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7 de julio de 2021
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Opinión

El TEG en donde se juega hoy la política y estrategia electoral de Mendoza

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Rodolfo Suarez, Alfredo Cornejo y Omar de Marchi. Foto de archivo.

Son días de mucha y alta tensión en Cambia Mendoza. Los socios de los radicales, que son quienes dominan a gusto y placer la coalición gobernante provincial desde que la ideara y llevara a la práctica Alfredo Cornejo en el 2015, han coincidido en incrementar la presión sobre el armado de las listas de candidatos, reclamando más protagonismo y presencia.

“No estamos buscando trabajo”, ha dicho en tono sarcástico Gustavo Gutiérrez, uno de los líderes del movimiento que responde a Lilita Carrió, la Coalición Cívica, cuando ha descrito que desde el radicalismo les han abierto el gobierno y las reparticiones para que elijan dónde ubicar a sus representantes, en compensación por no dejarlos intervenir en los lugares entrables de diputados y senadores nacionales, como en los de la Legislatura provincial.

El líder del Pro, el influyente y movedizo diputado nacional Omar De Marchi, representante directo de Macri en Mendoza y del Pro nacional, hace ya bastante tiempo que viene diciendo lo mismo que hoy dice Gutiérrez. A todo eso le agrega que lo que pretende es “un acuerdo razonable”, que sólo él y los radicales que se han sentado a negociar con él o a tener las primeras charlas de negociación conocen en detalle. Pero, de acuerdo con los trascendidos, ese acuerdo que pretende el lujanino podría ser el segundo escaño de senadores nacional como opción de máxima o bien el segundo lugar en la lista de diputados, también nacionales, o hasta que unos de sus hombres o mujeres puedan encabezar algunas de las listas de legisladores provinciales en los cuatro distritos electorales. “Voy a esperar hasta el 14 de julio para decidir qué hacer”, responde De Marchi al consultársele qué camino tomará en caso de que la Unión Cívica Radical le cierre los caminos hacia lo que busca. De Marchi, en verdad, tiene dos alternativas: ir a una interna y someterse a lo que denomina la “picadora de carne radical” o buscar aire por fuera de la coalición. Esta última posibilidad o alternativa, que De Marchi decida romper todo y armar una opción diferente teniendo como objetivo ir a pelear por la Gobernación en el 2023 (su sueño y aspiración última) es lo que está inquietando a todo el oficialismo provincial.

El que marca los tiempos políticos y las estrategias electorales en Cambia Mendoza es, sin dudas, Cornejo. También es el gran armador en toda la provincia. El ex gobernador apela a la practicidad: el frente está bien como está y las encuestas hasta llegan a darnos 50 por ciento de apoyo, entonces ¿por qué cambiar lo que está bien? es la pregunta que suele hacerse. E invita a quienes están insatisfechos a jugarse una carta en la interna. Ese convite está dirigido hoy hacia el Pro de De Marchi y la Coalición Cívica de Carrió y que tiene a Gutiérrez como una de las máximas referencias. Con el resto de los adherentes e integrantes, como una parte del viejo Partido Demócrata (PD), o bien los liberales y republicanos de Recrear y los productivistas que tienen a Rodolfo Vargas Arizu como mascarón de proa, los ha convencido de ir a las PASO y competir con los candidatos del oficialismo frentista.

De Marchi y Gutiérrez vienen hablando hace tiempo con Tadeo García Zalazar (el presidente del Comité Provincia de los radicales), al menos uno de ellos ya lo ha hecho en varias oportunidades con Suarez y, al menos uno de ellos, Gutiérrez, ya comenzó a negociar directamente con Cornejo, el último de todos los estadios que se tienen que sortear. Por ahora, describen las fuentes, no hay nada relevante de tales encuentros. Al menos, nada que a quienes reclaman más generosidad de parte del radicalismo les pueda llegar a satisfacer. Por el momento, algunos escaños legislativos provinciales y no mucho más. Y sí, muchos espacios menores de cargos políticos en el Ejecutivo que no convencen ni a De Marchi ni a Gutiérrez.

Sin embargo, existe un escenario que provoca alguna situación molesta e incómoda en el oficialismo dominado por los radicales: que alguno de sus socios o más, efectivamente, decidan dar un paso al costado de la entente gobernante, para dejar de pertenecer a un tren que ha tenido una marcha exitosa pero que puede estar mostrando algún desgaste.

De Marchi tiene bien en claro que irá por la Gobernación en el 2023. Lo asume como si se tratase del último mundial para un jugador de fútbol en busca de la gloria final. Para eso, hoy no descarta comenzar a jugar ese partido del final. Lo tiene a Gutiérrez dispuesto a prestar su nombre y la estructura de la coalición que le responda y también puede reunir al viejo y tradicional PD que se fue del gobierno hace ya tiempo y lo que está representando hoy el denominado Mendoexit.

Tienen razón en preocuparse quienes avizoran que una fractura de la entente gobernante de tal magnitud sería funcional al kirchnerismo, precisamente lo que todos en Cambia Mendoza rechazan y enfrentan. El viejo operador peronista de todos los gobiernos justicialistas –incluso de buena parte del primero, segundo y de parte del tercer kirchnerismo en el gobierno–, Juan Carlos Mazzón, solía alimentar segundas o terceras opciones en las agrupaciones adversarias que enfrentaba el Partido Justicialista para debilitarlas. Celso Jaque llegó a ser, en buena medida, el resultado de algunas de sus estrategias, manteniendo vivo a un sector del peronismo mendocino que no quería saber nada con el acuerdo entre Néstor Kirchner y los radicales de Julio Cobos. Hay más ejemplos, claro.

Será por ese sueño de posible división o fragmentación del voto que naturalmente es del oficialismo, que el kirchnerismo se ha esperanzado y llenado de gozo con la aparición del Mendoexit, a quien alienta solapadamente en las redes y a quien sus referentes no dejan de mencionar alentando al novedoso movimiento provincial en su cruzada. Están convencidos, por supuesto, de que una oferta de esa naturaleza les aumenta las chances que tienen de ir por una buena o digna elección.

Si De Marchi, Gutiérrez, el PD, el Mendoexit y compañía logran, finalmente, construir una opción política seria, en el oficialismo se incrementarían las preocupaciones y en el kirchnerismo, por el contrario, se alimentaría alguna que otra posibilidad de soñar en grande.

Pero todo no queda ahí: quienes fogonean con más entusiasmo este acuerdo como tercera fuerza en discordia sostienen que el oficialismo no tendría que temer al nivel de la desesperación por una posible pérdida del poder, sino más bien que quien debería poner las barbas en remojo debería ser el kirchnerismo, que podría quedar relegado al tercer lugar. Dicen tener encuestas que van en ese sentido, como una que indica que casi un tercio de los votantes se encolumnaría con los candidatos del Gobierno, un poco menos de un cuarto con el kirchnerismo y casi la misma cantidad de votos se iría con una tercera fuerza republicana sin que se haya lanzado una campaña electoral ni se haya explicado lo que proponen en concreto. En ese caso, el mar donde pescar sería el que manda hoy, con un porcentaje de indecisos o indefinidos muy importante.

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