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26 de julio de 2021
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Opinión

Por un proyecto hegemónico, pero que no se note

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Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez todavía deben estar festejando el impacto de una ocurrencia que para más de uno ha resultado extraordinaria e inverosímil, además de sumamente arriesgada: que el actual gobernador figure en la lista como candidato suplente a senador nacional para las elecciones de medio término de setiembre y noviembre, cuando la Constitución de la provincia lo prohíbe de forma taxativa.

En efecto, el gobernador Suarez ha sido inscripto como candidato para las próximas elecciones de medio término en calidad de suplente, detrás de Alfredo Cornejo, que aparece en primer término, y de Mariana Juri, la actual ministra de Cultura y Turismo de la provincia. El hecho se ha transformado en una actitud inédita y extraordinaria desde la recuperación de la democracia a esta parte, por el simple hecho de que la Constitución provincial le prohíbe al gobernador ser candidato a senador nacional hasta, por lo menos, un año después de haber terminado su mandato.

El hecho de que Suarez figure como aspirante a senador nacional se ha configurado en el acontecimiento político del fin de semana, en el que ha operado el límite de tiempo para la inscripción de los candidatos a cargos electivos legislativo de medio término.

En el oficialismo de Cambia Mendoza ya se conocía, o se presumía, que Cornejo y Julio Cobos serían los candidatos que liderarían las listas al Senado y a Diputados de la Nación. Una fija que se confirmaría hacia el fin de semana, cuando, el sábado, se daba a conocer la lista de candidatos. La sorpresa vino por el lado de gobernador, Suarez, que fue inscripto como aspirante al Senado nacional como suplente, desafiando a la Constitución provincial, que lo impide.

Claro que desde el oficialismo dirán que, de Constitución a Constitución, la nacional tiene prevalencia sobre la provincial y, como la designación de los senadores nacionales se rige por la nacional luego de que se permitiera el voto directo de los mismos por la reforma de 1994, la candidatura de Suarez está más que salvada.

En los corrillos políticos, más que nada en los que abonan las ocurrencias del oficialismo, destacan como magistral y extraordinaria la decisión de inscribir al gobernador como candidato a senador. Quienes adulan a Cornejo y compañía festejan que, como el caso de las colectoras denunciadas como ilegales, durante varios días se hable del caso de Suarez como candidato a senador.

Si esto es así, el diputado nacional tiene razón en cuanto al objetivo buscado. Pero, así como todos estaremos hablando, en particular desde los medios de una maniobra inesperada como la de inscribir al actual gobernador como aspirante al cargo de senador nacional, también es pertinente señalar el objetivo de fondo de la jugada: que existe un plan preciso a largo plazo en Mendoza, con intenciones de que trascienda a nivel nacional y que demuestre, entre otras cuestiones, que se puede administrar el Estado desde otro punto de vista diferente del del kirchnerismo, si es en pandemia, con la mayoría de las actividades económicas abiertas, manteniendo en un mismo plano las urgencias sanitarias o de la salud con aquellas vinculadas a las de la subsistencia diaria, personal y colectiva de la sociedad, como lo hizo Mendoza desde mediados del año pasado a esta parte.

Está claro que Cornejo y Suarez ponen toda la carne al asador, como el mismo Cornejo lo describió el sábado. Y también está claro que apuntan a capitalizar lo que las encuestas y los sondeos les señalan: la buena imagen del gobernador, el reconocimiento a todo lo que se ha hecho desde las épocas de Alfredo Cornejo al frente de la provincia y todo lo que todavía significa para el elector medio mendocino el senador Julio Cobos, quien competirá en la categoría de diputado nacional.

Pero, así como el cornejismo, o Cambia Mendoza si se quiere, pretende bloquear el asentamiento del kirchnerismo en Mendoza, es importante o válido señalar que lo puede estar haciendo con las mismas armas que ha venido utilizando quien está combatiendo: esto tiene que ver con la apelación a herramientas cuestionadas o métodos non sanctos similares a los que cuestiona.

En verdad, más allá de aquel objetivo de crear un tema que monopolice la discusión política y que la misma se traslade a los medios, lo cierto es que aparece un plan liderado por Cornejo para después de la finalización del mandato de Suarez en la Gobernación: puede que el mismo lo tenga a Cornejo como aspirante a ella en el 2023 y a Suarez en el Senado de la Nación, continuando el mandato de Cornejo en caso de que, como lo imaginan, el actual diputado nacional y líder del radicalismo pretenda volver a pelear por el sillón de San Martín. Se trata, ni más ni menos, de la cristalización de un plan que comenzó a gestarse en el 2015 y que está en vías de ejecución.

El Frente de Todos, por su lado, enfrentó el cierre de listas de la manera más decorosa y menos problemática que podía esperar: Anabel Fernández Sagasti consiguió que todos se sumaran a la propuesta electoral, lo que es mucho y destacable cuando varios, por no decir unos cuantos dirigentes y referentes anti-K, quisieron evitar mezclarse con lo que puede ser a todas luces una lista perdidosa. No es poco que la senadora nacional haya conseguido el apoyo de los intendentes del peronismo provincial; un apoyo explícito, además de testimonial, que se configura en la presencia de Martín Aveiro y de Roberto Righi en las listas, a sabiendas de que sólo un milagro los puede colocar frente a los objetivos que persiguen. Una señal que está diciendo mucho más de lo que parece: que si se gana, obviamente que los dividendos se distribuirán entre todos o bien entre aquellos que vieron una estrategia adecuada y exitosa; pero que si se pierde –como más de uno lo está viendo venir dentro del peronismo provincial–, los costos se licuarán entre todas las fuerzas, más allá del kirchnerismo dominante dentro de la principal oposición mendocina.

Pero, al margen de lo que se ha considerado un cierre del peronismo medianamente ordenado, con Anabel Fernández Sagasti como candidata a senadora nacional y Adolfo Bermejo en la diputación nacional, lo cierto es que el kirchnerismo ha comenzado a visualizar síntomas de desgaste en algunos departamentos, en especial en aquellos más gravitantes para su andar, como Godoy Cruz y Guaymallén. En el primero, todo un grupo de peronistas tradicionales, clásicos o republicanos logró conformar una lista colectora que enfrentará a la dominante que representa a La Cámpora. Detrás del referente de la cultura Mariano Martínez se han encolumnado hasta los seguidores de Protectora (partido que tiene como líder a José Luis Ramón) con el fin de disputarle la hegemonía al kirchnerismo en el departamento de donde surgió, nada más y nada menos, Fernández Sagasti. Y lo propio sucede en Guaymallén. Señales, indicios que comienzan a demostrar que no todo está bien en cuanto el método y la forma de liderazgo asumida por aquellos que arrancaron en la política en el 2011, cuando a nivel nacional se decretaba el “vamos por todo”.

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