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19 de mayo de 2021
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Opinión

Pandemia, errores, negligencia y desastre: hay culpables más culpables que otros

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“Lo que no entiendo es qué hace la gente paseando entre la semana, cualquier día”, expresó, entre sorprendido e indignado, Miguel Ronco, intendente de Rivadavia, cuando lo entrevistábamos en LVDiez, ayer en la mañana. El intendente se había reunido el día anterior con sus colegas de San Martín, Junín, La Paz y Santa Rosa y habían acordado pedirle al Gobierno de Mendoza que avalara y autorizara una serie de ajustes a las medidas de restricción de circulación que rigen en toda la provincia desde el lunes 3. La solicitud fue respondida afirmativamente –como se suponía– frente al aumento de los casos de covid.

Es improbable que el intendente, de estilo amable, afable, franco y campechano, no logre comprender del todo las razones que llevan a las personas a hacer uso de su libertad, como salir al aire libre, pasear, tomar sol, caminar, correr, ir de compras u otra serie de actividades similares y de la misma naturaleza. La lógica, se sobreentiende, indica que Ronco se queja ante la impotencia de no poder frenar semejante desatino generalizado.

Unos minutos antes, en la misma entrevista, Ronco había justificado una nueva reducción en el horario de comercio para su departamento y para todo el Este que tendrá vigencia desde el próximo fin de semana. “La gente aprovecha para salir en familia, todos juntos”, comentó Ronco, aludiendo al sábado o al domingo para realizar las compras, extendiendo con ello –de acuerdo con su apreciación– el peligro de contagio de un coronavirus que no cesa, no da respiro y que para los jefes comunales del Este se ha transformado en una amenaza de multiplicación del virus de características imparables.

“Sería injusto hablar de los jóvenes solamente. Hay de todo. Sin ir más lejos, pude ver el fin de semana la cantidad de gente en grupo que se reunió en el ingreso del dique Carrizal a tomar mate, a tomar cerveza o fernet, todos del mismo pico o con un solo vaso, cuando está prohibido”, agregó a la charla, con estupor, la máxima autoridad institucional de Rivadavia.

La gente, como dice el intendente y no hay que circunscribir sólo a él algún dejo de postura crítica, no sólo tiene el derecho de salir a pasear un martes, un miércoles o cuando le plazca.

Se podrá decir, con razón, que en tiempos extraordinarios y de emergencia como los que se viven y se sufren por la pandemia, va de suyo cerrar los espacios públicos para evitar que las personas los utilicen como centro de reunión y para sociabilizar con otros. Y, si no se cierran, restringir la circulación y la presencia de personas en ellos. Todo se entiende y es comprensible.

El intendente tiene razón y mucha cuando, en tono de queja, describe que cuando transita la calle observa que no se usa o se usa mal el tapaboca por debajo de la nariz, como un cuellito o un adorno. Y con estos elementos a la vista, bien puede uno hacerse una visión general de la situación o llegar a una conclusión extendida y comprensible: las personas no sabemos cuidarnos, no queremos o, a esta altura de las circunstancias, a más de un año de la llegada de la pandemia y de escuchar y escuchar todos los días a los especialistas, importa un bledo todo lo que se dice y se sugiere y recomienda que hay que hacer.

Sin embargo, hay un punto que las autoridades, quizás, no estén teniendo en cuenta y que no hay que soslayar, en particular los gobiernos y, muy especialmente, la administración nacional. Es necesario reiterar todo lo que se ha fallado en Argentina como para preguntarnos: “¿Por qué la sociedad, en gran medida está haciendo, según parece, lo que quiere?”.

Promediando el segundo trimestre del 2021, los argentinos deberíamos estar en su gran mayoría vacunados, como se dijo y no se cumplió. Y el problema radica, básicamente, en la ausencia de vacunas. No hay para todos. No llegaron las que fueron prometidas y está claro que se negoció mal. Aquellas medidas de restricción severas del 2020 –por más de 120 días–, terminaron desgastando a todos, más cuando no se logró, con eso, frenar los contagios a niveles mínimamente aceptables. La economía se desplomó a tal punto que se fundieron miles de empresas, en su mayoría, medianas y pequeñas. El empleo cayó a niveles catastróficos. Desapareció, incluso, el trabajo informal, las changas y cualquier posibilidad de salvataje. Se perdieron ahorros, primero y, luego, los bienes, para hacer frente a deudas, obligaciones varias, salarios y hasta necesidades mínimas. Muchos de los chicos dejaron la escuela y no volvieron, en especial los más pobres, a quienes ni por asomo antes de la pandemia les había llegado el avance tecnológico de internet, la conectividad. A algunos ni siquiera los había rozado un teléfono. Las ayudas estatales en todas sus modalidades resultaron insuficientes porque, en efecto, no había para todos. Ni siquiera el Estado más avanzado pudo darse el lujo de llegar a cada una de las personas a las que se obligó a permanecer encerradas y sin ingresos para garantizarles los recursos que dejaron de recibir. Imaginemos, entonces, en una situación más extrema y compleja, lo que ocurrió y sigue ocurriendo en Argentina.

En gran medida, y no es una excusa, puede que lo que esté ocurriendo no sólo en el Este provincial –donde la gente puede estar haciendo lo que le da la gana sin tomar conciencia del peligro al que se expone– tenga que ver con todo aquello, con tanta estafa verbal, tanta negligencia y tanta especulación política.

El periodista Daniel Bilotta ensayó ayer una serie de posibles explicaciones ante tanto descreimiento sobre el Estado y que merecen ser citadas aquí, porque bien vale la pena tenerlas presente.

Dijo Bilotta en Twitter: “En Europa, la ley se cumple porque es un valor aceptado por la ciudadanía y porque las penas por violarlas son efectivas. El Congreso en Argentina se apresta a discutir una cuasirreforma constitucional para que algunos dirigentes sean exceptuados de ese efecto".

Y agregó: “No hay democracia sin ley ni instituciones que velen porque se las respeten. No sé si distrayéndose con la torre Eiffel el presidente habrá tenido tiempo de pensar en eso. Acaba de respaldar la reforma a la Ley de Ministerio Público”.

Hacia el final, el periodista aseveró: “En el fondo de todo conflicto al que asistimos está el fracaso de la estrategia sanitaria del oficialismo: sin vacunas no hay recuperación económica, se profundiza el malestar social y explica la tensión política que predomina entre las dirigencias de las dos grandes alianzas”.

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