Cuando en el elenco de gobierno, el que ha venido conduciendo la provincia sin demasiadas angustias ni molestias extremas –tampoco sin brillo–, vio venir a Omar De Marchi por los espejos retrovisores y a toda velocidad, estallaron todas las alertas y las alarmas y también el genio y carácter del conductor, Rodolfo Suarez. 

“Omar De Marchi es Omar De Marchi, juega a la política, a la chicana, para salir en los medios”, fue una de las cosas que primero le salió decir el gobernador.

El fastidio de Suarez es el de todos los integrantes del Gobierno. Alfredo Cornejo, el líder que medita en silencio la toma de una decisión trascendental para su futuro político en el 2023 entre seguir jugando en la Nación o “bajar” a la provincia, es quien más y mejor conoce el juego del líder del Pro. Sabe de sus presiones, de sus amagues y fintas y también de enfrentamientos internos en las PASO. Ahora es el turno de Suarez para lidiar con el lujanino. Un Suarez que desde el Gobierno ha cultivado un estilo supuestamente ajeno a las roscas y alejado de los movimientos políticos internos que decididamente impactan en la estabilidad de la misma administración, hoy se ha visto en la obligación de ponerle un freno al socio más ponzoñoso que han tenido los radicales en el Ejecutivo desde que accedieron al poder a fines del 2015.

Hay un celo particular y llamativo en Suarez, en sus funcionarios y en buena parte del oficialismo sobre los pasos de De Marchi. Ha dado la sensación de que no se esperaron nunca la aparición cuasi fantasmagórica del diputado nacional en el escenario donde se discutió la reforma al funcionamiento de la Corte, el proyecto del Ejecutivo que se convirtió en clave y vital entre las reformas institucionales que se han encarado desde el 2019 a esta parte. Se sabe que el gobernador y su equipo no podrían sobreponerse a un nuevo fracaso en ese sentido, tras los golpes letales que parece haber recibido el proyecto de cambio de la Constitución que se encaró apenas iniciada esta gestión. La embestida oficialista contra De Marchi sólo se puede entender en ese sentido, en el miedo extremo que produjo en el oficialismo la mera posibilidad de que la iniciativa se estancara o que la solución para su continuidad dependiera de la intervención de alguna ayuda externa, que es, precisamente, lo que ha pretendido arrogarse De Marchi con sus críticas al proyecto y esa ventilación pública que realizara de las inciertas gestiones que dice haber llevado adelante para facilitar el encauce de la reforma.

Al ratificar el desdoblamiento electoral para el año próximo y el debut de la boleta única, Suarez también ha dejado en claro que habrá PASO. Aunque depende de una norma provincial, separada de la nacional, en el Gobierno han querido dejar en claro que el sistema de internas en Mendoza no sufrirá modificaciones. Claro mensaje, por si había dudas, a lo pretendido por el kirchnerismo en la Nación, el que intentará avanzar en el Parlamento para eliminar las PASO y con eso conducir a Juntos por el Cambio hacia una, por ahora, muy lejana división.

La movida también es para De Marchi, a quien, con eso, en el Gobierno lo invitan a jugar en la interna si es que está convencido de jugarse una nueva carta hacia la Gobernación. La molestia y el fastidio con De Marchi se sustenta en algunos hitos históricos que los radicales recuerdan lidiando con sus aliados. Es que se trata de una coalición en donde la hegemonía interna del radicalismo y cierta intransigencia a ceder espacio a los socios menores ha alimentado el rencor y algo de resentimiento. Cornejo sufrió la incidencia de los demócratas cuando Marcos Niven le impidió la ampliación de la Corte en el 2017, por caso. Luego, con De Marchi, obligado a discusiones y negociaciones que lo alejaron y distrajeron de la estrategia nacional y ahora, otra vez De Marchi, poniendo en riesgo una iniciativa de las denominadas institucionales del radicalismo con impacto directo y llano en Suarez.

Así como no se sabe, por ahora, qué hará Cornejo el año que viene, tampoco hoy se puede afirmar con seguridad que De Marchi acelere a fondo en su afán por llegar a la Gobernación. Una jugada a fondo podría ser competir por fuera de Cambia Mendoza. Pero podría provocar una desestabilización de la coalición opositora en la Nación. Se supone que, como un sujeto de la política, De Marchi está supeditado a los objetivos nacionales. Si en el Pro nacional entienden que, para reconquistar el Gobierno nacional Juntos por el Cambio tiene que llegar unido a la competencia con el kirchnerismo, es muy poco probable que se le permita ser líbero en Mendoza.

De Marchi asegura que no hay nada que se interponga hacia su objetivo. Y deja abiertas todas las alternativas. Se viene preparando para gobernar. Hay que reconocer que puede que sea el único que más y mejor ha trabajado en ese sentido. Más y mejor por los estudios previos que viene llevando adelante con la fundación Pensar en la elaboración del diagnóstico y en una propuesta concreta para la provincia. Noviembre será un mes clave en su camino, para cuando presente el resultado de todo ese trabajo que emprendió a comienzo de año. En mente tiene la economía, el conocimiento, el trabajo y la inversión en viviendas como parte de las obras públicas.

En cuanto a las alianzas que necesita para enfrentar al oficialismo, De Marchi se ha abierto a todo lo que le sume en una cruzada que sabe muy compleja frente a la maquinaria electoral de los radicales. Como Horacio Rodríguez Larreta en la Nación, que camina el país buscando acuerdos con todo lo que no huela a kirchnerismo, De Marchi parece seguir la misma estrategia: ya ha tenido encuentros con los liberales, con algunos exponentes del Mendoexit y va también por lo que no pocos llaman “los peronistas buenos”. Todo por verse.