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18 de octubre de 2021
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Opinión

Mundos paralelos: los temores K versus el optimismo del oficialismo

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A poco menos de un mes del día más esperado por la política en el 2021, el oficialismo mendocino camina optimista y cree que aumentará el número de votos obtenido en las PASO de setiembre y que el frente en su conjunto logrará retener la mayor cantidad de adhesiones que consiguió la lista de los empresarios e independientes republicanos que compitieron con su propia lista, Cambia Ya. Esos casi 4 puntos los acercaría a una meta deseada y soñada de alcanzar el apoyo de la mitad de los mendocinos que vayan a sufragar el 14 de noviembre.

En el Frente de Todos, el esfuerzo y la concentración están puestos en mantener lo que se consiguió en setiembre, evitar las fugas de votos en los departamentos donde fueron con colectoras –como en Godoy Cruz, Guaymallén y San Martín– y achicar la brecha o revertir el resultado adverso que consiguieron en Maipú y San Rafael, históricos bastiones en manos del peronismo.

Recién hacia el fin de semana próximo, las consultoras que se han venido ocupando de relevar el pensamiento político, el clima y el humor social, más la intención de voto de los mendocinos, saldrán a realizar sus primeros trabajos de campo luego de las PASO. Sus responsables o quienes están al frente y conducen los equipos de trabajo intuyen que no habrá demasiados cambios. No ven indicios de grandes transformaciones del resultado de setiembre.

En los frentes, el clima y la sensación ante lo que se avecina, sin embargo, son inquietos. Con el arranque de la campaña, una semana atrás, comenzó también a crecer la ansiedad. Lo más trascendente está ocurriendo en la oposición. En sus filas se dejan ver los que se presentan como realistas, y eso los conduce a un estado de pesimismo considerable. “El peronismo está detonado y explotado por todos lados”, mascullan en los cafés estos últimos. Relevan datos de toda la provincia y observan que no hay fuerza para trabajar en la militancia. A eso le agregan, además, que los líderes territoriales y los de la primera línea de conducción del movimiento no han logrado inocular la fuerza y convicción necesarias de que pueden dar vuelta la historia o mantener, al menos, lo que se consiguió.

El ascenso de Martín Aveiro a la dirección de la campaña, en lugar del camporista Lucas Ilardo, tiene que ver con aquella necesidad de evitar las fugas. Aveiro, por sobre Ilardo, es quien tiene más posibilidades de conseguir éxito en la búsqueda de un acuerdo para intentar acercar a los molestos con la conducción partidaria y que fueron quienes armaron colectoras para expresar su fastidio, a sabiendas de que podrían ser derrotados. En algunos de esos departamentos, los ánimos quedaron demasiado caldeados, por lo que una figura del peronismo tradicional y ortodoxo como la del intendente de Tunuyán podría calmar las heridas, restañarlas y minimizar un efecto dañino mayor.

El panorama preelectoral para noviembre es mucho más complicado que el que avizoraban para la elección de setiembre. Ahora corren con el clima adverso de ese resultado. Pero, para las PASO, el Frente de Todos local imaginaba una influencia positiva de la gestión de Alberto Fernández. Tanto es así que el mensaje de campaña pasaba, además de por el carnaval prometido –por la famosa canción que inauguró los primeros spots–, por dar la sensación e imagen de que entre el perokirchnerismo mendocino y el cuarto gobierno kirchnerista nacional sólo existía un ducto sin interferencias por donde discurrirían sólo beneficios para Mendoza. En cambio, el mensaje que ha puesto a consideración en la reanudación de la campaña se aleja todo lo más posible de la Nación, del presidente y de la poderosa vice, Cristina Fernández de Kirchner, y le apunta a lo que considera son los puntos débiles de un estilo de conducción institucional de la provincia, que arrancó con Cornejo y que se ha extendido con Suarez: la deuda, la situación de la Obra Social de Empleados Públicos (OSEP), la inseguridad, la ausencia de inversión pública y el estancamiento económico son los nuevos ejes. Nada, por ahora, que los vincule con la gestión nacional.

Todo está en discusión en la principal oposición mendocina. Todavía hoy, algunos siguen planteando en ciertos ámbitos reservados y cerrados los errores que varios meses atrás habían advertido que el peronismo podía llegar a cometer. Claro que, con el resultado puesto de las PASO, los casi 18 puntos de diferencia que les sacó el oficialismo y ese magro 25 por ciento obtenido (al nivel del piso histórico), a los críticos internos les resulta mucho más vívido y menos complejo señalarlos. Uno de los errores estratégicos resultó ser la incorporación del histriónico José Luis Ramón. No fueron pocos los que en los análisis previos y cuando el armado de las listas se encontraba en estado embrionario expresaban sus temores. Más tarde, los mismos se cristalizarían: Ramón no sólo no les sumó nada, sino que hasta les hizo perder algunos puñados de votos en el primer distrito.

La tensión interna en el peronismo se reparte entre estos pesimistas o realistas, como se describen así mismos, y los que entienden que no todo está perdido, que hay que esperar el resultado del 14 de noviembre y que no una, sino muchas veces, al peronismo se lo dio por terminado y al final ha sorprendido. Dicen también que dentro del movimiento hay quienes están jugando a perder y que apuestan por perder, creyendo que con eso ganarán espacio interno para cuando comience una nueva, necesaria y obligada reconfiguración partidaria. El porcentaje de votos que alcance en noviembre será la clave y, entre ellos, un número que nadie, ni siquiera los más pesimistas ni realistas, quiere imaginar ni pensar: que sea menor que el de setiembre.

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