access_time 07:15
|
7 de octubre de 2021
|
|
Opinión

El fantasma de la década perdida

https://elsol-compress-release.s3-accelerate.amazonaws.com/images/large/1601487346032comercio%20horario%20extendido%203.jpg

El Banco Mundial (BM) le ha advertido a la región latinoamericana que, de no tomar ciertas y determinadas medidas de corrección a su rumbo económico, todos sus países –o la mayoría– podrían volver a transitar por las penurias y catástrofes sociales que se dieron cita en los 80, período que pasó a describirse y denominarse como la “década perdida”. En el caso de Argentina, en particular, las consecuencias de aquel desastre bien pudieron hacerse presentes un poco antes, al irrumpir la salvaje dictadura militar de 1976 en adelante, y sus efectos –siempre perniciosos y nocivos– se mezclaron con la recuperación de la democracia, de la mano de Raúl Alfonsín, época en la cual los argentinos comenzábamos a celebrar para siempre la primavera institucional y la vuelta de los derechos, de la dignidad y de la libertad plena. Aunque, se sabe, el país no supo, no quiso o no pudo impregnar de ese ánimo, de ese empuje y del impulso de las transformaciones que se encararon colectivamente al campo de la economía, al del crecimiento y al del desarrollo.

Lo que ha hecho público el BM es su previsión sobre el crecimiento de la región y, en particular, para Argentina ha previsto que su economía se expandirá el próximo año 2,6%, casi la mitad menos de lo que ha calculado el gobierno de Alberto Fernández. Sobre el conjunto ha manifestado que, tras la crisis producida por la pandemia, nuestros países crecerán menos que el resto del planeta porque son más débiles y vulnerables y, de no hacer “transformaciones estructurales urgentes”, se podría enfrentar un escenario comparable con el de la crisis de la deuda de los años 80. Lo que ve el BM, de acuerdo con la interpretación que ya están haciendo los especialistas económicos de Argentina y otros de Mendoza, es que una suba de la tasa en EEUU, el incremento del valor del dólar en todo el mundo y un posible aumento de la inflación también en EEUU –que actualmente se encuentra en niveles cercanos a 5% anual– podrían conformar un cóctel que perjudique la exportación de los commodities del país y de los productos mendocinos. En aquellos años, la economía mundial, con la influencia inocultable de EEUU, había decidido crecer sobre la base de fomentar la oferta: los impuestos bajaron, la economía creció y también el consumo. Pero los países no pudieron controlar una escalada inflacionaria que sólo en EEUU llegó a manifestar picos de 15 a 20 puntos anuales.

Claro que Mendoza ha tenido y sufrido, a la vez, sus varias décadas perdidas. En los últimos diez años, todos los informes y relevamientos afirman que su economía no ha crecido. El empleo formal y registrado se ha estancado, lo que no deja de ser, en un contexto muy complejo, de alguna manera, una buena noticia. Porque pudo haber sido peor a la luz de todos los males que se abatieron sobre la provincia. Una mirada que bien puede explicarse con el extendido dicho: mal de muchos, consuelo de tontos.

Si se baja el nivel de análisis a la provincia, esas transformaciones tienen que apuntar a una reforma impositiva que ha empezado pero que no llega a ser significativa todavía. Cuando el gasto comenzó a expandirse, los gobiernos que permitieron y hasta propiciaron ese crecimiento debieron financiarlo. La forma para lograr un mayor ingreso para las provincias, porque no cuentan con la herramienta de la emisión que sí tiene la Nación, se da por dos vías generalmente: endeudamiento y aumento de impuestos. Y las dos cosas ocurrieron en Mendoza. A veces se dieron una por vez, pero otras actuaron de manera combinada.

Hacia el 2010, Mendoza no había tocado esencialmente la alícuota de Ingresos Brutos (IIBB), de todos, quizás, el impuesto más regresivo de todos los que gravan la actividad económica y que le impiden crecer a un ritmo razonable.

El 2011 pasó del 2,2% al 2,3% y de ahí en más fue escalando sostenidamente hasta el 3,8% en el 2016. La secuencia indica que, en el 2012, la alícuota de este impuesto ya se encontraba en 3,2%; en el 2013 llegaba a 3,6%; en el 2014 y en el 2015, estaba en 3,7%. Del 2017 en adelante comenzó a bajar hasta el 3,3% de la actualidad, un punto por arriba de lo que se encontraba exactamente hasta el 2011. Aquella década se iniciaba con un fuerte gasto público provincial, acompañando un contexto nacional en donde el enfrentamiento político e ideológico se acentuaba dividiendo en dos a la sociedad argentina como pocas veces había sucedido en los años anteriores. Y también con dos modelos en pugna. Se venía, además, la crisis del 2008 y 2009, que traería sobre el territorio argentino y de Mendoza, claro está, sus efectos con algo de retardo.

El actual gobierno en Mendoza defiende por estas horas su política impositiva y económica en general. Lo hacen los ministros del gobernador Rodolfo Suarez en la Legislatura con la discusión presupuestaria. Pero sigue siendo poco y escaso lo hecho. Las rebajas impositivas no han sido sustanciosas, pero como no hubo aumento de impuestos, el déficit que se acarrea por años debió ser financiado con deuda. El momento es crítico: hay que pagar la deuda, los servicios de esa deuda y seguir estimulando la economía sin subas de alícuotas de los impuestos. El empleo público no ha crecido en cuatro o cinco años, pero sí las necesidades sociales por las que el Estado ha tenido que responder. La pandemia y sus consecuencias han hecho el resto.

El Gobierno provincial apunta a la macroeconomía, a los niveles altos de inflación y a la falta de recuperación económica nacional como los males que acechan a las pymes mendocinas, a sus empresas y a toda su actividad. En parte, algo de razón tiene. ¿Pero, por qué sus medidas de estímulo, como el Mendoza Activa I y II, más el programa Enlazados no mueven la aguja de la creación de empleo? Respuestas hay varias, aunque, quizá, las más acertadas sean el nivel de IIBB, que sigue siendo pernicioso para la inversión, y que es insuficiente el aporte que hace el Estado en sueldos mínimos por seis meses que ofrece a los nuevos empleos que toman las empresas. Sirven, pero no resuelven el problema. ¿Cuánto tiempo más la provincia aguanta moverse a media máquina y sólo llegando hasta mitad de camino? ¿Quién lo sabe?

SEGUÍ LEYENDO:

Diario El Sol Mendoza. Domicilio: La Rioja 987, M5500 Mendoza. Argentina. Director Periodístico: Jorge Hirschbrand. © Copyright Cuyo Servycom SA 2020. Todos los derechos reservados.