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22 de junio de 2021
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Opinión

Elecciones 2021: la puerta para navegar en otras aguas

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La reciente visita de Mauricio Macri a Mendoza, además para presentar su libro Primer tiempo que a esta altura de las circunstancias y por la cercanía del plazo para la presentación de listas que competirán en las PASO de setiembre se ha transformado en una simple excusa del ex presidente para semblantear el ánimo, ha dejado de relieve el particularísimo interés que tiene la coalición opositora nacional, casi una obligación, para no equivocar los movimientos internos que está dando, apretar en la tecla precisa, encima imponerse en las legislativas para mantenerse como alternativa potente hacia las generales del 2023, el objetivo mayor.

En Mendoza, donde gobierna, la situación está más o menos ordenada. Y es así que la suerte del oficialismo dependerá de la marcha del gobierno y de cómo esté al momento de la elección, al decir de algunas voces no sólo importantes de Cambia Mendoza, sino relevantes y autorizadas. Con lo que la disputa –si es que la hay– por los nombres de quienes encabecen las listas puede que sea más anecdótica y folclórica, que trascendente o bien decisiva para asegurar un resultado. Hay dos protagonistas fuertes como número puesto, Alfredo Cornejo y Julio Cobos, los que prefiere el gobernador Rodolfo Suarez. Pero bien podrían ser otros, como algún intendente, algún ministro del gabinete provincial o un legislador.

Si la gestión logra mantenerse a flote mínimamente frente a los extraordinarios desafíos que le impuso la pandemia de coronavirus (un problema mayúsculo que pudo ser un ancla y no un salvavidas como parece que viene siendo para la provincia), no importará tanto quién o quiénes sean los candidatos. Se encaminará a un triunfo, como lo indican las encuestas, si sostiene el grado de satisfacción general frente a lo que ha venido haciendo, con ese manejo inteligente de los cierres y aperturas, para evitar un daño mucho más calamitoso en la economía que todo lo que ya ha dejado.

En Mendoza, y dentro de Cambia Mendoza, es el Pro de Omar de Marchi y de Macri, el que tiene que hacer todo el esfuerzo por ocupar los espacios. O se resigna a lo que Suarez, Cornejo y compañía le terminarán ofreciendo, o decide presentarse en una disputa interna, como en el 2019 en las PASO o arma una alternativa por fuera del frente. De Marchi, que pretende “un arreglo respetable”, cree contar con no menos de 15 puntos propios que le darían el derecho a reclamar al menos ocho bancas, o bien un legislador de su espacio encabezando las listas en los cuatro distritos electorales de la provincia, de acuerdo con lo que ha trascendido. El actual diputado presiona y provoca con la posibilidad de dejar Cambia Mendoza y presentar una alternativa por fuera liderando el espacio de los liberales, el de derecha, el republicano y todo lo que hoy puede cobijarse bajo el MendoExit, que De Marchi ve sin líder. Si lo hiciera, su sueño sería alcanzar el segundo lugar en las elecciones, postergando al kirchnerismo a un tercer lugar y derrotando a Anabel Fernández Sagasti. El contexto podría ayudarlo: entiende que el peronismo como se lo conocía, el tradicional y republicano, ha desaparecido sojuzgado por el kirchnerismo que logró dominarlo, con lo que no descarta que hasta podría recibir votos de no pocos peronistas históricos desencantados.

Pero, todo ese análisis emerge como demasiado ideal para sus intereses, además de fantástico como para ser cierto o para que se cumpla. Con lo que todo indica que, por el momento, está lejos que algunas de las dos alternativas que maneja De Marchi, como la interna o el armado por fuera, se terminen cumpliendo y se someta a una negociación en donde los radicales lo esperan para recordarle dos cosas: que la coalición así como está puede orillar los 50 puntos o un poco menos; que por eso no hay que tocar nada y que debe ser realista al momento de discutir por los lugares en las listas, porque cuando compitió, no alcanzó, siquiera, la minoría.

La situación en la Nación para Juntos por el Cambio está dominada, entonces, por todo lo que se está dando y se pueda dar en CABA y en la clave provincia de Buenos Aires. La irrupción del neurocientífico Facundo Manes como posible candidato radical para competir con el liderazgo del Pro, ha desencadenado un debate extraño para el macrismo y para lo que no parece estar preparado: por un lado, su principal socio le desafía a un mano a mano para disputarle su autoridad e injerencia nacional como nunca antes, y por otro, se está sometiendo a un enfrentamiento interno en donde el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, irá por el propio Macri, en el convencimiento de que ha llegado su hora y su oportunidad, como la que tuvo Macri en el 2015.

Hasta ahora, el Pro ha sido no sólo un movimiento novedoso que en pocos años de vida llegó a gobernar la Ciudad y de ahí logró saltar exitosamente hacia el control institucional del país, sino también un partido que siempre giró alrededor de una sola figura, al ritmo que le impuso Macri, con sus propios tiempos y hasta su estilo particular. Hoy el escenario es tan diferente para el Pro como son las demandas de la sociedad también muy distintas a las del 2015.

La decodificación de los nuevos reclamos sociales, por fuera –está claro– de la extrema necesidad de salir de la pandemia lo mejor que se pueda, corrigendo todo lo que se pudo haber hecho mal, por acción u omisión, indica que tampoco alcanza con mostrarse como la alternativa republicana al populismo autocrático instalado en el poder: hoy se está reclamando un plan, una idea clara para mover la economía, para generar riqueza, para sacarles provecho a los recursos que se tienen y al potencial con que se cuenta. Porque no queda nada para redistribuir que no sea el resultado de la emisión de una moneda sin valor, el peso, o lo que surja de algún golpe de suerte que mejore el precio de algunos de los productos que Argentina exporte al mundo, como la soja, sus derivados u otros granos.

Frente a lo nuevo que se presenta, hay un Gobierno nacional que parece radicalizarse y refugiarse en los pilares que siempre lo han sostenido: un estado de bienestar generalizado sobre la base de la expansión del gasto público hasta donde encuentre lugar y espacio, y una oposición que por el momento busca configurar nuevos liderazgos. Si consigue dar con aquello de un plan, además de garantizar institucionalidad y demás, habrá dado en la tecla precisa. De lo contrario se seguirá navegando por mucho tiempo más, vaya a saber por cuánto, en las mismas aguas del presente.

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