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15 de septiembre de 2021
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Opinión

Día clave: todas las miradas en el petróleo, las naftas y el gas

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Sólo por trascendidos y algunos rumores, el nuevo sistema al que apostará el Gobierno nacional para incentivar y aumentar la producción de hidrocarburos en el país estará basado en un plan diverso de subsidios que bajen los costos de las empresas y las estimule a extraer el crudo, además de permitirles que sobre un porcentaje de las exportaciones que realicen puedan contar con la libre disponibilidad de las divisas que obtengan y poder girarlas al exterior, en donde radican sus bases madre.

Este plan –que será develado hoy por el presidente Alberto Fernández en un acto junto con gobernadores, los líderes de las compañías, sindicatos y empresarios pymes, y que ha provocado una expectativa inusitada en todo el sector– en principio no parece entusiasmar en buen grado a Mendoza, la que asistirá al encuentro con más intenciones de saber de qué se trata el nuevo giro de la política nacional de hidrocarburos que a esperar beneficios para la explotación de sus recursos.

Pese a la prudente y cautelosa expectativa de la delegación mendocina, que hoy estará representada en la Rosada por el ministro de Economía y Energía, Enrique Vaquié, se ha filtrado que el programa de subsidios podría alcanzar al nivel de la refinación de combustibles y, en ese caso, se podrían ver beneficiadas las inversiones en la refinería de Luján de Cuyo, la más moderna del país. La otra se encuentra en La Plata.

El proyecto de promoción, también conocido como la nueva ley de hidrocarburos del cuarto gobierno kirchnerista, en verdad está focalizado en el incentivo de producción para las empresas a las que también se les va a permitir exportar más ampliándoles el cupo y hacer uso, como está dicho, de una parte de las divisas que generen. Si fuera sólo eso, Mendoza no estaría comprendida en los incentivos, porque las empresas que están establecidas en sus áreas destinan toda su producción a la refinería de Luján de Cuyo. No exportan. Pero, si se anuncia una extensión de los subsidios al refinado, la planta mendocina podría recibir inversiones varias veces millonarias en dólares para potenciar lo que ya tiene: el sistema más moderno del país que permite adaptar la calidad de las naftas a los estándares que se utilizan a nivel internacional vinculados con la ecología y el cuidado del ambiente.

Como sea, hoy se develará el misterio de lo que quiere hacer Fernández con el sector y con el manejo de un recurso estratégico y que tiene a YPF como su estandarte. También se conocerá algún posible cambio de rumbo o corrección de las políticas, si es que existen, ambas, tras la derrota electoral del domingo en las PASO. Todo será posible de semblantear en un contexto en donde parte del elenco gobernante, quizás la más poderosa y relevante de todas, la que controla Cristina Fernández de Kirchner, tiene bajo la lupa a todo el gabinete del presidente, aunque el área energética, como se sabe, tenga a referentes enviados por el Instituto Patria.

Está claro que el plan fue demorado por la aparición de la pandemia de coronavirus, al comienzo del 2020. Durante la campaña electoral, en el 2019, el economista Guillermo Nielsen, en el que confiaba Fernández para desplegar sus medidas para el sector energético y el de los hidrocarburos en particular, esbozaba las primeras ideas de lo que hoy se dará a conocer. Pero, al Gobierno le llevó más de diez meses elaborar el esquema de subsidios promocionales. Durante todo ese tiempo, sólo Energía y la petrolera YPF tuvieron acceso a lo que se analizaba y estudiaba. En las provincias petroleras, las que conforman la Ofephi (las productoras de hidrocarburos), se han quejado del secretismo que se impuso al paquete de medidas.

En Mendoza al menos hubo un par de oportunidades en las que, se tiene confirmado, el nuevo esquema para los hidrocarburos estuvo bajo análisis provocando algún debate: hacia fines de julio, cuando el presidente de YPF, Pablo González, y el CEO de la compañía, Sergio Affronti, le esbozaron al gobernador Suarez alguna vaga idea de lo que estaba en ciernes. El encuentro ocurrió el mismo día en el cual los tres se reunieron en la Casa de Gobierno mendocina y en el que los directivos de la petrolera anunciaron una inversión de 17 millones de dólares iniciales para la instalación de dos pozos horizontales que comenzarán a operar en el sur de Malargüe, uno hacia fin de año y el segundo promediando el 2022.

Hubo una segunda vez que en Mendoza se habló del tema, de acuerdo con lo que se pudo confirmar: cuando, días antes de las PASO, visitó la provincia el ministro de Economía, Martín Guzmán. Junto con la senadora Anabel Fernández Sagasti, ambos discutieron el asunto. O, al menos, la senadora mendocina sacó el tema, aunque tampoco se informó oficialmente de lo que se habló y de si el nuevo plan beneficiará o si terminará perjudicando a la provincia.

Hay antecedentes que les permiten desconfiar a los funcionarios mendocinos sobre los alcances de las medidas de estímulo que se anuncian hoy. Se trata de los subsidios que dispuso aplicar la administración de Cristina Fernández de Kirchner y que continuó el gobierno de Mauricio Macri. Fueron destinados a la explotación de Vaca Muerta exclusivamente, con lo que las compañías radicadas en Mendoza decidieron priorizar sus inversiones en Neuquén, en detrimento de las que tienen en Malargüe, donde las áreas explotadas corresponden a petróleo y gas convencional, básicamente.

En verdad, todas las provincias petroleras recibirán vía las empresas que explotan sus recursos hidrocarburíferos, parte de los subsidios que hoy se anuncien para promocionar la producción y la exportación ante la extrema necesidad que tiene el gobierno de Fernández de hacerse de divisas. A Mendoza sólo le queda esperar que se preste atención a las refinerías. En ese caso podría quedar mejor posicionada que la provincia de Buenos Aires, donde está establecida la otra planta refinadora, en La Plata. Y quedaría fuera de los incentivos a la exportación por el simple hecho de que todo el crudo que se extrae de su territorio va a parar a la planta de Luján de Cuyo para ser enviado a 14 provincias argentinas, incluso, vaya ironía, a las que se podrían beneficiar con las nuevas inversiones destinadas a incrementar la exportación.

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