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23 de mayo de 2022
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Opinión

La salida y posible solución para Mendoza que explora una parte de la política

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Ellos dicen que no es momento de hablar de candidaturas ni de nada que huela a cuestión electoral pensando en el 2023 porque el horno no está para bollos. Dicen que la gente está mal y que enroscarse en las cuestiones internas, discutiendo los alineamientos en los frentes, especulando con los nombres más convenientes y con los posicionamientos entre las fuerzas, cuando falta tanto tiempo para las definiciones, es cometer un acto de obscenidad. 

Pero, ellos (la política y los que le dan vida) están en eso. Y no está mal. No pueden frenar la ansiedad ni los lanzamientos naturales o los forzados interesados. Y, por supuesto, no hay que creerles cuando impostan en los actos y a los gritos que no están pensando en la sucesión, sea propia o de los más cercanos, ni en todo eso con lo que adornan tales afirmaciones porque los mueve, nerviosos, el armado del futuro personal y el colectivo. Lo que está mal es que lo nieguen. Y lo niegan porque no saben explicar este tipo de movimientos, como en general la política no ha sabido expresar ese momento de tanta incertidumbre, malestar y desasosiego que se ha apoderado de todos.

Uno de los anotados para pelear la Gobernación el próximo año, el lasherino Daniel Orozco, ha hecho un intento por explicar su apuro. No hay tiempo para desarrollar un plan y una propuesta seria a los mendocinos en sólo 10 días, ha dicho el fin de semana. Y tiene razón. Quienes se ven o ya están en el mismo lugar del intendente deben estar en lo mismo, preparándose para gobernar. Y no lo hacen explícito por aquel pedido del gobernador Rodolfo Suarez de que no se lancen y no alboroten el clima interno, porque termina afectando la gestión. En realidad, se sabe, el gobernador quiere evitar extender todo lo que más pueda el síndrome del pato rengo, ese mal que aparece cuando ya se le ha picado el boleto, cuando su voz ya no tiene la misma fuerza que antes –aunque conserve en su poder la birome–, cuando ya tiene definido un sucesor o sucesores que atraen más la atención que la propia, y como le sucede al pato rengo de verdad cuando no puede seguirle el ritmo a la bandada y, precisamente por eso, es un blanco fácil de los depredadores. 

Conviniendo que todos están lanzados y que, por puro prurito nomás, la mayoría de ellos evita expresarlo abiertamente, aparece el otro fenómeno, mucho más claro y evidente, que es el que están protagonizando los frentes. Juntos por el Cambio tiene los suyos, los radicales se preparan para la convención y, dentro de ellos, los más significativos despliegan sus propios juegos para diferenciarse, como Gerardo Morales y sus polémicos acercamientos con Sergio Massa y compañía.

El Frente de Todos, que gobierna en la Nación, no puede salir de la encerrona interna. No puede y no quiere. Aquel acto del viernes que la UOCRA le organizó al presidente en su apoyo y para su propio floreo comprobó la soledad de un jefe de Estado cada vez más debilitado y confundido. Debilitado porque así lo indican los sondeos y porque ya ni tan siquiera ha podido reunir a los gobernadores que hasta ayer nomás han dicho que lo respaldan. Confundido porque habló de inflación, del aumento de precios y de la necesidad de seguir incrementando las retenciones para descalzar los precios internacionales del mercado interno. Un fallido del presidente o una señal de desequilibrio. Fue desmentido tres veces en el mismo día por sus propios apóstoles.

La cumbre mendocina del “Peronismo futuro” también dejó su estela de contradicciones y, como se sospechaba, sobre su real, potencial y verdadero poder de convocatoria. Desde la conducción peronista en manos de Anabel Fernández Sagasti se deja trascender que nadie, salvo ella, está en condiciones dentro del movimiento de organizar una movida como la del sábado en el Bustelo. Puede que tengan razón. Aunque los intendentes del peronismo no K les sugieren no provocar y evitar tocarles los genitales al león. Lo que no ha logrado esa cumbre fue que asistieran otros dirigentes de peso que habían sido anunciados. No es sólo un problema de Anabel Fernández Sagasti en Mendoza, o del kirchnerismo en particular. También lo tuvo el presidente en aquel acto de la UOCRA. Lo que está pasando puede que deje claro algo: que quienes inclinarán el fiel de la balanza, como el movimiento de los gobernadores y otras tantas organizaciones más o menos críticas de la marcha del Gobierno, ya especulan y hacen su propio juego. No vaya a ser cosa de caer en equívocos innecesarios con consecuencias lastimosas.

Salvo aquella reiterada manifestación de Orozco sobre sus intenciones de suceder a Suarez, el resto de los potenciales candidatos del oficialismo, como está dicho, hacen como que no están en eso, aunque sí lo estén. En el mundo del hegemónico oficialismo mendocino se habla mucho de Alfredo Cornejo. Por caso, el entorno de Orozco echa a correr que el intendente sólo se bajaría si aparece Cornejo con intenciones de buscar un nuevo mandato provincial. Cornejo, en verdad, hoy es el único que puede unirles las cabezas a todos. Algunos, por convencimiento y reconocimiento, y otros, porque no les daría el cuero ni el combustible para enfrentarlo.

Y el senador dilata la decisión. No tiene apuro y por qué debería tenerlo cuando tiene tiempo hasta el año que viene para hacerlo. Su interés, por el momento, está en el ámbito nacional, donde no tiene todas consigo como en Mendoza. Corre por detrás entre los posicionados a la Presidencia. Pero, no sólo todavía cree tener chances de dar un golpe, sino que, como otros, entiende que una situación de crisis tan extrema como la actual, que puede sólo compararse con la del 2001/2002, o también con los meses previos a la salida de Raúl Alfonsín a fines de los 80 en medio de la híper, constituyen momentos que le permiten a la política del país dar una sorpresa. Menem y Kirchner han sido productos de esos momentos. Por eso no descarta nada y no se descarta.

Ahora bien, límites adentro de la provincia, hay un dirigente que, según admiten cerca de Cornejo, el senador no puede controlar. Se trata de Omar De Marchi. Entonces llegará el momento, si Cornejo decide intentar la vuelta por el control de la provincia, de una cumbre entre ambos. De eso ya se está hablando en Cambia Mendoza. Y hay quienes ya especulan con la fecha y reservan boletos para no perderse nada. Puede que, como suele suceder, no se defina por lo que dicen las encuestas, sino por la vía de la interna. De Marchi podría, si así lo prefiere, armar por afuera del frente con parte del peronismo y con todo lo que esté dispuesto de lo que se entiende como liberalismo, republicanos y Mendoexit. Una decisión muy difícil para el diputado nacional del Pro porque eso implicaría poner en riesgo la coalición opositora a nivel nacional donde la unidad, pese a las diferencias que existen, es el mayor de los capitales y de los bienes que posee.

Y, frente a tanta complejidad que obliga a decisiones clave y quirúrgicas, uno de los atractivos que tiene la política, la creatividad también aflora, a veces con genialidades y otras tantas con absurdos y ridiculeces. Y sin que hoy se pueda afirmar en qué lugar se ubicaría una de esas ideas, si en las genialidades o en el de los absurdos, es que no descartan un acuerdo detrás de una fórmula compartida entre ambos, para ganar Mendoza sin dudas, para darla vuelta como una media. Habrá recursos para eso (los fondos de Portezuelo y de algún proyecto minero en marcha aprobado dentro) y también fortaleza política y decisión.

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