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27 de julio de 2022
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Opinión

¿Game over para Mendoza?

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Tienen mucha razón aquellos que ayer sentenciaron, algunos festejando y otros angustiados y temerosos, que Mendoza será otra tras la poderosa manifestación de empleados públicos por las calles de la ciudad y esa evidente y manifiesta adhesión al paro de los trabajadores que se evidenció en las escuelas, en muchas oficinas públicas y, claro, en los hospitales y centros de salud. Se ha producido un quiebre a lo establecido: los docentes en gran medida no han ido a trabajar pese a que a fin de mes tendrán unos 10.000 pesos menos en sus flacos bolsillos. Es probable que, como ha dicho buena parte de la dirigencia gremial que los representa, le hayan perdido el miedo al ítem aula, el mismo que por varios años ha servido de tapón inexpugnable para cualquier éxito de una medida de fuerza docente que haya incluido la no asistencia a las escuelas.

Todo eso parece ser cierto, pero por una razón evidente y más que contundente: Mendoza está agotada económicamente. Lo que produce, todo lo que genera a lo largo de un año, ya no alcanza para responder a las demandas de casi 2 millones de personas. Con lo que los estatales no son los únicos que la están pasando mal. No están solos. Tampoco son los únicos a los que la sociedad les tiene que responder. ¿Es la sociedad la que tiene que responder? Cuando menos, toda la sociedad, entre quienes están por supuesto los más de 100.000 empleados estatales, es la que mantiene el funcionamiento del Estado. Y lo que produce esa sociedad por año, de riqueza, lo que se denomina el Producto Bruto Geográfico (PBG) y que se representa en lo que genera el comercio, el agro, el petróleo, las comunicaciones y el transporte, la vitivinicultura, el turismo y el resto de las industrias, no alcanza para todos. O, cuando menos, no para lo que cada una de las personas cree que le corresponde por el sacrificio y esfuerzo que aporta. Al menos así debería ser en una provincia como Mendoza que históricamente ha dependido de lo que el sector privado y su economía han producido. Pero, desde hace un tiempo a esta parte, ese motor de la economía, el que generaba riqueza en gran medida y volumen, se fue achicando dejando paso a otros ingresos, los de origen nacional. Estos últimos, además, son cada vez menos en el contexto o en la comparación de lo que reciben otras provincias. Y el peso del Estado por sobre el sector privado, desde una buena cantidad de tiempo, viene creciendo por la presión impositiva que a nivel nacional ha sido voraz y en aumento constante, aunque en la provincia se ha ido reduciendo lentamente.

Los estatales han reclamado aumentos, con absoluta justicia. El Gobierno les ofreció un 40 por ciento en el inicio de la paritaria, en marzo, además de ítems sectoriales y las sumas fijas que han impactado en el básico. La semana pasada, en la reanudación y adelanto de las negociaciones, el Ejecutivo ofreció 5 por ciento más. Se pasó a un cuarto intermedio para mañana. Pese a eso, el frente gremial fue al paro y a la movilización. Mañana, se aseguró, recibirán una propuesta mejorada.

El 50 por ciento del gasto del Estado se va en sueldos, aproximadamente. Por mes se pagan unos 14.500 millones de pesos en sueldos. Es lo que se llama la nómina salarial. En el Gobierno aseguran que la buena administración de las cuentas los ha llevado a contar con una nómina ahorrada. Es a la que apuntan los gremios cuando piden aumentos. En el Gobierno dicen que de ninguna manera pondrán esa suma de dinero bajo riesgo. Es para contingencias.

¿Mendoza ya no puede responder con su riqueza a permitirles a los estatales mejores sueldos y a los privados mejores ingresos? Es más probable que ya no. El dato del PBG del último año completo, el del 2021, lo ubica en los 12.400 millones de dólares y el ingreso per cápita es de 6.300 dólares anuales. Son datos del informe anual del IERAL y de la Fundación Mediterránea.

Las provincias vecinas a Mendoza han crecido: lo han hecho ayudadas por la Nación, recibiendo mejores índices de coparticipación y de transferencias discrecionales que Mendoza, pero también porque modificaron su matriz productiva: San Juan por la vía de la minería y Neuquén por Vaca Muerta. Neuquén, dicen aquí en Mendoza, recibe más de un Portezuelo del Viento por año solo en regalías (unos 1.000 millones de dólares). San Juan, lo que ya se sabe: tiene municipios como Iglesia, Jáchal y Calingasta que suman recursos millonarios en dólares por regalías, por los fondos fiduciarios y por los sueldos que se pagan. Y un ejemplo de una provincia pobre, pero asistida fuertemente por la Nación es Santiago del Estero, la que cuenta, de acuerdo con fuentes oficiales, con 15 nóminas salariales en la Tesorería producto de lo que recibe de recursos nacionales, en gran medida.

En Mendoza, aquel PBG del que se habla más arriba, se descompone por lo que aporta el comercio (16%); el petróleo (10%); la administración pública (11%); transportes y comunicaciones (10%); educación y salud (10%); uvas y vinos (9%); agro (3%); hoteles y restaurantes (2%); construcción (2%) y otros servicios (17%) más otras industrias, según el IERAL.

El deterioro económico de Mendoza ya ha cumplido más de 10 años. En ese lapso, el empleo formal privado no creció, sino que se redujo, en términos totales, un 3 por ciento. En Neuquén, por caso, en el mismo lapso creció un 26 por ciento. El empleo formal privado está por debajo del promedio nacional y todavía no se recupera de los niveles prepandémicos.

Mendoza se encuentra entre las provincias con el más bajo porcentaje de empleo público respecto de su población. Es del 7 por ciento. Pero, cuenta con el porcentaje más alto con problemas en el mercado laboral (desempleados e informales), con el 17 por ciento, siempre siguiendo los datos de un informe del IERAL.

En diez años, Mendoza ha sido una de las provincias en la que más cayó el poder adquisitivo del salario: ha sido del 17 por ciento. Peor están Tucumán (26%); Neuquén (19%) y Corrientes (19%). Y en las que menos cayó figuran Formosa, La Pampa, CABA con el 8 por ciento; Salta y San Juan. Mendoza tiene una de las más altas morosidades en los créditos personales, con 8 por ciento, por arriba del promedio nacional, que ha sido de 6 por ciento.

Mendoza ha sido la segunda provincia con menos transferencias discrecionales en todo el 2021. Dice el IERAL que, si la Nación le hubiese enviado un monto similar al promedio nacional, le habría ingresado un 160 por ciento más del total que recauda por año por Sellos, el segundo mayor impuesto de incidencia en las cuentas provinciales. La media de transferencias discrecionales fue de 10.440 millones de pesos, casi lo mismo que recibió San Juan y que Córdoba, pero mucho menos de lo que se envió a La Rioja con 60.000 millones de pesos y La Pampa con 30.000 millones de pesos. Mendoza recibió, para comparar, 3.953 millones de pesos.

En Mendoza, el salario privado ha tenido, en el último año, 6 por ciento menos de poder de compra; el salario público, 24 por ciento menos. También se registró 23 por ciento menos de créditos personales y 24 por ciento menos de créditos a las empresas.

Las ventas del comercio también cayeron, todo un síntoma de la decrepitud, nacional y provincial: se vendió 23 por ciento menos de autos 0Km, 20 por ciento menos en los centros comerciales, 15 por ciento menos en el comercio minorista, 9 por ciento menos de autos usados, 9 por ciento menos en electrodomésticos, y 3 por ciento menos en supermercados. También se redujo la inversión en obra pública, la que gastó 15% menos de cemento y cayó 70 por ciento, mientras que la obra pública nacional en la provincia disminuyó 17 por ciento.

En Mendoza, su gobierno se defiende y dice que se está como se está por el impacto de la macroeconomía, por el proceso inflacionario, por la presión impositiva, las barreras al comercio exterior y los constantes desequilibrios fiscales. Por qué no darle la razón, ¿no es así? A eso le agrega que por haber sido austeros a lo largo de varios años se mantiene una provincia en pie, sin ayuda nacional o discriminada por la Nación. A lo que también se le podría dar la razón. Pero siempre se puede hacer mucho más, como avanzar a fondo en otro perfil económico que modifique su matriz y ofrezca, aunque sea a largo plazo, más expectativas y esperanzas que las actuales.

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