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31 de julio de 2022
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Columna

La semana en llamas

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El desembarco. Ilustración: Bernardo Erlich.

Nota de Osvaldo: Me van a disculpar, pero esta semana estamos todos quemados así que no esperen una columna como las habituales. Estamos estallados de absurdo. A los hechos me remito. 

El jueves pasado, único día que hacía falta una voz oficial porque el Portón Verde todavía no habla, se suspendió la conferencia de prensa de todos los jueves en donde la población se entera de todo lo que no es cierto.

Parece que la Ministra de la Verdad se ganó finalmente el consolador en el concurso de Instagram, que era su mayor desvelo y pelito pa’la vieja, si te he visto no me acuerdo. Lo cierto es que no apareció por los lugares que solía frecuentar y no había a quien preguntarle si alguno de todos esos rumores que comentaban por la tele después del nervioso cartel de “urgente” eran ciertos, o eran intentos de unos cuántos colegas por ver de qué manera podrían cambiar el auto en los próximos días.

Por eso, ante la ausencia de cualquier tipo de información, acá vengo yo a contar todo lo que pasó. No me interrumpan que traigo el puño lleno de verdades.

Todas mis fuentes son absolutamente confiables.

Son Pirex, que es marca.

Sí, en joda, porque cuesta tomarse el absurdo en serio.

Bueno, todo empieza cuando la Excelentísima recibió en su departamento de Recoleta un paquete muy monono de cinco trajes a rayas para que se pruebe, marca “Luciani”. No le iba ninguno. Le tiraban de sisa o no le prendían los botones. La explosión de ira se escuchó en todo el edificio. La vecina del 6º contó que el insulto fue “Rapanuí y la recalcada Concepción del Uruguay”, pero tal especie no pudo ser confirmada y ya sabemos que la señora de arriba es muy malvada y goza con las desventuras de su vecina del quinto.

Mientras tanto, en Washington la griega fugaz que creía que era ministra de Economía estaba en éxtasis: en el Apple store de Georgetown le habían aceptado los dólares de cara chica y se pudo comprar una cubierta rosita para su teléfono, con unas hermosas hemorroides en crochet que le hacían juego con su guayabera verde flúo de motivos incaicos.

Lo que nadie contó hasta ahora es que la ministra fue nombrada por error. Resulta que cuando a la pareja de Fabiola le preguntaron a quién quería en ese puesto, estaba buscando el teléfono de la Xipolitaquis y bueno, griega por griega, en el apuro, se confundió.

Claro, la Excelentísima no termina de entender por qué si después de haber presentado a Guzmán como la salvación de la patria; si después de haber estado sólo un año y medio empujándolo para que renuncie, el traidor ¿no va que renuncia y todo? La gente es mala, la Excelentísima es demasiado buena, eso es; les ofrece la mano y le piden los cuatro millones que cobra por mes de jubilación.

Así no se puede.

¿Cómo se podía imaginar que con un año y medio de bullying el ministro se iba a ir? Sus testaferros aguantaron mucho más -golpes incluidos- pero cada vez vienen más flojos los colaboradores.

Lo cierto es que Guzmán le renunció y le armó flor de lío.

Dicen que ella lo llamó y le dijo: “Tontito, no era para tanto”. Pero no hubo caso. Guzmán se fue aplaudido del Ministerio de Economía por toda gente que seguramente consigue cara grande sin problemas y se juntó con su amigo, el capo de Syngenta, porque cuentas claras conservan la amistad.

En sólo 24 días, la ministra del oufit más rebelde de los últimos años consiguió subir el riesgo país de 2374 a 2976 puntos; y el dólar blue -que no le importa a nadie como dijo la Ministra de la Verdad- subió 111 pesos, de $239 a $350. Tanto no le importa a nadie que parece que no tuvo nada que ver en la inflación de 8 puntos de julio que hasta opacó a los memes de Julio Iglesias.

Un éxito atrás de otro y si hay algún mal pensado que insinúe que alguna ayudita para su mala suerte vino de adentro mismo de la coalición gobernante es porque la gente es mala y comenta.

Y conoce demasiado bien a los bueyes con los que ara.

Mientras tanto, casi no quedan argentinos con la cola limpia porque en muchos negocios están vendiendo 1 papel higiénico por persona. Nunca fue tan apreciado como en estos días el maravilloso sanitario tan usado en nuestro país y por cuya falta sufría Guillermo Francella en “Un argentino en Nueva York”. Cuánto peor sería nuestra crisis celulosa sin la higiénica costumbre del bidet.

Lo cierto es que la ministra puesta como prenda de unidad que tenía el apoyo de los distintos segmentos de la coalición (escribí “distintos segmentos que conforman la coalición”, ¿ya soy un analista serio de esos que todos los domingos dicen cosas como estas pero creyéndosela y que terminan invitados a los cócteles del círculo rojísimo?), finalmente cumplió su cometido. Puso a “los distintos segmentos que conforman la coalición” de acuerdo: “¡Que se vaya!¡Que agarre sus cositas y se vaya!”, gritaron a coro los de La Cámpora, los de la Excelentísima, los del Albertismo (bueh), los de la UIA, las organizaciones sociales que están con el Gobierno, las organizaciones sociales que están con el Gobierno pero no tanto, las organizaciones sociales que están con el Gobierno a veces sí a veces no, y las organizaciones sociales que no están pero por las dudas dejan el CBU.

Es cierto, nadie dijo de Batakis que viniera a traer volumen político ni mucho menos gran manejo técnico. Lo último que nos acordábamos de ella es que había dejado el 10 de diciembre del ‘15 a la provincia de Buenos Aires sin un peso para pagar el aguinaldo. Ser el plan D no es muy halagador, pese a que las sororas progres saltaron de alegría y remarcaron el hecho magistral de tener ministra y viceministra mujeres. Eso sí, el griterío del nombramiento se equilibró con el silencio de la bardeada machirula de parte de los compañeros peronistas, que sin andar preocupándose en cuestiones de género le metieron flor de patada a las economistas y a otra cosa mariposa. Tan confundidas andan las chicas que no saben si la renuncia de Pollera es un tema de género o no.

Los rumores fueron el aire de la semana.

No pasó un día sin miles de rumores.

De hecho, mirando todos al piso porque nadie quiere ser considerado golpista decían: “¿Y el presidente? ¿Llegará a cortar el pan dulce?”.

Por suerte, Cabecita de Sarlo puso las cosas en su lugar. Con su lugar destacado en la televisión nocturna reconoció: “Sacar a Alberto Fernández para que quede Cristina Kirchner sería una pesadilla”. Claro, no dijo nada sobre que la verdadera pesadilla no es sacarlo sino haberlo puesto.

Y, sí.

Ella ayudó a ponerlo pensando que Alberto no iba a rifar su carrera política en manos de Cristina, así que, violín en bolsa. Al final, la rifó y encima nosotros nos quedamos con todos los números.

Los otros que aparecieron fueron los gobernadores peronistas, ese simpático grupo de bribones levemente escolarizados, todos juntos con su grito de guerra: “¡Con la mía no te metas!”.

El presidente, para que nadie se enoje, los invitó a comer unos bifes a la Rosada. Los bifes se los comió él. Los invitados llegaron y le dijeron “ya comimos”. Alberto hizo pucheritos y dijo; “Pero si tengo la plancha caliente”. No los conmovió, gente sin corazón. Eso sí, Alicia Kirchner, la única mujer del grupo, vaya responsabilidad sorora, sacó el tupper y dijo “si no los van a comer, me los llevo, que allá en el sur son más caros”.

Como las desgracias nunca vienen solas, a STAR Plus se le ocurrió estrenar una miniserie destrozando ese maravilloso libro de ficción que es “Santa Evita”. Creyeron que era un documental y que el “Santa” no era, como es, una broma maliciosa de Tomás Eloy Martínez.

El que estaba como loco era Juan Grabuá, que se puso a gritar como un nene al que le sacan el juguete -tranquilo Grabuá, no parece que te vayan a quitar la caja de 70 mil millones del Fondo para la Integración Socio Urbana que maneja tu Movimiento de Trabajadores Excluidos a través de la dirigente Fernanda Miño-. Rojo quedó el muchacho del Colegio Godspell de San Isidro y se mandó la bravuconada de “para eso te pusimos, Alberto Fernández” y habló de sangre y saqueos. Su amigo el Papa no dijo una palabra porque se fue a una fiesta de disfraces en Canadá. Hizo furor con su traje de Ahorra Grande, Aurora Gründig. En el medio, aparecieron unos audios hermosos entre dos dirigentes de la Corriente Clasista y Combativa, Paula y Julia: el audio es real, se difundió por varios canales de televisión:

Julia: Viene la cana, tengo una oficina de Anticorrupción de San Martín, vienen a joderme acá a mi casa.

Paula: Sí, me dijo Nico... y oíme una cosa... el tema sería... porque yo lo que quiero demorar es... que no te saquen el celu. ¿Tenés alguna forma de meterlo en algún lado y tirarlo a la mierda? Por las dudas, porque con el WhatsApp, todo...deciles que te banquen un segundito, que te estás vistiendo... igualmente, si tenés que abrir la puerta, abrila. Antes que te la tiren abajo...Papeles de la CCC, cosas así de altas y bajas, ¿todo eso tenés?

Julia: Yo lo que tengo es plata, toda la plata de la CCC. Tengo... la puta que lo parió... tengo la plata de nacional y de la zona. Me da una bronca terrible porque es la plata que usamos para los viajes, para todo eso. Acomodada en cajas, tampoco la tengo... son 3 millones de pesos.

Paula: El celular revolealo arriba del techo, fijate como hacés... sacale el chip, no sé. El tema es que no se lo lleven ahora. Si está solamente la guita, está solamente la guita... después vemos cómo se justifica, pero el tema es el celular, negra. Que no haya ningún ningún papel con anotado con puño y letra tuyo, nada.

Como resultado de los 23 allanamientos de la Jueza Federal de San Martín, Alicia Vence, se encontraron 50 mil dólares y más de 7 millones de pesos.

Tamaña injusticia fue denunciada por los dirigentes piqueteros. “Claro, a los silobolsas de los sojeros no los puede tocar nadie, con nuestros bolsos se mete cualquier jueza”, clamaron. Por suerte, la siempre ínclita Conferencia Episcopal Argentina puso las cosas en su lugar. Monseñor Oscar Ojea, amigo de Aurora Gründig, fue clarito: instó a que se garantice el libre ejercicio de los derechos constitucionales. Para la curia, parece que el revoleo de chips es un derecho constitucional.

Hablando de sojeros, una pregunta que nada que ver, pero ya que estamos: si a los fabricantes de electrodomésticos se les llama “fabricantes de electrodomésticos” y no “lavarroperos” o “microonderos”, ¿por qué a los productores agropecuarios no se les llama “productores agropecuarios” y se les dice despectivamente “sojeros”? ¿Y qué pasaría si produjesen paja? No sé, lo dejo acá.

Volviendo al panorama de noticias de un país desquiciado en llamas, es interesante ver qué pasó con el Operativo Clamor Ventajita. Lo empezó a la mañana Malena Massa, (tan empoderada y feminista que cuando se la nombra nadie piensa en “Galmarini”), que apeló a la “biblioteca audiovisual del teléfono” (sic, ella dijo) para subir un video de Massa besando niños y ancianos. En la biblioteca audiovisual se le perdieron todos los videos donde su marido dice lo contrario de lo que hizo, pero no importó: miles de usuarios de redes le recordaron eso de “voy a barrer a los ñoquis de La Cámpora”. Siguieron el operativo clamor todos los dueños de las empresas más grandes del país: de Eurnekian a Brito, de Manzano a Bulgheroni. Si antes se enojaban porque el país estaba manejado por los CEO, ahora pueden estar tranquilos. Ya no hay intermediarios. Lo cierto es que mientras eso ocurría y se hablaba de cambios en el gabinete, Zelig Massa, apoltronado cómodamente en Tigre, zappineaba frenéticamente controlando los graphs de los noticieros. El consenso era casi absoluto. Todos le ponían “súperministro”. Y a los canales que no lo decían así, los llamó por teléfono PERSONALMENTE (sic). Si las concesionarias Audi tuviesen autos y precios para esos autos, ya no le quedaría ni uno.

El problema con los operativos clamores autoinflingidos es que te la terminás creyendo. Por eso, el SúperMinistro (no pierdo las esperanzas de cambiar el auto) salió lo más orondo del Congreso el jueves, creyendo que iba a ser aplaudido y clamorado.

Error de cálculo.

Lo agarron dos viejas Pelo de Cocker y le chantaron una frase que no se podrá sacar jamás de encima: “¿Qué te hacés el presidente, vos?”

Encima, los cosas como son, de eso de SúperMinistro del mundo mundial, con el manejo del famoso tablero le quedó poquito.

Ni el Banco Central, ni la AFIP, ni Energía, ni las famosas “cajas”: ANSES, PAMI, etc. quedaron bajo su mando.

Quedó Pichichi pachucho asegurando que no cree haber sido eyectado porque la indignidad es lo último que se pierde, y la Batakis que perdió el cargo pero se quedó con los viáticos del viaje a Washington. Y todo en verdes cara grande. Las tejedoras de crochet, chochas.

Fue además la semana en que el campo volvió a tener la culpa de todo. Inventaron un dólar soja que no era ni dólar ni soja y que no le importó a nadie, entre otras cosas porque nadie lo entendió. Había que vender los granos, cobrar una parte en Lecop y otra en acciones de la lechería La Vascongada, restarle un porcentaje similar a la cantidad de anotados en el formulario para no dejar de recibir los subsidios y dejar todo en la caja de seguridad de Florencia hasta que otra vez se le hinchen los pies. Las organizaciones sociales, enojadas con “el campo” iban a ir a La Rural a ver si carneaban un gran campeón y volvía el asado tan deseado. No pudo ser, al final van al congreso. Cambiaron el costillar por los ñoquis.

Finalmente, renunció Béliz sin que se le haya conocido un solo aporte importante al Estado Nacional, pese a que viene viviendo de él hace años. Eso sí, su despedida escrita a mano y dejada en un papelito puede ser un sentimiento compartido por millones de argentinos.

Terminó su renuncia diciéndole a todo el equipo gubernamental “Dios los guarde”.

¡Ojalá!

Y no los suelte.

Este lunes el fiscal Luciani empezará a cumplir el pedido de Béliz.

Que sea con felicidad.

Alguno de los cinco trajes le sentará bien.

 

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