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14 de agosto de 2022
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Opinión

Hidrógeno Verde, un aliado para cumplir las metas del cambio climático

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Hace poco más de un año que la Argentina presentó la Segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (2020) cuya meta es no exceder los 359 MtCO2e para 2030. Esto equivale a una disminución total del 19% de las emisiones hacia 2030 en comparación con el máximo histórico de emisiones alcanzado en el año 2007, y una reducción del 26% respecto de la contribución anterior. Este compromiso tuvo un “plus” porque posteriormente, en la Cumbre Latinoamericana sobre Cambio Climático, el gobierno argentino amplió el compromiso de reducir sus emisiones de GEI al 2030 en un 2% adicional, es decir un 28%. Esta meta representa sintéticamente una estabilización de las emisiones en los actuales niveles.

Vale la pena recordar que dicho compromiso es parte de un gran objetivo climático mundial surgido del Acuerdo de París del año 2015 y es el de lograr cero emisiones hacia el año 2050, para así limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 2°C respecto de los niveles preindustriales, y continuar con los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5°C.

Estas metas claramente representan un punto de inflexión en las economías. Los sistemas de transporte y los sectores industriales de alta demanda energética o que utilizan hidrocarburos, necesitan discutir acerca de la forma en la que transitaremos este proceso de reducción de emisiones o descarbonización.

El camino hacia el 2030 debiera ser el generador de las condiciones necesarias para llegar de la mejor manera al objetivo de alcanzar un desarrollo neutral en carbono en el 2050. Sustituir de manera progresiva los fósiles requiere de una planificación, de fortalecer las políticas que estimulen las energías renovables, la movilidad eléctrica y los programas de eficiencia energética, además de los sistemas de transporte y acumulación energética.

En este apartado, el hidrógeno tiene un rol muy importante por su origen y por sus usos. Por su origen, por ser una fuente ilimitada de energía. Es el gas más abundante en el universo que se obtiene a través del proceso de electrólisis, esto es la separación del hidrógeno del oxígeno usando electricidad, que, cuando proviene de fuentes renovables, esencialmente eólica o solar, al hidrógeno resultante se lo denomina “hidrógeno verde”. Y por sus múltiples usos, como vector energético, como materia prima, combustible o como portador y almacenamiento de energía; con numerosas aplicaciones posibles en los sectores de la industria, el transporte y la energía misma.

Estos brevísimos comentarios convierten al hidrógeno como el gran aliado para transitar la descarbonización de la economía mundial.  

Pensar en el potencial que tiene la Argentina, por sus vientos en el sur o su sol en las regiones del norte, para el desarrollo y la producción del hidrógeno verde, trae además del impacto positivo en su industria, una enorme oportunidad para ubicarse como competidor dentro del mercado global del hidrógeno.

Para alcanzar estos anhelos y esfuerzos ambiciosos para frenar el calentamiento global también debemos interpretar la coyuntura en la que vive nuestro país. Argentina atraviesa una situación fiscal seriamente delicada. El déficit fiscal en el primer semestre de este año acumuló más 1% del PBI. Considerando los subsidios económicos, los destinados a la energía se llevan la mayor parte del presupuesto y se espera que a fines de este año insuman cerca de 15.000 millones de dólares. Números insostenibles para las cuentas públicas.

Por otro lado, la política energética está llena de inconsistencias. Ha pasado a convertirse en intervenciones discrecionales, donde los sistemas de precios no reflejan los verdaderos costos económicos de la producción de la energía, generando sólo dificultades para atraer las inversiones necesarias para mantener el sistema.

Es con este escenario, que durante los próximos años la Argentina tiene el desafío de realizar un ágil y profundo proceso de descarbonización de su economía. ¿Qué quiere decir esto? Debe transformar su matriz energética fósil en casi un 80% por una más diversificada, que permita un crecimiento más sustentable. Para el caso del hidrógeno, como protagonista de ese cambio, es necesario analizar cómo desde el año 2006 que se pensó su promoción ha evolucionado su industria, cómo se configura en la matriz de transición energética, sus capacidades tecnológicas y productivas, cuál es el régimen de promoción que garantiza los objetivos de desarrollo y producción, qué beneficios impositivos merece, y hasta si son necesarias determinadas facilidades para la importación de bienes de capital.

En este camino, el Congreso y como institución con plena representatividad, puede ganar tiempo aportando herramientas que coadyuven con las metas de cambio climático, y dando los debates necesarios para actualizar la legislación. No puede repetirse la historia que la ley que creó el régimen de promoción del hidrógeno por 15 años, venció y nunca se reglamentó.

Para finalizar, y como premisa, la transición energética debe ser producto de una planificación estratégica; requiere de reglas claras que den previsibilidad, pero sobre todo requiere de un programa de gobierno despojado de caprichos ideológicos.

(*) La autora es diputada nacional por Mendoza (UCR - Juntos por el Cambio)

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