada la versión de “abuso sexual” sino que “no descartan que Eugenio Quiroga no aceptara la elección de vida de su hija y vulnerara sus derechos con permanente acciones de tipo discriminatorios, insultante y de permanente ataque a su condición de niña trans, lo cual habría generado en estos días, un intento de suicidio de parte de la víctima”.

Por lo pronto, como casi todo en Santa Cruz, es un misterio y no se puede hablar y listo.

Como todo poderoso acusado, salieron en defensa del honor vilipendiado del vicegobernador, licenciado vaya uno a saber por qué, los integrantes del Grupo ANTU, un grupo de “Asesores de negocios o consultoría de empresas” de donde salió otro defensor de Quiroga, Fernando Cotillo. Les juro que no tengo intención de que esta nota se parezca a una de Verbistky o de Pagni, donde los autores ponen tantos apellidos que uno no sabe si ya lo leyó o no.

La hago fácil, sí, ya se nombró a Fernando Cotillo. Es el intendente kirchnerista de Caleta Olivia, pareja de la nutricionista que es tan fundamental en la lucha contra el covid que multiplicó su sueldo con horas extras del hospital municipal.

Cotillo fue, según OPI, en su época universitaria dirigente de Franja Morada, de familia radical y antiperonista, y ahora luce en sus redes fotos con Néstor Kirchner. Antes de la nutricionista estaba casado con la Secretaria del Juzgado Penal de Recursos de Caleta Olivida, Connie Naves.

También del grupo de defensores de Quiroga ante la denuncia de vaya uno a saber qué, aparecen Gabriela Ciganotto, quien fuera presidenta del Banco Nación con Néstor Kirchner y Claudio “Chingolo” Fernández, hermano del ex senador del Frente para la victoria santacruceño, Nicolás Fernández. Porque en Santa Cruz, todo, todo, todo, queda en familia.

El tema es que la provincia informó que el vicegobernador se tomaba una licencia por una denuncia de la que no se puede decir nada. ¿De qué se lo defiende si nadie sabe de qué se lo acusa?

Si no sabés demasiado de la huelga de hambre de Manuel Piris, del pedófilo presidente del concejo municipal de Río Gallegos, del intendente de Caleta Olivia o del atropellamiento del ministro de salud a las enfermeras, es porque en general, Santa Cruz, ese Rosebud kirchnerista, ese aleph k que contiene todos los puntos del universo k, es el secreto que el pasado nos tiene preparado para el futuro.

Siguiendo el viejo precepto de una imagen, mil palabras, esta foto final publicada el sábado 15 de mayo por el diario Nuevo Día quizás sirva para entender Santa Cruz.

Es el doctor Carlos Bilotti, jefe de Guardia del Hospital Regional de Río Gallegos, llorando, después de atender a Piris, frente a la casa en donde Alicia Kirchner imagina nuevos videos para homenajear a los trabajadores de la salud.

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