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26 de julio de 2021
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Columna

La pelea interna que no resolverán las PASO

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Cinco claves para entender por qué el armado electoral oficialista evidencia la pelea interna por el futuro del gobierno.

El armado electoral del Frente de Todos dejó mucho más que la lista de los hombres y mujeres que competirán por entrar al Congreso. También expuso el sistema de reparto del oficialista y sobre todo, las tensiones internas por la dirección y el futuro del Gobierno.

A continuación las cinco claves para entender el escenario que se abrió de cara a las PASO:

 

1. Mayoría propia, “muy propia”

 

El objetivo central de este turno electoral para el Frente de Todos es alcanzar la mayoría propia en la Cámara de Diputados. En el Senado el juego ya está resuelto y ni una derrota estrepitosa pone en riesgo la preeminencia del oficialismo. La delicada arquitectura de la unidad que se logró en casi todos los distritos tiene un rasgo singular: en las provincias que aportan más escaños, más de la mitad de los candidatos responden a Cristina Fernández o a La Cámpora.

La vicepresidenta dejó en claro que es la socia mayoritaria de esta alianza que también incluye al peronismo territorial, el Frente Renovador de Sergio Massa, los movimientos sociales y a los sindicalismos de la CGT y la CTA. Fernández de Kirchner no sólo comparte con sus socios la ilusión de llegar a 129 diputados propios, quiere además tener el peso mayoritario en las votaciones de su bloque.

No es un tema menor: en un sistema de alianzas, las decisiones parlamentarias y el reparto de cargos se toman por mayoría. Por caso, para decidir la designación de autoridades de comisiones claves, como la de Justicia, Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales o, desde el inicio de la pandemia, Salud. Para ese último lugar ya postula al ministro bonaerense devenido en candidato, Daniel Gollán, que tendrá a su cargo el impulso de la reforma del sistema de salud y la defensa de la estrategia sanitaria. Ocupará el lugar del tucumano Pablo Yedlin a quien ven con desconfianza luego de la filtración de la carta que expuso las relaciones carnales con Moscú.

2. Nació el “albertismo”

La confirmación de los candidatos trajo calma pero no paz. La intención frustrada del cristinismo de candidatear al jefe de Gabinete expuso como nunca el deseo de un sector de la coalición de Gobierno de sacar a Santiago Cafiero de la Casa Rosada. El Presidente consiguió, por ahora, retenerlo. Fue una concesión táctica de la vicepresidenta que aceptó que en plena campaña electoral no es momento para debilitar al jefe de Estado. Después del 10 de diciembre se revelará la estrategia.

Para Alberto Fernández esa resistencia fue mucho más que una discusión de márketing electoral. El Presidente dio el primer paso para crear su propio espacio, para reclamar su cuota parte en el entramado del poder. Con la renovación parlamentaria contará, por primera vez, con legisladores propios, que actúen como voceros de su gobierno y como defensores de los proyectos que envía el ejecutivo. También, como operadores que sean capaces de desarmar las amenazas del fuego amigo.

Fernández pagó muy caros los cambios que dentro del Frente de Todos le hicieron el año pasado al proyecto de la ley de vacunas, lo mismo que los fiascos parlamentarios como el “alivio” para los monotributistas que terminó generándoles deudas, o la fracasada ley pandemia del semáforo sanitario. Pero hubo escenas mucho más dramáticas para la Casa Rosada, como las leyes de reforma judicial que en la reescritura del Congreso se convirtieron en herramientas de presión del Instituto Patria sobre algunos fueros, muy lejos de los objetivos que había prometido el propio Presidente. Ni hablar de la carta de los senadores oficialistas dándole instrucciones a Guzmán sobre las negociaciones de la deuda con el FMI y el Club de París.

Además de defender y hablar en nombre del Presidente hacia adentro y hacia afuera del Frente de Todos, el jefe de Estado lanzó con sus candidatos la inauguración de su propio espacio. Victoria Tolosa Paz, Leando Santoro, el secretario de Obras Públicas Martín Gill en Córdoba, el entrerriano Enrique Cresto, Daniel Arroyo y Agustín Rossi son mucho más que candidatos a espadas legislativas de la Casa Rosada. Son a su vez la señal presidencial de que pretende construir poder propio. Es un movimiento incipiente, un aviso de que Fernández no se conforma con ser el Ministro de Vacunas y Pandemia de Cristina Fernñandez sino que tiene un proyecto que va más allá de 2023.

Hasta este fin de semana, el Presidente cumplía con una condición clave que le permitió asumir el rol aglutinante del Frente de Todos. Alberto Fernández había transitado por la militancia de casi todos los espacios que conforman la unidad sin tener fuerza propia. Desde ahora buscará preservarse como garante de alianza, pero con delegados que le respondan sin intermediación.

3. El poder de las cajas

Para sostener transitoriamente a Cafiero, Alberto Fernández cedió a Rossi y Arroyo. Esta última salida desnuda la pelea que hay entre el PJ bonaerense, los movimientos sociales y el kirchnerismo por el manejo de la política social. A Arroyo le reprochan que fue mínimo el avance de los planes que convierten a las ayudas sociales en programas de empleo. Y en cambio el emblema de la gestión, la Tarjeta Alimentar, fue devorada por la inflación y al mismo tiempo profundizó el asistencialismo.

Fernández de Kirchner y Sergio Massa pulsean además para lotear el Ministerio de Obras públicas que por ahora seguirá en manos de Gabriel Katopodis, otro albertista, por ahora con cargo asegurado. Esa repartición es clave para la etapa que se inicia ya que concentra el grueso de la inversión pública para la segunda mitad del año y del gobierno. Será la vedette de la gestión que permitirá sellar alianzas, ganar amistades y proyectar figuras para 2023. Con la postulación de Gill, el secretario de Obras cordobés que distribuye los programas que se ejecutan en forma conjunta con los municipios, ya se inició la discusión por ver quién retiene la lapicera de ese presupusto.

Con los cambios de 2020 Cristina Fernández ya se había apropiado la conducción de la Anses y del ministerio de Hábitat y Vivienda. Le falta Desarrollo Social y Obras Públicas para cantar bingo. La discusión se abrió con el armado de las listas y aún no se cerró.

 

4. La paz social y control de la calle

La CGT, la CTA y los movimientos sociales no trotskistas consiguieron lugares relevantes en el reparto de candidaturas y el gobierno se aseguró la contención de los actores capaces de paralizar al país o de sostener la paz social en las calles.

La alianza con los representantes de los trabajadores y de los sectores más vulnerables de la sociedad es clave para un país que acumula una inflación de 50 por ciento anual, en medio de un férreo ajuste en las cuentas públicas y con salarios y jubilaciones que corren detrás de los precios.

5. El futuro del Gobierno

La tensión interna quedó contenida con el armado de las listas y también se silenciará durante la campaña. Pero la calma tiene fecha de vencimiento. Las discusiones sobre el gabinete no sólo apuntan a sustituir eventuales “funcionarios que no funcionan”. Lo que está en juego es la dirección de la gestión.

Más allá del control de las cajas, los aliados del Frente de Todos disienten sobre temas claves, como la estrategia para renegociar la deuda con el FMI, la política de precios, salarios y jubilaciones, la política exterior, la relación con el sector agroexportador, el futuro de la Hidrovía, la lista es interminable.

Hasta dónde Fernández de Kichner y Massa le permitan al “albertismo” germinar será clave para determinar cuán dramática puede convertirse la resolución de esos conflictos. Se podrá decir que un puñado de funcionarios y legisladores no hace una “corriente” política. Lo cierto es que el inicio de la gestión de Néstor Kirchner en 2003 no era mucho más que eso, con su plena dependencia de Eduardo Duhalde y del peronismo bonaerense que dos años más tarde abandonaría a su hombre fuerte para darle vida al kirchnerismo.

El marketing electoral hará su parte en los próximos meses y camuflará las tensiones que no resolvió al armado electoral, tensiones que, lejos de desaparecer, quedaron desde ahora expresadas con nombre y apellido.

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