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16 de junio de 2021
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Opinión

La educación, un posible talón de Aquiles inesperado

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Protocolo para las clases presenciales.

Una encuesta de opinión reveló ayer –por primera vez en mucho tiempo, quizás desde los años en los que la provincia de Buenos Aires era gobernada por la dirigente no peronista María Eugenia Vidal, entre el 2015 y el 2019– que una mayoría trascendente de bonaerenses, del orden de 60 por ciento, puesta a comparar, se inclinó a favor de lo hecho por Horacio Rodríguez Larreta en la CABA más que por lo realizado por Axel Kicillof, el gobernador K de la provincia. La pregunta tenía un objetivo específico: que los encuestados expresaran su opinión en torno a la estrategia educativa de ambos distritos y con el centro de atención puesto en la asistencia efectiva de los chicos en las escuelas, lo que se conoce como la presencialidad, versus el modelo de la virtualidad. El dato fue revelado por Mariel Fornoni, de la consultora Managment & Fit, durante un encuentro de ejecutivos de finanzas y empresarios, en Buenos Aires.

Más allá de las varias lecturas políticas, por supuesto que interesadas y estimuladas en un contexto previo a elecciones en todo el país, la visión de esos bonaerenses está obligando a un más que fuerte llamado de atención sobre los gobiernos que en medio de la cuarentena se empecinaron, sin demasiados argumentos, en mantener a los chicos alejados de las aulas durante un excesivo lapso de tiempo, incluso cuando la ciencia y la evidencia, por sobre todo, habían demostrado que el riesgo de contraer coronavirus era realmente bajo dentro de las aulas, tanto para los alumnos como para los docentes y para el resto de los trabajadores vinculados con la tarea educativa.

Si bien Buenos Aires –particularmente, la provincia más poderosa e influyente de todas por muchos aspectos, pero sobre todo por su peso electoral en comparación con el resto de las jurisdicciones del país al imponer siempre su número, inclinando la balanza en su favor y tergiversando muchas veces y ocultando otras realidades– ya dispuso retomar la presencialidad desde hoy, el hecho de no haberlo permitido por casi un año calendario completo pudo haber provocado consecuencias negativas muy graves con secuelas irremediables en la formación de los chicos; porque, evidentemente, no se pueden comparar las ventajas de un sistema contra el otro; el personal versus el contacto remoto, más en un país con deficiencias de conectividad muy profundas y evidentes. De todo eso, la sociedad ya comenzó, en apariencia, a tomar nota.

El Gobierno nacional ha apostado buena parte de su suerte para las elecciones de medio término a un cambio de ánimo social producido por políticas de corto plazo que estimulen el consumo y que hagan olvidar por unos meses el indomable proceso inflacionario que continúa padeciendo el país. Hay en ellas un guiño oficial para que las negociaciones paritarias entre gremios y empresas fijen o revisen los incrementos de salarios para el año por arriba de la pauta prevista en el Presupuesto nacional; se ha apostado, además, por los programas de control de precios, el impacto de los aguinaldos y, desde ya, que por uno de los aspectos de la gestión de la pandemia más controversiales en el arranque del año, pero que logró encauzarse y, al parecer, normalizarse con el paso de los días: la llegada de vacunas, la distribución de las mismas y su aplicación.

Pero, el cierre de la economía con los cientos de miles de personas desempleadas más las empresas cerradas temporalmente o fundidas directamente han extendido en toda la sociedad un manto de desesperanza, desaliento y desconfianza hacia delante. Aquel sondeo en Buenos Aires sobre la visión de los ciudadanos molestos con el cierre de las escuelas que frenó el proceso de formación de los chicos está marcando algunas de las prioridades de buena parte de la población.

La consecuencia de la interrupción del proceso educativo en los chicos ha sido, de todas las que ha dejado la pandemia, de las más temidas en el mundo entero por los especialistas. Promediando el 2020 y entrevistada por el periodista argentino Hugo Alconada Mon, Angelina Jolie, conocida popularmente por sus dotes de actriz multipremiada y talentosa, pero en su rol de embajadora de Buena Voluntad del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), confesó por dónde pasaba su mayor preocupación junto con la de las Naciones Unidas. “Que nunca hemos registrado, jamás tuvimos, esta cantidad de chicos fuera de las escuelas, a nivel global y al mismo tiempo. Sabemos que en estas condiciones aumentan la violencia doméstica y el abuso infantil, aunque pase desapercibido. Hay chicos que están sufriendo abusos físicos y emocionales a diario, o que durante esta pandemia están presenciando violencia, y que las vidas de ellos están en verdadero peligro. Todo esto sin mencionar que muchos más están desarrollando traumas. Esa es otra área en la que no estábamos preparados lo suficiente cuando comenzó la pandemia porque no tomamos la protección de los niños con la seriedad necesaria. Así que, el impacto de esta pandemia en los chicos y cómo los protegemos a medida que vayamos saliendo de la crisis es algo que me inquieta y preocupa profundamente”, señaló Jolie.

Está claro que, a esta altura de las circunstancias, el mundo, por lo general, encontró las maneras y las formas para hacerle frente a la pandemia mientras se esperaba que la ciencia, en un tiempo récord y con características históricas, hallara el medicamento contra el virus, la vacuna, y lo fabricara. Las aperturas y los cierres se asumieron en la mayoría de los casos con naturalidad y responsabilidad.

En Argentina, todo ha sido, sin embargo, cuesta arriba y engorroso, además de extremadamente politizado y discutido, claramente por falta de confianza y credibilidad sobre las políticas asumidas, casi todas erráticas, dubitativas y discrecionales.

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