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19 de mayo de 2022
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Opinión

La minería le apuntó a la Iglesia y al ambientalismo como el origen de sus males

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Una equívoca, asustadiza y demagógica intervención de la política a lo largo de varios pasajes de la historia reciente de la provincia, sumada a una sistemática y por demás exitosa campaña antiminera de organizaciones ambientalistas con la Pastoral Social de la Iglesia católica mendocina en las escuelas primarias del Sur y del Valle de Uco, pueden haber sido las razones principales por las cuales no se pudo desarrollar la minería metalífera en Mendoza.

A tales conclusiones ha llegado un foro minero y metalmecánico –el primero– que acaba de realizarse en Mendoza, en el que han participado más de 700 personas representantes del sector empresario, de la academia, del mundo del Derecho, algunos funcionarios, muchos expertos y hasta una nutrida delegación proveniente de Malargüe compuesta por chicos estudiantes de Minería y Geología y de profesionales del rubro.

La pobreza creciente, la inflación galopante, la falta de crecimiento crónico de la actividad económica de la provincia, el desempleo, más el desánimo generalizado de casi todo un pueblo por la ausencia de un horizonte esperanzador, parecieron animar a las cámaras empresarias industriales a llevar adelante todo un día de análisis y discusión en torno a la problemática del sector minero para coincidir en que si no logran salir de un debate cerrado en el que todos están de acuerdo –como el foro–, la minería será una actividad demonizada, seguirá siendo un problema social y ambiental, seguirá generando perjuicios por doquier, además de ser una generadora constante o usina de riesgos que amenazan el buen vivir de las personas, según la visión que se instaló en la sociedad, de acuerdo con los expertos mineros, desde, cuando menos, unos veinte años atrás. Una campaña de concientización –han sostenido– a todas luces exitosa, que desparramó información falsa y sesgada, particularmente en los niños en edad escolar, de una actividad productiva, lícita y absolutamente necesaria para el desarrollo de las comunidades.

Sobre la intervención negativa de la política, el foro desplegó a lo largo de la mayoría de las disertaciones, en algunas más marcadas que en otras, lo que el sector y parte de la sociedad conoce de memoria: que la dirigencia política usó el problema como método de llegada a la sociedad en épocas electorales y, en otras, como excusa ante la falta de convicción propia sobre una vía libre a la actividad. A eso se le sumó, aunque no de manera tan explícita, que los gobiernos han sido débiles al momento de intentar sostener su desarrollo.

Pero, lo que les ha quedado claro a todos es que se vieron sorprendidos en su momento por una campaña en contra de la minería que no vieron venir y de la que no se han podido recuperar. Por eso, es que, como una de las propuestas más llamativas y novedosas, haya sido el pedido al gobierno escolar de comenzar a incluir en los procesos educativos de los chicos un plan de esclarecimiento sobre la actividad minera, de todas de las que conforman la economía, de las menos conocidas.

De todo lo que se dijo en el foro, quizás lo más trascendente como acción directa hacia fuera del sector, con destino al resto de la comunidad, haya sido el aporte del geólogo Eddy Lavandaio, quien no sólo reseñó la cronología de una campaña en contra de la minería que arrancó en el 2002, en Esquel, cuando expertos activistas en favor de la ecología comenzaron a dictar conferencias en las escuelas primarias sobre los supuestos efectos negativos y catastróficos de la actividad minera. Además, presentó un plan específico que el Instituto Superior Técnico (Insutec), del que Lavandaio ha sido profesor, elevará ante la DGE para incluir en el proceso y método de aprendizaje de los chicos una materia específica con formación minera y geológica, objetiva, para revertir esa consideración despectiva que se tiene sobre la actividad y para la que ayudó no sólo el activismo verde o ambientalista, como la fundación Greenpeace, sino también la Iglesia católica.

A la famosa Asamblea de Esquel, que los activistas Javier Rodríguez Pardo y Guido Pizzolón organizaron entre el 2002 y el 2003, se le sumó la Pastoral Social de Bariloche, recordó Lavandaio. La Iglesia, desde entonces, comenzó a desplegar una serie de reflexiones “sobre los problemas que presenta la actividad minera”, con malas condiciones de trabajo y toda una campaña de “demonización” de la actividad, contó el geólogo, que fue acompañando su relato con recortes periodísticos que daban cuenta de tales presentaciones. 

En el foro se dio cuenta de que la Pastoral se hizo presente en Mendoza con la campaña antiminera recién en el 2005. En La Consulta, San Carlos, la Iglesia divulgó en un comunicado que estaba en defensa de la vida y por el agua pura, acompañando lo que Lavandaio calificó de “una maratón” de charlas por una decena de escuelas y colegios de todo el Valle de Uco de Rodríguez Pardo, aquel incansable “luchador por el medio ambiente” según lo han definido las organizaciones ambientalistas, que falleció en el 2015, pero que dejó, como herencia, “una militancia clave para frenar” los emprendimientos mineros de Esquel y para la creación de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), y que terminara inspirando el surgimiento de las asambleas por el agua, que tienen presencia en Mendoza.

En el 2006, recordó Lavandaio, el movimiento antiminero aparece con fuerza en San Rafael contra la mina de uranio de Sierra Pintada. En el mismo año, unos 300 alumnos de 7o grado de escuelas de Alvear se manifiestan contra la minería y son recibidos por el intendente Juan Carlos De Paolo, y chicos de Carmensa (Alvear) y de La Consulta (San Carlos) ganan un concurso con trascendencia nacional bajo la consigna “cuidemos el ambiente” y “mejor con agua”.

En el 2008, el diario La Nación se hace eco de una muestra de pinturas que chicos de San Rafael presentaron en el Centro Cultural Borges. La muestra giró en torno a la minería contaminante y contra la mina de uranio. A Buenos Aires viajaron más de 700 trabajos realizados por los chicos.

Por el mismo tiempo, alumnos de tercer grado de la escuela 1-697, elevan una carta al Congreso nacional pidiendo la prohibición de la minería o el no desarrollo de la misma. Claman por “no queremos riqueza hoy y muerte mañana. Piensen en nosotros, en el bien común”, les piden a los legisladores nacionales.

En el 2011, la UNCuyo publica un manual sobre el cambio climático para el docente de Mendoza y allí se observa todo un desarrollo académico que asevera que la minería “consume recursos no renovables, agua y energía”.

El geólogo Lavandaio, ante una sala repleta de unos de los espacios más amplios del Hyatt, en su exposición, considera que el punto más importante de la batalla antiminera en Mendoza se logra en marzo del 2016, cuando Lucía Panocchia, esposa del gobernador de entonces, Alfredo Cornejo, y primera dama de la provincia, se calza la famosa remera negra de la Asamblea por el Agua con la leyenda “no a la megaminería” y todo, recordó el profesor, “en medio del palco principal de la Fiesta de la Vendimia, durante el Carrusel”.

El resumen para Lavandaio, y por ende también para el foro metalmecánico y minero, es que el sector ha perdido una batalla cultural en la que se le ha hecho creer a la comunidad que la agricultura y la ganadería significan “producción, trabajo y beneficios”, mientras que la minería, “problemas, perjuicios y riesgos”.

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