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29 de abril de 2021
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Opinión

Otro momento clave en la gestión de la pandemia

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Rodolfo Suarez y Alberto Fernández.

No una, sino varias veces, Alberto Fernández y Rodolfo Suarez han dicho que no les temblará la mano para ordenar un confinamiento masivo de los ciudadanos o un cierre absoluto de todas las actividades al estilo de una fase 1 si el crecimiento de casos COVID llega a niveles tan críticos que puedan conducir al sistema sanitario a una situación de colapso al punto de no poder dar respuestas.

Quizás esa promesa o esa advertencia de ambos mandatarios, según como se interprete, sea en lo único o en las muy pocas cosas en la que ambos han coincidido en el manejo de la pandemia y en la estrategia que asumieron para darle batalla.

La diferencia objetiva es que uno de ellos puede que tenga un poco más que el otro de crédito o hilo en el carretel para ir y venir, abrir o cerrar, a la hora de ordenar un encierro o un parate total de la economía sin temor a una peligrosa desobediencia generalizada que desembocaría en una ausencia de confianza y de credibilidad de la que no podría retornar.

Hoy, y de acuerdo con varios de los estudios de opinión pública que se vienen realizando en el país y alguno que otro en Mendoza, está dejando al descubierto o demostrando que una mayoría muy importante de ciudadanos, casi de 60 por ciento, se muestra más preocupada por los efectos y consecuencias económicas que por la pandemia.

Los intérpretes de tal situación aclaran que para esa mayoría de argentinos está claro que tal como se dieron las circunstancias en la Argentina, con tanta debilidad en muchos sentidos evidenciada por el gobierno para negociar la compra de vacunas, o por la ausencia de una política decidida para salir a buscar en el campo vía testeos y determinaciones masivas a los contagiados de COVID y conocer con certeza el estado de situación, se optó por cuidados individuales y mecanismos propios de defensa puestos en práctica para enfrentar la pandemia.

Aquel Estado presente de la primera ola, durante el 2020, fue advertido en las ayudas económicas que se distribuyeron entre millones de argentinos que se quedaron sin ingresos y cientos de empresas que vieron paralizadas sus actividades. Pero, los padecimientos posteriores se han percibido, notado y sufrido tanto porque la ayuda estatal se acabó y la economía en funcionamiento o en reactivación no ha logrado suplir, siquiera, lo que ofrecía a marzo del 2020, el momento exacto del inicio de la catástrofe que se ha extendido hasta ahora, y porque las respuestas de profilaxis contra la enfermedad propiamente dicha (vía vacunas, testeos y aumento de camas críticas) no han sido, claramente, las que se requerían.

Y en este punteo, quizás arbitrario de necesidades insatisfechas, hay responsabilidades compartidas entre la Nación y la Provincia; o dicho de otro modo, Mendoza pudo haber mucho más de lo que se hizo antes de esperar una respuesta desde la Nación que nunca llegó.

Por todo eso y mucho más se explica por qué seis de diez argentinos quieren respuestas económicas más que las vinculadas con las sanitarias atadas a la situación de COVID. Y esa situación es que seguramente tienen presente el presidente y el gobernador al momento de ordenar el estado de cosas para lo que vendrá desde el próximo fin de semana en adelante.

Las consecuencias de un cierre total o parecido al de una fase 1 pueden resultar lapidarias para alguna de las dos administraciones o ambas en las elecciones venideras. Porque es cierto que, más que nada Fernández, el presidente, sea el que sienta más presión de una parte de su electorado para cerrar, suspender clases, parar las actividades y mandar a todo el mundo adentro por un lapso de quince o veinte días. Esa porción del electorado, importante, se refleja a su vez en lo que los gobernadores del oficialismo le han pedido en general al presidente, con el bonaerense Axel Kicillof a la cabeza, reclamando medidas más restrictivas. La división y las preferencias parecen estar claras y hasta puede que coincidan con la misma división ideológica que tiene el país. Pero jugar sólo para una franja de la sociedad o una parte de ella estando al frente de la conducción del país le pude resultar muy caro al presidente, como también, en su medida y proporción, al gobernador Suarez.

En resumen, es un momento tan crítico como clave, en el que la Nación y la Provincia deben tener en cuenta todo el problema, si es que Fernández y Suarez lo pueden ver, para decidir y actuar en consecuencia. Y junto con eso, la argumentación, política y científica de lo que dispongan. Y, con sinceridad y franqueza, ¿estarán a la altura?

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