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26 de abril de 2021
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Opinión

El infantilismo en la política

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La llegada a Mendoza, del ministro de Desarrollo Productivo nacional, Matías Kulfas, mañana, para avanzar con el Gobierno de la provincia en un sistema que promueva las inversiones y genere nuevos empleos con fondos de la Nación, se constituirá en una estación más de ese tire y afloje en el que se ha convertido la relación entre la Nación y la Provincia desde que Alberto Fernández llegó a la Presidencia a fines del 2019.

La visita del funcionario será la manifestación más acabada y cierta de que la Provincia no debe dejar resquicio sin cubrir ni grieta sin sellar por la que se pueden llegar a filtrar beneficios fiscales previstos para otras provincias sin que Mendoza esté dentro de las bendecidas. Desde la oposición peronista en la Provincia, el oficialismo en la Nación, se sostiene que el Gobierno de la provincia debe trabajar en los pasillos de la Casa Rosada, que debe trajinar en los despachos de los legisladores reclamando a viva voz un trato similar al del resto de las provincias que son objeto de beneficios fiscales que surgen, hay que decirlo, del esfuerzo y sacrificio de los argentinos que pagan sus impuestos religiosamente, sean adinerados o no, tenga un buen pasar o no, o dispongan de la posibilidad de liquidar exportaciones pagando, a su vez, las retenciones que manda el Gobierno nacional, popular y federal, si es que se quiere acceder a regímenes que beneficien a sus empresarios como ha sido el caso de las provincias del Norte Grande, diez en total, en las que las empresas que tomen nuevo personal tendrán una reducción de los impuestos patrimoniales de manera considerable.

Hay que decirlo de una buena vez: no hay que andar llorando por los pasillos de la Rosada ni mucho menos mendigando en los despachos de los legisladores nacionales, para lograr estar incluidos en un programa de beneficios fiscales que incentiven a las empresas a generar empleo o para que amplíen sus horizontes de inversiones.

Pensar de esa manera o aceptar tales métodos como parte del sentido común del accionar de la política no es otra cosa que permanecer en tiempos antediluvianos y propios de aquellos en los que el pensamiento habitual y normal era aquel en el que el poderoso daba y recibía en consecuencia su beneplácito. Nada más fuera de lugar y de época; nada más propio de la subestimación ciudadana en la que el político dadivoso cree que es reconocido como tal, como el que logra sacarles agua a las piedras, hacer caer maná del cielo y multiplicar hacia el infinito los panes y los peces.

Mal que le pese a la oposición mendocina escuchar o leer esto, no va por buen camino cuando festeja y celebra a niveles de mojada de oreja que con fondos nacionales se haya conseguido financiar un sistema de tratamiento de basurales o de residuos domésticos en el Valle de Uco gracias a la gestión de tal o cual legisladora, intendente o funcionario o funcionaria del Gobierno nacional. No le sirve por la simple razón de que, con iniciativas parecidas, como aquella proyectada para el Gran Mendoza y que se conoció como GIRSU, se pusieran trabas e impedimentos aduciendo cuestiones vinculadas con el endeudamiento en un aspecto y con que se estaba pensando en una solución a los problemas residuales del Gran Mendoza que ya se encontraban perimidos, antiguos o fuera de escala para lo que se requería. Con lo que no hubo nada, ni recursos para construir la planta ni una posibilidad para mejorar el proyecto a cambio de un voto favorable a la inversión que se necesitaba.

Puede que la presencia de Kulfas mañana en Mendoza tenga que ver con aquella queja del gobierno de Suarez cuando advirtió, algo tarde, que las provincias del Norte Grande recibirían beneficios incluidos en un sistema muy parecido a ese que le hizo tanto daño a Mendoza, el de la Promoción Industrial en las provincias vecinas, que tuvo sus años de gloria entre los 80 y los 90, y entonces resolvió exigir un trato similar o parecido.

La pregunta es ¿a quién tranquiliza que ante la entrada en vigencia de un sistema que beneficia a unas provincias y perjudica a Mendoza se tenga que salir rápidamente a pedir un trato similar porque, de lo contrario, se sufrirán graves consecuencias o cuando permanentemente aparecen maniobras por el estilo y que quedan supeditadas al buen criterio o ánimo y disponibilidad del Gobierno nacional? A nadie puede dejar tranquilo un sistema que se basa en la discrecionalidad y en las diferencias políticas, por sobre todo, para determinar qué políticas y cómo aplicarlas.

El Gobierno nacional se ha dejado llevar, al menos en Mendoza, por los dimes y diretes de la política partidaria. Lo ha hecho desde siempre, al menos desde que comenzó a gobernar la actual coalición en diciembre del 2019. Está claro que la estrategia del kirchnerismo ha sido darle visibilidad, por medio de un empoderamiento artificialmente concedido, a sus principales figuras, entre ellas, a la de la senadora Anabel Fernández Sagasti, a quien se la sindica como una suerte de gobernadora paralela, la que resuelve los problemas más complicados y que abre y descifra los entuertos más cerrados.

Más obviedad no se puede conseguir en el modo de la política de estos tiempos en los que, se suponía varios años atrás, estas prácticas estarían ya desterradas. Pero, el infantilismo ha dominado la política de los años de la pandemia, ya no sólo en la forma y manera de indicarles a los ciudadanos qué hacer y no frente a la segunda ola de coronavirus, sino extendido, ese estilo y ese método, a las decisiones de gobiernos provinciales y a lo que se disponga hacer y que dependa, en parte o en un todo, de una administración provincial que no es del gusto de la nacional.

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