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7 de septiembre de 2021
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Opinión

El eslabón perdido de las campañas

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Un candidato que trata de traidor a otro competidor adversario y al que, a la vez, invita a tomarse un café en la peatonal mendocina para ver quién de los dos se la aguanta más o a quién de los dos los vecinos insultarán.

Otro que afirma que su rival directa en la contienda no es más que una representante dilecta de un Gobierno nacional que ha marginado constantemente a Mendoza desde que arrancó la gestión.

Otro que asegura que será tan buen legislador que hará olvidar rápidamente al que prometió el oro y el moro desde un lugar, pero que rápidamente saltó de vereda, cobijándose en el calor del poder oficialista al que criticó para llegar.

Otro que detalla con pelos y señales inequívocas y que ventila, a la vez, una friolera de más de 700 millones de pesos que los tres senadores nacionales mendocinos gastaron en sueldos de sus asesores en los años que llevan de mandato; más una candidata opositora que reúne en un solo spot los mensajes de agradecimiento hacia su persona de los intendentes oficialistas por gestiones y trámites que les facilitó en el pasado reciente son algunas pocas muestras y ejemplos de por dónde pasó la campaña electoral que ya está culminando, hacia las PASO del domingo en Mendoza.

Una de las incógnitas que siempre se han apoderado de un candidato lanzado en una campaña para seducir y conseguir la adhesión de los votantes ha sido, precisamente, el tipo de campaña a construir, alumbrar, estructurar y llevar adelante. El cómo llegar a la fibra íntima del elector, de qué forma y manera, con qué mensaje, con qué discurso, qué decir y cuándo, en qué contexto o qué conviene más, si ser políticamente correcto o incorrecto, han desvelado por siempre a los publicistas que trabajan con los aspirantes.

Antes de que comenzara el camino previsto para el encantamiento de voluntades que debían iniciar los frentes electorales, tanto oficialismo como oposición estudiaron el escenario y, para definir sus propias estrategias de campaña, se esforzaron por imaginar lo que haría el rival de enfrente. Ambos creyeron que el rival se radicalizaría en su contra, entonces decidieron mostrarse como la contraparte de aquello que se vería como un mensaje violento y agresivo, que en Mendoza no garpa. Suarez, Cornejo, Cobos y compañía se pusieron la mano en el corazón en señal de que llevan a Mendoza en lo más profundo de sus pensamientos, sentimientos y rezos. Fernández Sagasti y Bermejo, sus retadores, como estaban convencidos de que el oficialismo saldría a castigarlos duro por el vínculo con el kirchnerismo, por su relación con la prepotencia y el avasallamiento de las instituciones, pues, decidieron mostrarse optimistas, esperanzadores, cercanos a todos y al mismo nivel del ciudadano de a pie, e invitaron a todos a bailar y cantar porque la vida es corta y, pese a las dificultades, hay que llevarla de la mejor manera.

La nada misma en las dos estrategias. Luego cambiaron, como seguramente lo harán de cara a las generales de noviembre, una vez que se conozca el resultado del domingo, hagan un relevamiento y mitigación de los daños, corrijan lo que tengan que corregir y avanzar hasta el escenario de la batalla final. Un oficialismo cuidándose de las equivocaciones que le hagan dar un mal paso, moviéndose sigilosamente, buscando pasar desapercibido, evitando hacer olas, y la oposición sabiendo que las cartas ya se repartieron, que difícilmente lo que ideen en tres días pueda torcer la situación que le marcan las encuestas.

Las minorías, en cambio, debieron esforzarse mucho más. Los terceros en discordia, invisibilizados por la polarización, obligados a llamar la atención fueron más al hueso. Y tuvieron que exponerse a lo que se cree que el mendocino medio rechaza, a lo que se conoce como una campaña negativa. “Sí, claro que la campaña es negativa, es cierto. Pero alguien tiene que decir lo que está mal de verdad y se esconde”, respondió uno de los estrategas y a la vez candidato de una de las fuerzas que lucharán el domingo por superar el filtro de la PASO y convertirse en una alternativa distinta.

El decir las cosas como son y contar y describir lo que supuestamente no se quiere escuchar ha sido el camino de quienes hoy están peleando por ese espacio que supo ocupar José Luis Ramón hasta poco tiempo atrás, antes la izquierda con Nicolás del Caño, mucho más atrás el recordado y desaparecido ex fiscal Aldo Giordano o el que por décadas tuvo el histórico Partido Demócrata que hoy ha vuelto de la mano de uno de estos movimientos.

Los problemas del momento siguen ahí. Son los mismos, o más agravados aún, que los que se padecían cinco, diez o quince años atrás. Con lo que las campañas no sirven para mucho más que para ratificar lo que se sabe que no es o, dicho de otra manera, lo que muestran no es en verdad, porque la realidad de lo que son estaría pasando por otro lado.

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