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17 de noviembre de 2021
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Opinión

El PJ y su destino: volver a ser lo que era, cómo y con quién

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El inevitable debate interno y a fondo que se tiene que dar el peronismo luego de la quinta derrota electoral al hilo que ha recibido en la provincia desde el 2013 hasta el domingo, ha comenzado, pese a que parezca ser todavía demasiado temprano y el golpe recibido el domingo sea muy reciente.

Algunas de las primeras interpretaciones ya se han hecho públicas, como la del intendente de Lavalle, Roberto Righi, quien se ha lamentado de la estrategia que llevó adelante la conducción del movimiento, la que, a su criterio, dejó mucha dirigencia, gente y votantes afuera. También lo ha hecho la principal destinataria de sus dichos, Anabel Fernández Sagasti: la senadora nacional reconoció que la nueva etapa de cara a la reconstrucción del justicialismo debe incorporar nuevos actores.

“Cada elección configura una nueva etapa hacia el futuro de cada partido. En el peronismo empieza una nueva etapa. En esa nueva etapa yo quiero ser una más. Necesitamos nuevos actores construyendo el proyecto provincial. Contarán con todo el apoyo del partido”, escribió en un tuit mientras hacía declaraciones radiales.

La decodificación que está haciendo el PJ del último resultado electoral da cuenta de que, para muchos, en donde se encuentra ubicada la mayoría de la dirigencia tradicional, la cercana a los intendentes, y donde quizás no está incorporado el kirchnerismo ni tampoco la Cámpora porque no hacen pie en esos ámbitos, la derrota alcanza el mote de “catastrófica”.

Se trata de la peor derrota desde 1983 a esta parte. Y no exageran. Sólo les basta recorrer el comportamiento que han tenido sus candidatos y su oferta política en el Gran Mendoza en donde la diferencia que les ha sacado el oficialismo en cada una de las comunas en algunas superó los 40 puntos. Para desechar las visiones negativas en las impresiones que cosechan en la discusión interna, el kirchnerismo se apoya en que a nivel legislativo salvó las bancas que ponía en juego. Tal postura intenta disimular que, en las comunas más importantes y habitadas, en las que se define no sólo una elección legislativa como la del domingo sino la de la gobernación cada cuatro años, el kirchnerismo conduciendo al otrora poderoso peronismo sólo alcanzó una banca de las que estaban en juego, con la excepción de Las Heras en donde alcanzó dos bancas. Y aquellas que perdieron las terceras fuerzas, las que llegaron fragmentadas como nunca antes a este examen electoral, las ganó Cambia Mendoza.

Lo propio ha ocurrido en la Legislatura, aunque desde el entorno de Fernández Sagasti se señale que se retuvieron los lugares en juego. Sin embargo, las 12 bancas que el oficialismo les sacará de diferencia en Diputados y las 10 en el Senado son la consecuencia de una paliza que pocos imaginaban de tal magnitud.

En el peronismo todos tienen su cuota de responsabilidad. Aquello de todo lo que se ufanaba hasta algunos años atrás, de tener un timing especial y particular para detectar los problemas más comunes para la sociedad y aportar soluciones rápidas, está claro que lo ha perdido el PJ. Ese estado de situación que se fue manteniendo con el tiempo se agravó con la conducción del kirchnerismo. Esa es una de las conclusiones más contundentes que se escuchan filas adentro, en la dirigencia, en las intendencias que todavía controla.

Cuando la diputada nacional camporista Marisa Uceda, el domingo luego de las 18 tomaba el micrófono en la sede partidaria para dar a conocer las primeras impresiones de la derrota que ya se veía venir, sorprendió con aquella declaración de que de acuerdo con la información de sus fiscales se estaban alcanzando los objetivos que se habían trazado.

Pero, la historia de los objetivos para esta elección hay que buscarla en el 2020, durante los meses en los que la pandemia de COVID golpeaba muy duro a los argentinos y, claro está, en la provincia. Eran tiempos en los que el presidente Fernández cosechaba la imagen más alta de la que se tenga memoria, con un 80 por ciento o más de los argentinos apoyando sus medidas. En Mendoza, pese a no ser un territorio afín a la cuarta administración del kirchnerismo en la Nación, uno de los estrategas consultado por la conducción del peronismo les prometía trabajar en una campaña exitosa y positiva y aunque no garantizaba una victoria para las elecciones de medio término del 2021, entusiasmaba con un porcentaje del 40 por ciento para la elección.

Con el paso del tiempo ese número se fue corrigiendo en la misma medida en que bajaba la imagen positiva del presidente. Algunos días antes de las PASO el porcentaje al que se aspiraba ya oscilaba entre el 35 y el 36 por ciento. Y para las horas previas al examen del domingo, la fecha por todos esperada con ansiedad, el kirchnerismo abrazaba el sueño de los 30 puntos. El resultado resultó ser muy duro, mucho más de lo esperado.

No se sabe muy bien cuál será la estrategia de Fernández Sagasti para permitir que aparezcan los nuevos actores como dice, ni qué hará su conducción para apoyarlos, como lo ha manifestado. Tampoco cuál será el rol que cumplirá frente a un 2023 que parece no tenerla en sus planes para la gobernación; no porque no lo pretenda ni lo ansíe ni deje de soñar con ello, sino porque, luego de dos intentos fallidos, en el peronismo crece y se instala la idea de ir por otro lado, por otra propuesta y por otra cosa, en definitiva. Sin que se sepa nada del nuevo lado, de la nueva propuesta o de cualquier otra cosa. Lo único que crece con un grado de convicción importante, y de adhesiones, es que, con las mismas armas y los mismos actores, como dice la senadora, no podrá ser.

Y una muestra de toda esa convulsión interna en la que se encuentra el peronismo –como debe ser si pretende volver a encantar almas y corazones–, puede que se observe hoy en los actos por los festejos del Día de la Militancia. Porque, como era de suponer, no habrá uno, sino varios o al menos más de uno: al de Santa Rosa, el oficial y convocado por la conducción a varios kilómetros del Gran Mendoza se le sumará el de Godoy Cruz, en la sede partidaria, al que han invitado aquellos que se enfrentaron a la Cámpora en el departamento y que no asistirán al Este. Qué harán los intendentes; adónde irán, o quién lo hará a uno o a otro, configurará una interesante tarea de semblanteo y de primeras certezas de los nuevos alineamientos.

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