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20 de octubre de 2021
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Opinión

OSEP, de la tormenta perfecta al hallazgo de un motivo de campaña opositor

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La Provincia debió emitir un bono para pagar 2.250 millones de pesos de la deuda que la OSEP contrajo con sus proveedores en el último año. En el gobierno de Rodolfo  Suarez se ha mencionado que estos aceptaron el papel “voluntariamente”, sin mayores cuestionamientos. Esa ha sido una de las salidas de emergencia que la administración le ha encontrado a un problema que puede ser mayúsculo y que, por ahora, lo puede mantener a raya en medio de una tensión permanente. Junto con eso, también ha tenido que acudir al sistema de adelantos financieros, los que están en estudio o a punto de ser autorizados, para ir hacia el salvataje del organismo. La pandemia y sus efectos, el incremento de medicamentos e insumos y el gasto en general casi desbocado, según el Gobierno, provocaron lo que desde el Ejecutivo se describe como “la tormenta perfecta”.

Pero, el caso de la OSEP, la Obra Social de Empleados Públicos de la provincia, la más importante de todas, ha dejado mucha más tela para cortar que esa molesta,  complicada y preocupante cuestión financiera: tiene derivaciones políticas fuertes en medio de una campaña electoral en donde hay mucho en juego.

Para entender los porqués de una discusión que ha salido hoy a la luz pública, de manera virulenta, se debe atender lo hecho por la oposición: la errática y confundida campaña electoral del Frente de Todos, el principal conglomerado opositor en Mendoza, parece haber encontrado un resquicio por donde le ha ingresado  oxígeno y mejorado el ánimo hacia el duro y empinado camino hacia noviembre. 

Porque, luego de haber probado con acercarse al presidente y distanciarse del mismo hasta el punto de no mencionarlo en sus mensajes; luego de haberse mostrado  junto a la vicepresidenta para que su imagen haya desaparecido de los spots; luego de haber hecho una campaña mostrando el orgullo de ser “camporista” y su pertenencia al kirchnerismo hasta casi llegar al hecho de negar ambas cosas (porque quienes los llaman, los distinguen y los nombran de esa manera lo hacen “para bajarnos el precio” al decir de su líder más importante, porque siempre fueron, son y serán peronistas quién puede poner en duda eso); luego de tanta ida y  vuelta, al fin, el peronismo mendocino obligó al gobierno de Suarez a reconocer, y no es poco, el delicado estado financiero de la OSEP.

Por un momento, la primera oposición pareció dejar de lado el foco puesto en Alfredo Cornejo, el mentor del modelo que hoy gobierna la provincia. También, el foco sobre la deuda tomada en la gestión del actual diputado nacional y en sus quejas y críticas hacia la forma en la que Cambia Mendoza viene administrando el Estado desde que lograra derrotar al peronismo en el 2015, tras las recordadas gestiones de Celso Jaque y Paco Pérez.

Y ha sido un acierto, a todas luces. En medio de los golpes al vacío y a ciegas, encontró dar uno certero al mentón, obligando a Suarez a salir y reconocer que no están  bien las cosas con la obra social. Suarez ha apuntado a la pandemia por haber provocado un descalabro que generó, en principio, varios meses de demora en los pagos  a los proveedores, y otros tantos, pero menos, a los prestadores, ese universo compuesto por médicos, especialistas, clínicas y demás que con su reclamo a viva voz por  la falta de pago han generado un estado de situación más que molesto que ha multiplicado el malestar de los cientos y cientos de afiliados que todos los días penan por las demoras en los turnos y por la calidad en caída de los servicios. Un cóctel demasiado amargo para el oficialismo a veinte días de las elecciones.

El presupuesto de la OSEP es de 15.148 millones de pesos, actualizado y con vistas al gasto que tendrá en el 2022, de acuerdo con lo que se ha enviado para su aprobación en la Legislatura. La misma pauta de gastos prevé, en su artículo 54, la previsión de un aporte de 200 millones de pesos que serán enviados a la obra social “en la medida que presupuestaria y financieramente sea factible”.

La OSEP cuenta con unos 400.000 afiliados. Ese número la convierte en la más importante e influyente de la provincia. Se financia con 6 por ciento del aporte que realizan los empleados públicos, quienes, a su vez, no pueden renunciar a la obra social porque su funcionamiento es de naturaleza solidaria. Todos pagan para que  todos reciban atención, la necesiten o no. También todos los mendocinos, los ciudadanos comunes que pagan impuestos, a través del Estado destinan otro 6 por ciento  para su financiamiento. El 25 por ciento de aquellos 15.000 millones de pesos del presupuesto general va a parar al pago de los sueldos de los 3.700 empleados con que  cuenta el organismo. Otro 35 por ciento se destina a la compra de los medicamentos e insumos y otro 30 por ciento al pago de prestadores y proveedores. Aquellos 2.250 millones de pesos del bono especial se emitieron, precisamente, para el pago de proveedores porque la plata no alcanzó.

Además del propio presupuesto de la OSEP, se debieron comprometer unos 1.000 millones de pesos más para salir a hacer frente el mayor gasto, de acuerdo con lo que  manifestó ayer Carlos Funes a LVDiez, el titular del organismo.

Es propio que, con la campaña lanzada, todo pueda ser magnificado. Pero también es cierto que el propio Gobierno debió prever las consecuencias de una situación que amenaza con irse de madres, más que por el impacto político, por los efectos en los afiliados y en la salud de quienes dependen de ella. Y, en medio de todo, y  como si se hubieran alineado los planetas a favor y en contra de todo, según de donde se vea la situación, el gobernador reveló ayer que debe ser operado por una  arritmia. Dijo que, por sugerencia de su médico, será intervenido en Buenos Aires y, de inmediato, aquella tormenta perfecta que según su mirada se abatió sobre la  OSEP, también se formó en su alrededor para afectarlo. Desde, supuestamente, uno de los hospitales públicos, el Lagomaggiore, circuló un escrito anónimo por el cual  se critica el estado de “colapso” de la salud en general y hacia el final se lee: “Él se va a operar a Buenos Aires usando los privilegios de los políticos, los privilegios de los que pueden pagar, los que pueden escapar a la tormenta perfecta de la OSEP. Un sistema de salud quebrado que ya no da más”, cierra el anónimo que circuló por  las redes y en los grupos de WhatsApp.

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