access_time 07:41
|
28 de julio de 2021
|
|
Opinión

Lejos, muy lejos de la fibra íntima

https://elsol-compress-release.s3-accelerate.amazonaws.com/images/large/1624321795488Coronavirus%20Mendoza%20centro%20(8).jpg

¿Con qué motivaciones irá o podrá ir a votar la gente en las legislativas que se avecinan? ¿Para qué y por qué se parará frente a las boletas de candidatos, además de hacerlo para cumplir con una obligación cívica? ¿Qué se buscará, en definitiva? ¿Qué se intentará cambiar o qué cosas se irán a defender?

Todas las elecciones configuran un enigma previo. Una vez que se conocen los resultados –con todos los mensajes y señales que salen a la luz–, comienza el período de las acciones concretas; es lo que se espera, al menos. Percibir de antemano lo que va a ocurrir es una tarea de clarividentes. Y el político, aún más el candidato, debe contar con alguna capacidad, mucha o poca, no importa, de poder mirar más allá que el resto. Se trata, más que nada, para la mayoría de los casos y en especial para aquellos que alimentan expectativas a lo grande, de una condición de cumplimiento obligatorio.

Además de la necesidad y del anhelo colectivo de que las cosas funcionen como corresponde, con normalidad, y que uno pueda vivir con la menor cantidad de angustias posibles, teniendo por delante un camino previsible por donde se transite sin sobresaltos, hay una demanda de respuestas, de premios y castigos para evitar que lo que está funcionando mal, como la ausencia de respuestas por parte del Estado, se termine naturalizando.

Y hay mucha gente, más de la que cualquiera podría imaginar, que está con la mente en otro lado al de la agenda institucionalizada, a la de los medios, a la de los gobiernos, a la de los políticos y a la del poder, en definitiva. La impotencia y la resignación enquistada en nosotros, han ganado terreno a una velocidad inusitada desde que la pandemia se apoderó de estas latitudes.

Pocos días atrás –mañana se estaría cumpliendo una semana del hecho–, el jefe de una de las especialidades médicas que se presta en el Hospital Central fue atacado de una forma casi demencial por un paciente que, fuera de sí y reclamando irracionalmente por atención, se le abalanzó por sorpresa, le quitó el barbijo para reconocerlo y amenazarlo con matarlo en la calle, y luego de escupirlo le partió la nariz de un cabezazo. El profesional, de larga trayectoria y con un doctorado realizado en Europa, quedó tendido en el piso, desmayado y ensangrentado de arriba abajo.

El atacante puedo ser detenido en el exterior del hospital, luego de haber bajado varios pisos por la escalera corriendo y cuando ya había ganado la calle Alem, intentando escapar del hecho. Fue descrito como una persona de características violentas, ofensivo y amenazante, que había sido tratado días atrás por un traumatismo y una dolencia diferente de la del COVID. Una persona con empleo en el Estado, con un puesto de chofer en el Vacunatorio Central de la provincia.

El médico se recupera por estos días y probablemente deba ser intervenido quirúrgicamente para recomponerle la nariz. Situaciones como esta, aunque en su mayoría y por suerte menos violentas, suceden a menudo en los hospitales y clínicas de la provincia. No hay sistema de seguridad que pueda contenerlas y prevenirlas, afirman, en particular, en el Central, en donde todo funciona mejor que en otros efectores públicos y privados.

Las respuestas oficiales también son parecidas: un poco de contención a los afectados inmediatamente suceden las trifulcas, no mucho más, y en todas ellas una oportunidad para sacar provecho de ellas, capitalizarlas y especular con objetivos políticos y/o gremiales por parte de las dirigencias críticas a las conducciones de estos establecimientos en particular, o del funcionarato vinculado con el área de la alud del Gobierno.

El colmo lo pudo haber protagonizado el gremio que representa al profesional cuando fue a pedirle el guardapolvo blanco manchado con sangre por efecto de la golpiza que recibió, para llevarlo al cuarto piso de la Casa de Gobierno –donde tiene sede la Gobernación–, y mostrarlo como la “bandera de guerra” en la cruzada que tiene con la administración por los aumentos salariales que reclaman.

Hay más. Promediando mayo, un matrimonio de mediana edad, se contagió de coronavirus. La mujer murió durante ese mes y su esposo en los primeros días de junio. Como se sabe y como ordena el protocolo impuesto en todo el mundo por efecto de la pandemia, ambos murieron solos. Siempre afuera y sin poder despedirse, los hijos de la pareja y familiares más cercanos. Luego del desenlace no querido, y al momento de pedir las pertenencias que tuvo el hombre, particularmente, dentro de la habitación, a los hijos no se les entregó nada. Se “perdieron” la ropa, la billetera del señor y su celular, les dieron como respuesta.

“Todos tenemos un celular y el de mi padre era medianamente bueno; tendría un costo de unos 50 o 60 mil pesos. Pero el punto es que con el aparato se fueron fotos y recuerdos de la familia. Ni eso nos dejaron”, contó uno de los hijos del matrimonio, en medio de un mar de impotencia y desesperanza. Los deudos de este señor sospechan, incluso, que cuando fue trasladado de Terapia Intermedia a la Intensiva, sedado, quienes lo atendían pudieron usar sus huellas dactilares para desbloquear el aparato e ingresar a sus cuentas.

El episodio sucedió en una de las clínicas privadas del Gran Mendoza, la que se ha desentendido absolutamente del asunto, como si no importaran ya las denuncias, los escraches y una acción de la Justicia que le podría caer por lo que allí está sucediendo a menudo.

¿Qué puede hacer la política por estos asuntos, lamentablemente cotidianos, algunos más regulares que otros y en su mayoría naturalizados? Quizás nada, mucho o poco. Lo que cuenta es que el común de los mortales, los que irán a votar en setiembre y noviembre, no navegan en las cuestiones de la ideología política que motiva las discusiones entre los candidatos, le escapan a la sobreinformación y a todo lo que mueve el micro mundo del círculo rojo y a los intereses que allí se defienden.

Allí abajo, afuera de las cuestiones que embriagan a unos pocos, hay impotencia, desgano, desesperanza, poca confianza y mucho descreimiento. Aquellos candidatos que logren ingresarle a la fibra íntima de estas personas, tendrán buena parte de la campaña lograda y, quizás, también de sus objetivos.

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.