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28 de julio de 2022
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Opinión

Paritaria docente: de malditos a benditos, los componentes en negro del salario

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“He instruido mantener abierto el diálogo de manera permanente y mejorar la propuesta económica”, dijo este miércoles el gobernador Rodolfo Suarez, cuando se acababan los dos días de un paro fulminante de actividades –en especial en el ámbito de la educación–, que llevaron adelante los gremios del Estado en demandas por mejoras salariales.

En un largo hilo de Twitter, el gobernador, además de reconocer el atraso salarial que padecen los estatales, dejó para el análisis unas cuantas ideas y afirmaciones que han permitido indagar en su estado de ánimo y parecer frente al conflicto en particular. Pero, más aún, ante una evidente escalada de mal humor social que se ha hecho visible en todos los sectores de la sociedad; un fastidio que ha comenzado a exteriorizarse y que está presente en todos, en los empleados estatales, docentes y personal de la salud claramente, como en el resto de los trabajadores privados, comerciantes, emprendedores, monotributistas y profesionales, formales e informales, en todos por igual.

Pareciera que Suarez abre el paraguas ante un posible recrudecimiento de las críticas que le lloverán, o que se harán más agudas al ritmo y medida en que el Gobierno nacional –al que le apunta como el culpable absoluto de la situación–, se sigue adentrando en ese mar de vaguedades e incertidumbres que lo degrada por todos lados.

El incremento en el salario a los estatales que hoy jueves seguramente se colocará como nueva propuesta en la mesa de negociaciones con los gremios –aclara Suarez–, “será sin aumentar impuestos”, además de afirmar que lo hace en “concordancia con la política provincial de reducir la presión fiscal a los sectores productivos y a la gente”. Con lo que, o bien hará uso de los recursos que la administración ha ido guardando ante posibles contingencias (se habla de entre una o dos nóminas salariales, cada una es de 14.500 millones de pesos), o bien resignando obra o inversión pública menores, o de todo tipo, como ya se ha hecho, a la espera de mejores momentos.

La administración ha detectado un riesgo al que puede exponerse: la generalización y masificación del conflicto. Las cuentas que se sacan en el oficialismo tienen que ver con cuánto de todo lo que ha comenzado a facturársele lo acompañará hasta el momento de las elecciones. No hay nada más importante que aquel examen previsto para mediados del año. Entonces, el dilema es hasta qué límite podrá seguir haciendo concesiones que le permitan mantener bajo control el dominio del clima que lo ha venido favoreciendo, claramente.

El margen de acción o de movimientos que tiene parece ser restringido. Hay que observar en detalle lo que ha venido ocurriendo en la negociación salarial con los mismos gremios que hoy conforman el corazón y el nudo de la naturaleza del conflicto. Hasta fines del 2020, el 100 por ciento de los componentes del salario de los docentes fueron remunerativos. Pero desde el 2021 en adelante, la proporción comenzó a variar: a marzo pasado, el 14 por ciento de todos esos nuevos componentes se pagaron en negro, lo que significa que fueron propuestos por el gobierno y aceptados por el gremio con características no remunerativas. Visto de otra manera: el 85,67 por ciento de los componentes que conforman el sueldo del docente es remunerativo o en blanco; el resto no lo es.

Este aspecto, el de los componentes en negro, ha sido históricamente rechazado por el gremio. En verdad, por la mayoría de los sindicatos del Estado que siempre tendieron a que se les pagase en blanco, incluso, los bonos o sumas extras que suelen incorporarse en las negociaciones como parte de la recomposición perseguida.

Pero, algo se modificó desde que cambiara la conducción del gremio docente: el kirchnerismo, hoy al frente del sindicato, entendió que el aceptar sumas en negro o no remunerativas le comenzaba a bajar la incidencia e importancia al ítem aula, el que se calcula sobre todos los componentes en blanco. Por ese camino, el kirchnerismo en el SUTE ha comenzado a hallarle una vía de escape y solución a la herramienta más poderosa que comenzó a utilizar el Ejecutivo en épocas de Alfredo Cornejo para bajarles el tono a las huelgas. Probablemente, haya sido esa situación, sumada al enorme descontento, que haya tenido que ver con en el éxito de la doble jornada de paro que viene de cumplir el gremio docente.

En la comparación con otras provincias, San Juan tiene el 100 por ciento de los componentes salariales de sus docentes en blanco. En la misma situación están Buenos Aires, Catamarca, Entre Ríos, Neuquén y Santa Cruz. Y entre las que más cuentan con sumas en negro aparecen, Río Negro con sólo 33 por ciento en blanco; Salta con 43; San Luis con 73; CABA con 72, y La Pampa con 84 por ciento.

La masiva movilización y exteriorización del conflicto con los docentes puso en discusión, a su vez, un mito: eso de que los sueldos del sector son los más bajos del país. Hasta marzo –el último dato actualizado en las bases estadísticas de la Nación–, aparece el registro de que, en Mendoza, el salario de un maestro de grado con jornada simple y con 10 años de antigüedad, es de 64.226,99 pesos. Está por debajo del promedio nacional que es de 70.427 pesos. El de CABA, por ejemplo, es similar al de Mendoza. Pero, por debajo de esas cifras, figura Santiago del Estero (50.000); San Juan (56.000), Misiones (58.000); La Rioja (62.000); Jujuy (56.000); Formosa (50.000); Catamarca (55.000) y Chaco (60.000). Ahora, bien, por arriba de todas esas provincias, incluso Mendoza, aparecen los sueldos de Salta (97.000 pesos); San Luis (94.000); Neuquén (80.000); Río Negro (79.000) y Santa Fe (88.000 pesos).

Hoy, Suarez enfrenta una prueba de fuego. Los miembros paritarios llevarán una propuesta, nueva, que según el propio gobernador mejorará lo ofrecido. No tiene margen de otra cosa. El punto es qué hará el frente gremial con lo que tenga enfrente. Envalentonado con el éxito obtenido, no es raro imaginar un rechazo. Sobrevuela una nueva medida de fuerza, en este caso por tres días. Sólo hay que esperar unas horas, nada más, para saber lo que viene. 

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