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28 de abril de 2021
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Opinión

Dominados por las emociones, abandonados por la razonabilidad

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¿Se trata de una creencia, de un convencimiento por sí nomás, o está justificado sobre la base datos e informes objetivos que lo confirman? ¿Por qué desde la Nación y de forma permanente y sin cambios, cuando se habla de Mendoza sobre la situación de la pandemia, se dicen cosas diferentes de las que el Gobierno de la Provincia informa habitualmente todas las semanas?

¿Qué tipo de competencia y con qué fin juega la Nación al contradecir a la Provincia sistemáticamente cuando se dice, generalmente bajo la aseveración de un funcionario sin identificar, en off, que Mendoza está yendo hacia un abismo irremediable si no se toman medidas duras en vez de las “light” que son anunciadas de tanto en tanto por el Gobierno de la Provincia tras un consenso previo con los intendentes provinciales?

¿Qué información están manejando el presidente Alberto Fernández, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, o el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, sobre Mendoza que los mendocinos no sepan o que sea diferente de la que se difunde y se tiene en la provincia?

¿El gobierno de Rodolfo Suarez se está suicidando por no cerrar y blindar la provincia, apagar lo poco que queda en pie de la economía, suspender el dictado de clases presenciales en todos los niveles, cerrar la prestación de servicios de la administración pública, mandar a todos los empleados públicos a la casa, decretar la prohibición de circulación de las personas y ordenar un toque de queda absoluto?

¿Qué tipo de patología irresponsable se ha apoderado de un Gobierno provincial y de sus intendentes, cualesquiera sean y del color político que sean, que han decidido seguir otro camino distinto del “sugerido” y que sólo sustenta en el hecho de quedarse encerrado como en épocas prehistóricas, aguardando la llegada de la ayuda dadivosa del Dios Padre Nación, el que cuando proveyó, en una situación similar durante el año pasado, lo que aportó no alcanzó siquiera para sobrevivir o mantenerse en pie?

¿Cuál es el negocio, el interés o el beneficio político de persistir –con la segunda ola de coronavirus ya declarada y que requiere respuestas inteligentes e integrales– en una serie de declaraciones públicas, oficiosas, en on o en off, colmadas de mensajes apocalípticos que vaticinan el fin de los tiempos en vez de observar el escenario, sus complejidades y empatizar con todos los que la pasan mal y aportar a las soluciones, más que al rosario interminable de problemas?

La política mendocina y el comportamiento de algunos de sus protagonistas han dejado bien claro el lugar y el rol que cumple cada uno y que confirma aquella premisa del teorema de Baglini que afirmaba que, mientras más lejos se está del poder, más liviano o más irresponsable se puede ser con las declaraciones, afirmaciones, promesas y aportes.

Pero, amén de esa máxima, que tiene tanta vigencia en la Provincia con las fuerzas políticas que le dan vida como en la Nación, hay un hecho incontratable que hoy parece estar dividiendo aguas en la oposición entre los que gobiernan –los intendentes,– y los que no; dos fuerzas en tensión: una que busca no sin esfuerzo encontrarle los puntos en común al combate de la pandemia, con todos sus problemas adentro sin que ninguno se escape y esperando hallar respuestas a todo lo que se pueda, versus la que se encierra detrás de las posibles soluciones a uno solo, el sanitario pura y exclusivamente, de los innumerables enigmas que desparramó la peste que logró dominar al mundo y que lo tiene atenazado desde más de un año atrás.

Las respuestas son integrales y variables, flexibles y para nada rígidas, algunas fugaces, transitorias y otras permanentes. La experiencia de otros países ha demostrado que aferrarse a ese conjunto de soluciones que se utilizaron el año pasado en Argentina no sólo no dio los resultados esperados, sino que, además, agudiza los problemas de las consecuencias económicas que deja tras de sí el virus del coronavirus, con las nuevas variantes que han aparecido, mucho más violentas y descontroladas que la original.

Quizás, algún sector de la oposición debería preguntarse por qué razón alguno o algunos de sus representantes, los que gobiernan, como alguno o algunos de sus intendentes no parecen pensar lo mismo que los que, en medio de una excitación extraña y llamativa, reclaman un rumbo diferente del que la realidad integral y real, esa que surge de combinar los problemas sanitarios, psicológicos, económicos, sociales y culturales, está mostrando minuto a minuto, hora tras hora, día tras día mientras se gestionan, en un mar infecto y agitado, las consecuencias de una peste que se muestra indómita e interminable. Indómita, interminable y, quizás, más dolorosa que como se presentó en otras naciones, en otros estados que, tal vez con los mismos recursos que en estas latitudes, tuvieron creatividad, visión y menos soberbia para enfrentarla.

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