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18 de abril de 2022
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Opinión

El mito de la unidad peronista

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Si las PASO del 2023 se adelantaran y se hicieran, por caso y de forma caprichosa por estos días, es muy probable que en el peronismo mendocino se protagonizara un duro enfrentamiento interno entre peronistas ortodoxos, tradicionales, no kirchneristas contra La Cámpora liderada por la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, a la vez presidenta del partido en la provincia.

“Es un mito lo de la unidad, lo único claro en Mendoza es que debe haber una interna”, le atribuyen haber dicho, algún tiempo atrás, a Rodolfo Gabrielli, el ex gobernador que siempre ha demostrado predisposición para moverse e influir en la organización interna del peronismo provincial para recuperar algo de su otrora encanto, desde que se alejó del poder, tras aquellas gobernaciones de Celso Jaque y Francisco Pérez, durante parte de la primera y segunda década del nuevo siglo. 

El punto es que, al menos hoy, los dos sectores en pugna en el peronismo cuentan, como cualquiera, con fortalezas y debilidades: los no kirchneristas, que podrían estar alineándose detrás de los intendentes Roberto Righi y Emir Félix, estarían teniendo como debilidad un problema más o menos serio de armarse bien y competitivamente en todo el territorio. La Cámpora de Sagasti, según describe un viejo conocedor de la movida peronista y de su rosca en la provincia, en ese punto les saca a su rival varios cuerpos de ventaja por recursos y organización. La debilidad camporista, claramente, pasa por su pertenencia de paladar negro al kirchnerismo, hoy cristinismo, lo que agrava su situación y adelgaza sus chances. La fortaleza de los no K se circunscribe precisamente en eso, en poder construir desde los escombros que dejó el peronismo tradicional, aquel que logró representar en buena medida el sentir mendocino, la esencia y la idiosincrasia provincial.

Ahora bien, quienes tienen los recursos y la posibilidad de mostrar y extender su potencial en toda la provincia y que han pretendido ser desde que emergieron a nivel nacional, diez años atrás, como esa suerte de revival de los 70 –ahora con las cajas más importantes de la estructura del Estado nacional, antes con los fierros–, reconocen que, si sus adversarios logran recomponerse, podrían derrotarlos. Y quieren evitarlo. Por eso se cree que Fernández Sagasti hará lo posible por evitar la interna y presentar al candidato que surja para enfrentar a Cambia Mendoza, como el resultado y la síntesis de un peronismo unido, de un único peronismo mendocino.

Esa experiencia de la unidad, que todos saben que es ficticia, podría dar una primera respuesta en las elecciones departamentales que, se cree, serán desdobladas por decisión de los intendentes. Precisamente, para darle valor a la gestión, las seis comunas peronistas están cerca de decidir el adelanto de los comicios en sus territorios, alejándose del mal clima nacional, si es que persiste la actual situación, y desengancharse, por supuesto, de la influencia del Gobierno provincial. Y en esa instancia se tendrá que seguir de cerca lo que haga Matías Stevanato en Maipú, un caso especial. Stevanato dice estar absolutamente concentrado en la gestión. Los números de satisfacción sobre su gobierno son altos pero no le garantizan un triunfo. Los radicales, con todas sus figuras, buscarán arrebatarle ese departamento y conseguir por primera vez allí una victoria en toda su historia. Por el mismo objetivo irán en San Rafael, aunque en ese departamento del Sur la tienen más complicada. Stevanato cree necesitar de todo el peronismo junto y unido para ratificar su gobierno y la continuidad del mismo. Y si bien no adhiere al kirchnerismo puro y duro, evita romper con La Cámpora por varias razones: una de ellas es que pueda perder los buenos oficios de la poderosa senadora nacional en el reparto de los recursos y las obras que puedan bajar y ser financiadas desde el Gobierno nacional. Pero sabe que los radicales apuntarán en su campaña a ese costado, que es más K que peronista tradicional, y que detrás de las apariencias se esconde La Cámpora, Fernández Sagasti y Cristina, todo lo que –según los sondeos y el resultado de las últimas elecciones provinciales–, no quieren los mendocinos. Maipú, con ese escenario, entonces, podría significar un gran banco de pruebas de lo que podría llegar a ocurrir a nivel provincial si el peronismo no termina definiendo lo que quiere ser.

Casi una semana atrás, en Guaymallén, el peronismo no K dio un primer paso hacia lo que entiende debe ser una recuperación en todo sentido. Con Roberto Righi al frente y Emir Félix acompañando desde su proceso de recuperación tras haber sido afectado por una muy agresiva neumonía, alrededor de 300 dirigentes y militantes se prometieron ir por el nuevo objetivo. De la partida fueron el anfitrión Rafael Moyano, el sureño Gustavo Perret, el godoicruceño Mariano Martínez, Gustavo Valls, Daniel Gómez, el alvearense Guillermo García, Gabriela Segovia, Luciano Sisti, Juan Carlos Álvarez y Juan Carlos Villegas, entre otros. La movida fue difundida como un “peronismo para Mendoza”, una referencia clara contrapuesta a lo que representa Fernández Sagasti y La Cámpora con su pertenencia a Cristina Fernández de Kirchner y a un modelo nacional que no cuaja en la provincia.

Y fue Moyano, el senador provincial y uno de los organizadores del mitin en Guaymallén, el que ha intentado mostrar el camino sin amagues ni indirectas. El jueves, en medio de la Semana Santa, escribió en su cuenta de Facebook: “Nosotros no bajamos las banderas, somos peronistas. Hoy el espacio denominado ‘K’ en Mendoza no nos representa, no nos abarca, no nos comprende en la mirada que no es de opinión solamente, sino que tiene base en la ‘Comunidad Organizada’ en valores trasvasados de ‘Conducción Política’ de Juan Domingo Perón”. Y agrega: “Una agenda en base a los intereses de las candidaturas, sin proyecto para la toma del poder, que busca sólo discutir cargos y con la mirada puesta en las minorías, aunque conduzcan el partido no implica que sea la voluntad de la mayoría del peronismo. Seguimos avanzando, no dejamos nuestras convicciones. Estamos vivos, no nos van a jubilar, aún tenemos mucho por dar, es hora de retomar y conducir el proyecto que legamos”.

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