access_time 07:30
|
10 de septiembre de 2021
|
|
Opinión

Mendoza: sin tiempo para huir del fracaso

https://elsol-compress-release.s3-accelerate.amazonaws.com/images/large/1625695228291centro%20(10).jpg

Quizás haga falta sinceridad, franqueza, simpleza para decir las cosas y mucha firmeza para convocar a un pacto o a un acuerdo que permita comenzar a resolver los mínimos problemas que se padecen en la Argentina y en Mendoza. Pero, por sobre todas las cosas, quizás lo que más haga falta sea la convicción para para ir por ello, porque si algo parece estar bien claro para la sociedad, es que quienes hoy están gobernando fallan como fallaron antes e insisten, como insistieron antes, en aplicar las mismas recetas para un problema descomunal que los ha sobrepasado. Que siempre los sobrepasó porque les quedó infinitamente grande para lo que pueden hacer.

Que un pacto similar al que los españoles firmaron en la Moncloa, que acuerdo social y económico, que bases para una Argentina grande, justa, solidaria, en desarrollo y en crecimiento o lo que sea y llámenlo como quieran, lo cierto es que la situación ya no da para más chambonadas. No hay espacio ni tiempo, porque a millones de argentinos se les acabó la esperanza. Sus miradas lucen vacías y grises. El año largo de pandemia los terminó acabando, liquidando. Sus pequeños negocios se fundieron, sus trabajos se fulminaron, sus hijos dejaron de recibir la mínima educación y formación que recibían y más de la mitad del país, la que ellos representan, se hundió en la pobreza.

¿De verdad creen estar cuerdos si al caminar el país o la provincia como lo han hecho en estos días no se dieron cuenta de que se ha tocado fondo? Y si eso no lo han visto por la razón que fuese, una pregunta válida es que definan y describan lo que es en verdad el fondo de los fondos, ese que cuando se llega y se toca no permite seguir bajando porque se trata del límite mismo de todas las cosas. Lo que muchos están sintiendo en el mismo momento en que se escucha o se lee esto.

Si no es posible que la Argentina llegue a un mínimo acuerdo porque quien habla de unidad detrás de los objetivos a vencer no da garantías, en este caso, Cristina Fernández de Kirchner, y quien debiese formar parte necesaria del pacto no se está viendo adentro, porque además no se siente ni se ha sentido invitado, para el caso la oposición misma; si el país es incapaz de dialogar porque su dirigencia se ha encerrado bajo siete llaves a defender una ideología dogmática y extrema; si entre quienes sostienen y están convencidos de que la única salida posible es cerrar las fronteras del país creyendo que se puede vivir con lo puesto, aumentando el gasto a niveles siderales sin que se sustente en la creación proporcional de riqueza y quienes se oponen a eso porque aquello otro se encuentra en las antípodas de lo piensan y defienden; si en la Argentina ya no se puede imaginar un nuevo contrato social amplio porque quien lo debiera convocar –el oficialismo en la administración del Estado–, sólo da señales de llevar adelante meras imposiciones y porque desde que se radicalizara, hacia mediados de la segunda década del milenio, sólo se empeñara en conseguir el sometimiento absoluto a un sistema monocolor, no queda más que ensayar en Mendoza un mínimo de sensatez, civilidad y responsabilidad.

No lo hizo el kirchnerismo de los primeros doce años ni tampoco lo está haciendo hoy otra vez en el gobierno de la Nación; tampoco lo hizo Mauricio Macri en sus cuatro años cuando una buena parte de sus socios en el Ejecutivo, el ala más política de todos que conformaban la coalición, algunos peronistas republicanos como Emilio Monzó, otros peronistas y desarrollistas como Rogelio Frigerio, radicales como Ernesto Sanz y Alfredo Cornejo le sugerían que convocara a la conformación de una mesa de análisis y discusión de los problemas en la que todos debiesen estar representados. Resultaron ser oportunidades perdidas que se suman, como capas geológicas a las tantas oportunidades que se terminaron arruinando por la incapacidad y también miopía de los que debían señalar el camino. Tras el proceso electoral, hacia fines de año, el gobierno de Rodolfo Suarez debiese explorar la búsqueda de un ámbito heterogéneo y multipartidario para orientar la atención y la energía de su gobierno en los últimos dos años de gestión, para que, al menos, en los dos o tres temas centrales irresueltos, hallar un mecanismo libre de sospechas y de grietas, para reencaminar el barco. Mendoza no puede quedarse con la duda, en este momento tan particular del país, de intentar elevar la mira y levantar una vara que podría convertirse en un posible ejemplo nacional.

El CEAS, ese consejo creado para pensar la Mendoza de los próximos 15 o 20 años, podría ser la base misma del pacto político que obligadamente necesita la provincia. Cuando en medio del fragote alocado de una discusión sin rumbo que se da cita en la Argentina de estos tiempos entre populismo y república, sin un representante en cada una de las bandas que se ocupe de pensar con frialdad y aconsejar, con autoridad y ascendencia, parar la pelota, alguien osa o se le da por sugerir imitar el ejemplo español de fines de los 70, con ese pacto posfranquismo que les permitió a los ibéricos levantar la cabeza, tomar oxígeno, salvarse y orientar el país hacia una recuperación vigorosa no sólo económica, sino social y cultural, cuando menos es tratado de ingenuo y de no comprender la realidad argentina con lo que sucedía en aquella España que comenzaba a democratizar Adolfo Suárez.

Está claro que no se trata de lo mismo. Pero lo que nunca va a cambiar cuando por cualquier razón o circunstancia facciones tan antagónicas deben sí o sí acordar un mínimo de medidas para evitar el colapso de ambas, lo que subyace es la audacia, la valentía. La España que obligó al Pacto de la Moncloa era una mar de sufrimientos para su gente: inflación de más de 40 por ciento, desempleo desbocado, inactividad económica, un déficit incontrolable y ventas al exterior que sólo cubrían un poco más de 40 por ciento de las importaciones. Si Argentina no se permite buscar un acuerdo de esa naturaleza, donde todos resignen algo, Mendoza no puede ir detrás de esa suerte en la Nación; al menos tiene que recortar algunos daños. No puede caer condenada a la locura sin salida y al ostracismo, al atraso y al ocaso al que la llevan sólo un grupo dirigentes irracionales que lo único que han demostrado es fracasar con absoluto éxito.

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.