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18 de julio de 2021
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Columna

La traición de Silvio Rodríguez

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La era está pariendo un corazón
No puede más, se muere de dolor
Y hay que acudir corriendo
Pues se cae el porvenir.

Silvio Rodríguez.

Caramelos en la vidriera.

Caramelos que son la alegría de todos los nenes del mundo. Bueno, de todos no. Los nenitos cubanos, pegados a las vidrieras de las tiendas para turistas sólo lloran. No tienen los ojos bien abiertos de cuando se abre el envoltorio, el ruido del papelito, la elección del gusto. Los salarios en pesos cubanos, los productos en dólares hacen que las golosinas sean Rolex de oro para los habitantes de la isla. Fue tanta la desazón entre los nenes cubanos que las madres debieron pedirle al gobierno que sacara los caramelos de las vidrieras.

No, no es una invención. Es real. Pero como es Cuba, todo siempre tiende a empeorar.

Cuando se enteró de esto, el artista Luis Manuel Otero Alcántara pensó en su niñez, en las carencias, en todo lo que les falta. Y decidió una respuesta artística. Enormes cartelones que en su ingenuidad denunciaban la maldad del régimen. El paquete de pastillas M&M, la etiqueta con el conejito de Nesquik, los nenes cubanos pobres de toda pobreza mirando extasiados la tradicional caja de Chiclet’s. Esa fue la obra que creó Luis: “Golosinas sin salivas”. Los envoltorios de las golosinas en grandes paneles.

Alcántara consiguió mediante donaciones comprar golosinas para los chicos de su barrio habanero. Y salió a repartirlos con su amigo, el payaso “Desparpajo”. ¿Resultado? La dictadura encarceló al payaso.

Nada de esto levantó casi la solidaridad de artistas latinoamericanos. Ninguna escuela de Bellas Artes de Argentina, ninguno de los popes de la plástica del país dijo una sola palabra.

Otero Alcántara es el líder de la agrupación San Isidro, colectivo de artistas que cataliza el germen de la nueva revolución cubana, no mereció ni un saludo por parte de artistas argentinos, tan afectos a cartelitos de denuncia.

Luis Manuel casi muere en una huelga de hambre y fue encarcelado tantas veces que es difícil llevar la cuenta.

  • En 2017 “por posesión ilícita de material de construcción”.
  • En 2019 por no respetar la ley que dice cómo hay que llevar la bandera cubana y ponérsela sobre los hombros.
  • En marzo de 2020 por protestar frente al Instituto de Radio y Televisión Cubano por la censura que habían aplicado sobre una escena de dos hombres besándose en televisión.

En abril se ubicó Luis Manuel durante horas, todos los días, en una silla de tortura atado de pies y manos en la puerta de su casa. “Garrote Vil” se llamaba la obra como protesta por la cámara de seguridad que la dictadura le puso enfocando directamente a su puerta.

¿Resultado? La dictadura entró a su humildísima casa que se cae a pedazos como todas las casas de quienes no son funcionarios de alto rango, al grito de “¡Que viva la revolución! ¡Que viva Fidel!”, destrozaron las obras de las golosinas y se llevaron el garrote vil y al artista.

En este domingo de sol y frío argentino, Luis Manuel Otero Alcántara está siendo trasladado desde el Centro Penitenciario VIVAC a la temible prisión de Guanajuay, acusado de resistencia y desacato. 

Su nombre es uno más de los 456 de personas que han sido detenidas y/o se encuentran desaparecidas. Las organizaciones de derechos humanos internacionales, como Amnesty y Human Rights Watch lo están denunciando. Las organizaciones de derechos humanos argentinos, no.

Si no creyera en quien me escucha
Si no creyera en lo que duele
Si no creyera en lo que quede
Si no creyera en lo que lucha.

Silvio Rodríguez

A un artista lo muelen a palos ¿qué tiene que ver un embargo comercial con eso? ¿Por qué Cuba no puede hacer sus propios caramelos? ¿Cómo es que el publicitado faro de la educación y la salud no puede darle a sus niños ni la mínima alegría de una pastillita como las M&M, así se llamen “Soberana de Chocolate”? 

Por el embargo, claro.

Es la respuesta por default, la que argumenta la pareja de Fabiola, el canciller Phill Alone, el dictador cubano Díaz Canel y la caterva de justificadores seriales, como el Licenciado en Relaciones Internacionales, becario doctoral del Conicet e investigador del IELAC-UBA, Mariano del Pópolo, de instantánea popularidad esta semana cuando intentó explicarle por televisión a un sufrido cubano que en la isla no hay hambre y nadie vive en la calle, pese a que el muchacho le decía que bajo su ventana hubo viviendo dos personas que finalmente murieron abandonadas.

El embargo es lo que blanden como justificación de la miseria y la represión los sindicatos argentinos -incluso los de prensa que no podrían vivir bajo aquél régimen a menos que ¡ups! fuesen serviles al poder- y hasta el carcamán del cooperativismo, el millonario autopercibido buena gente, Carlos Heller que muy de cuerpito gentil, en Zoom con otros carcamanes del continente, pontificó felicitando a los dictadores caribeños: “En nombre de quienes integramos este bloque del Frente de Todos de diputados y senadores de la República Argentina nuestra absoluta solidaridad, nuestro compromiso inquebrantable con el pueblo cubano y una vez mas, seguramente 'Patria o muerte. ¡Venceremos!' será la forma en que celebraremos esta otra batalla ética que los cubanos enfrentan”.

El embargo existe desde 1960 y sin dudas ha sido una complicación para la vida comercial de la isla, aunque para aceptarlo hay que reconocer la paradoja que un sistema cerrado culpe de sus penas a la falta de abertura.

El pueblo cubano, el que no come, hoy no considera al embargo su principal problema. Alcanza con hablar con ellos, en los raros momentos en que el régimen no les prohíbe la comunicación, para entenderlo.

Si el problema son las restricciones externas ¿cómo es que el régimen dispone ahora que los viajeros que lleguen pueden entrar con... jabones? Entonces ¿no es por culpa de los pérfidos yanquis que la juventud cubana entrega su sexo por jabones o desodorantes? ¿Son medidas de las autoridades de la isla?

¡Pero si Heller dice que coso!

Recién ahora las autoridades del partido permiten que se entre con papel higiénico a Cuba. Tenían el culo muy sucio.

En 1894 la isla produjo un millón de toneladas de azúcar.

En 2018, la isla produjo un millón de toneladas de azúcar.

En 1894 había 500 ingenios, en general de pequeños propietarios que trabajaban sus fincas.

En 2021 quedan 50.

124 años de estancamiento. ¿De verdad la culpa la tiene Estados Unidos?

Cuarenta mil toneladas de azúcar francés llegaron a Cuba en 2018. Sí. Cuba, que fue el paraíso dulce, no pudo ni producir el azúcar que consumió y tuvo que comprarlo a Francia. Los cubanos dijeron que el francés era de mucha mejor calidad. Por eso pintar un cuadro con la cara de la negrita de Sugus es subversivo.

Hasta principios de la década del ’90 hubo algo de bonhomía, cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas compraba la producción para mantener la vidriera socialista, la isla de la fantasía que justificaba cualquier atrocidad.

El Estado es el único comprador de la producción de los campesinos. A un precio ridículo. Tanto que ni conviene producir. Por eso quien trabaja un pedazo de tierra apenas siembra como para venderle al Estado y un poquito más para venderle a los privados, pero siempre de contrabando, pagando coimas para que no lo delaten y sin poder hacer una diferencia de dinero. Primero, porque no podría usarlo, sería casi como auto incriminarse y segundo porque nadie tiene dinero.

No hay trabajadores que no le vendan muy baratos sus servicios o productos al Estado o que no cobren su miserable sueldo de él. Excepto quienes trabajan con turistas, los mecenas de la higiene en la isla.

Lo que siembres, lo que crees, lo que produzcas, está siempre sujeto a los humores del Estado que en este caso es una casta de viejos privilegiados, marrulleros lagartos nonagenarios que basan su poder en un intrincado juego de corrupción, peajes, permisos y reglamentaciones siempre a su favor.

Tu casa no es tu casa. Tus playas no son tus playas. Tu vida no es tu vida.

No sólo los autos han quedados inmovilizados en Cuba en el año 1959. La vida no siguió ocurriendo en las calles de la isla. Por eso continúa siendo una sociedad homofóbica y racista estancada en el tiempo. ¿O alguien ha visto a un negro en puestos importantes dentro del partido? ¿O alguien abiertamente homosexual puede conseguir un lugar de relevancia en el organigrama estatal?

El periodista Luis Rondón Paz consiguió en Canadá estatus de perseguido político por periodista y por homosexual. No hay que olvidar que la isla fue -junto con la Alemania nazi y la Chechenia soviética- de los pocos lugares en el mundo donde hubo campos de concentración para gays. Con la foto del Che. Ninguna organización de defensa de los derechos de minorías sexuales argentinas dice nada al respecto.

Carlos Lechuga es director de cine en la isla, con un recorrido muy productivo. Por supuesto ha sufrido el acoso y la censura de la Seguridad del Estado, con agentes parados en su puerta durante días. Encabezó ahora la ruptura de un grupo importante de artistas e intelectuales con la histórica Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y otras organizaciones oficiales. En su Facebook escribió: “Mataron, secuestraron, fueron casa por casa a recoger a la gente. (…) El pueblo cubano una vez más tiene que aguantar que cualquier izquierdoso de mierda que se ha pasado tres días acá con un coco en el mano vacilando a nuestras mulatas piense que todo es una mentira. Que el gobierno es la víctima, que el pueblo delira. La izquierda latinoamericana que enjuicia al colonialismo es muy colonialista con su percepción de la isla. Cuando un “amigo de Cuba” dice que hay que resistir, que tenemos que seguir siendo la luz de América Latina mientras se come un churrasco, está apretando el gatillo contra el pueblo cubano. Estamos solos. Apártense a un lado y déjennos contar nuestra historia”. Nada de esto es nuevo.

Reynaldo Arenas, el escritor gay que fue encarcelado y torturado y finalmente pudo escapar de la isla ya lo contó en 1990 en “Antes que anochezca”. Nadie lo escuchó. La intelectualidad latinoamericana miró para otro lado.

Siempre me pregunté cómo es eso de los turistas que fueron a la isla en plan “voy a ver cómo funciona el socialismo” y no volvieron horrorizados por los cubanos convertidos en miserables mendicantes de papel higiénico, biromes, cuadernos. No les hizo ruido que turistas y lugareños no pudieran compartir boutiques, hoteles o playas. Simplemente, aprovecharon su privilegio, les dijeron a los locales “aguanten” y se volvieron con habanos y botellas de ron.

La revolución se hizo para sacar de la isla kilómetros y kilómetros de lujosos casinos con prostitutas. Sacaron el lujo. Quedaron las prostitutas.

Esta nota se llama “La traición de Silvio Rodríguez” no sólo porque el cubano más famoso de las últimas décadas es uno de los mayores recalcitrantes zalameros de la dictadura, sin mostrar jamás una mirada compasiva hacia los sufrimientos de su pueblo, siendo que siempre gozó de los privilegios del régimen.

Si no, también, porque traicionó efectivamente a un amigo y compañero, en nombre de los altos ideales de la revolución.

Mike Porcel es uno de los fundadores de la Nueva Trova cubana, grupo del que tanto conocemos a “Silvio y Pablo”. Mike es, siempre ha sido, intrépido, creativo, talentoso. En 1978 ganó el Festival Mundial de la juventud y los estudiantes, cuando su canción “En busca de una nueva flor” se impuso sobre las otras 262 candidatas. Pero en 1980 tuvo la mala suerte de no coincidir con los lineamientos del partido. Fue prohibido y borrado de la escena musical. Intentó irse de la isla en el famoso “éxodo de los marielitos” de 1980 pero el régimen no sólo no iba a permitir que un talento al que había premiado se fuese del país. Además, debía aplastarlo.

Eso fue lo que hicieron una noche. La turba, encabezada por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y otras estrellas, apedrearon la casa de Mike, le gritaron y lo insultaron y le tiraron por debajo de la puerta una misiva injuriosa y ofensiva.

A partir de ahí, Mike tuvo un larguísimo desierto de ostracismo en la isla. Cuando lo veían por la calle, se cruzaban de vereda. Su música desapareció, fue perseguido y humillado por el régimen de todas las maneras posibles. Fue separado de su esposa e hijo. Sobrevivió malamente tocando el órgano en una iglesia. Recién 9 años después, gracias a Naciones Unidas pudo dejar la isla.

Este año se estrenó el documental “Sueños al Pairo”, prohibido en Cuba, en donde se cuenta su historia. Para el filme, ni Silvio Rodríguez -que apenas dio una excusa torpe en su blog- ni Pablo Milanés quisieron prestar su testimonio.

En el colmo de cinismo, el que soñaba con serpientes escribió en estos días en su blog: "Ni uno solo de los artistas que se pronuncian contra la violencia se ha desmarcado de la revolución. NI UNO. Sin embargo la prensa opositora (el 95% de la que habla de Cuba) se los apropia como si declararse al lado del pueblo y contra la violencia fuera negar la revolución".

O sea, ser molido a palos por la revolución es estar a favor de la revolución. Ni para conseguir señal con la parabólica humana hay que hacer tanto malabarismo corporal.

Su hijo, la estrella del hip hop, Silvito el Libre, desde Tampa, Estados Unidos donde vive tuiteó “Tropas venezolanas al servicio de @NicolasMaduro están en Cuba reprimiendo al pueblo Cubano junto a la policía. Y los boinas negras de @DiazCanelB se reportan muchos muertos y desaparecidos incluyendo #Niños #abajoelcomunismo #LibertadParaCuba #LibertadParaVenezuela”.

Las organizaciones sociales, las iglesias, las artes, la literatura, el turismo, las ciencias, el empresariado nacional, los medios de comunicación, todos en Argentina han contribuido de alguna manera a romantizar el sistema de castas cubano. Por eso su caída también los hará tambalear a ellos.

Ningún latinoamericano será igual cuando caiga su dictadura más antigua.

Ese sabor amargo en la última olla popular es del unicornio azul. La era, lo dijo Silvio, está pariendo un corazón.

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