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25 de abril de 2021
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Columna

Deunladoydelotro

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“Deunladoydelotro”. Se dice así, todojunto, todopegoteado.

“Deunladoydelotro”. Se dice rápido y si pasa, pasa.

Se tira la piedra y ni falta hace esconder la mano porque es una piedra de telgopor, flota, como intenta flotar quien lo dice.

No tiene peso y, fundamentalmente, quien lo dice no se siente obligado a explicar nada.

El hablante dice “deunladoydelotro”, da por sentada la tesis del “todoeslomismo” y a otra cosa. No cree que deba dar explicaciones, cree que todos los oyentes están de acuerdo en “deunladoydelotro”.

¿Cómo no estar de acuerdo? Estos políticos son todos iguales y hay que arremangarse y tirar todos para el mismo lado que es para allá porque lo dice el que manda.

Cuando se dice “deunladoydelotro” se iguala cosas que no son igualables. Porque si de un lado uno ataca con todo el peso del Estado y el otro se defiende, no es “deunladoydelotro”. Es un abuso de poder.

Si la pareja de Fabiola dice, ¡como efectivamente dijo!: "Muchos creen que las medidas que tomo son antipáticas, pero lo que me preocupa es cuidarlos. Es como el papá que le dice al nene 'no te asomes por la ventana' porque tiene miedo de que se caiga y el nene quiere disfrutar la vista y no entiende por qué no lo dejan"; y yo digo: “es insultante que el Presidente de la Nación infantilice a los ciudadanos”; entonces no estamos siendo un lado y otro de una grieta, dos módulos en equilibrio.

No soy el otro lado de un Presidente que infantiliza. Soy su víctima.

Si el Presidente, como chiste o lo que fuera, retuitea una caricatura violenta ¡como efectivamente hizo!, quejarse no es ponerse “deunladoydelotro”. Es defenderse de la prepotencia del poder. No es que alguien quiera estar de un lado de la grieta. Es que el presidente lo empuja.

¿Sería deseable vivir sin grieta, sin esta pelea constante? Quizás sí.

¿Podemos hacerlo en estas circunstancias? Modestamente creo que no.

Hace falta tener más de veinte años para recordar que vivimos décadas sin eso de que uno esté de un lado y otro del otro. O mejor, estábamos de un lado, de otro, de otro y de otro lado, pero no era grave. Es tan humano no pensar todos lo mismo, es tan libre, tan necesario, tan básico y lo llevábamos tan bien cuando estábamos de acuerdo en queríamos una sociedad que valorase la democracia.

Habíamos conseguido durante años juntarnos en una idea cardinal: este es un país, uno solo, y en estos 3.761.274 kilómetros cuadrados que es la casa con mucho lugar para los 44.940.000 personas que somos, que no tenemos siquiera la obligación de llevarnos bien, vivíamos medianamente en paz. No éramos Hobbits antes que llegase Gandalf con las noticias de Mordor, pero zafábamos. Sólo con no molestarnos mucho entre unos y otros, la cosa funcionaba. Y entonces pasamos años con cenas familiares, donde lo más embromado eran las cargadas por el partido del domingo, los chistes chuscos sobre pequeñas rivalidades, humor político en la televisión, gente normal, conflictos de baja intensidad, chismes entre cuñados.

¿Teníamos los mismos deseos? No.

¿Pretendíamos lo mismo? No.

¿Eso impedía el respeto? No. Porque el marco general era defendido por todos.

No éramos enemigos; éramos, en todo caso, adversarios.

Y eso que veníamos con años de agrietarnos: bombas sobre Plaza de Mayo y la respuesta “por cada uno de los nuestros que caigan, caerán cinco de los de ellos”. Y resulta que los bombardeadores y los bombardeados, “los nuestros” y “los de ellos”, éramos todos nosotros, quemas de iglesias y banderas. El agujero nos tragó años. Terrorismo, dictaduras, muertos, muchos muertos, de todos lados, muertos, cadáveres y más cadáveres.

Pero en 1983, cuando estábamos saliendo de “la noche más oscura”, aparecieron otra vez banderas de Montoneros, esa agrupación chic que con armas e invocando a la democracia quiso instalar un socialismo criollo y no le salió porque el pueblo nunca quiso. Pero son tercos y dijeron: “Somos la rabia”.

Las juventudes radicales contestaron: “Somos la vida”. Y el eslogan le sirvió a Raúl Alfonsín para consagrarse como el primer Presidente post dictadura.

Esos tiempos pueden ser contados de muchas maneras, claro. Por eso es tan poco interesante la memoria y tan necesaria la historia. La memoria es maleable, es selectiva y hace lo que se le canta. La historia, las fotos, los documentos de la época son las chinches que clavan la memoria en el panel. Son más confiables. No, León, no todo queda guardado en la memoria. En la memoria guardamos lo que queremos y como queremos. Mejor la historia. No, Wikipedia direccionada no, la historia digo.

En ese momento volvimos a ser un país. Una idea, un territorio y una población en común.

¿Cuándo fue que la familia no se pudo reunir más? ¿Que si votaste a éste sos un sátrapa pero si votaste al mismo que yo sos bueno, así te encuentre acuchillando osos pandas bebé porque, después de todo, quién no acuchilló alguna vez un oso panda bebé?

Fue cuando a la pareja de la 1050, Néstor y Cristina se les ocurrió leer un libro. Podrían haber elegido “El Principito”, pero no.

En 2007 le regalaron a la megamechera “En Torno a lo político”, de la belga Chantal Mouffe, esposa del argentino-británico Ernesto Laclau.

La megamechera intergaláctica se apasionó y eso que el libro no tenía dibujitos. Mouffe y Laclau, entonces, son bastante responsables de que hoy muchos argentinos no se hablen con los amigos de infancia y los chats exploten con insultos e improperios.

Laclau, un argentino tan argentino que se fue a Londres en 1969 y desde allá, desde el tranquilo barrio de Cricklewood, al norte de la ciudad, le enseñó a los progresistas latinoamericanos cómo conseguir poder para que sus choreos tuviesen al menos un matiz ideológico. Sus vibrantes elogios al Comandante Hugo Chávez no tuvieron demasiada repercusión en Europa, donde siempre consideraron al matrimonio como dos intelectuales menores.

A fines de 2007, el ex ministro de trabajo Carlos Tomada invitó a su casa en Palermo a varios importantes funcionarios del gobierno de la época, una camándula que entre otros presentaba al ex senador y jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina; al ex ministro de relaciones exteriores, ex diputado y actual embajador en Chile, Rafael Bielsa; y a la actual pareja de Fabiola, para escuchar a Laclau.

Tanto les gustó a los kirchneristas la base teórica que el argentino que había elegido el five o'clock tea por sobre el mate amargo ofrecía que lo trajeron -jugoso contrato mediante- a dar charlas por todo el país bajo el auspicio de la Secretaría de Cultura de Jorge Coscia. Además, se juntó acá con el vacunado VIP que no quiere clases presenciales en el AMBA, el procurador del Tesoro, Carlos Zannini; el parlamentario del Mercosur, ex concejal de Lomas de Zamora, ex director ejecutivo del AFSCA, Gabriel Mariotto; otra vez Juan Manuel Abal Medina; el ex concejal de Morón, ex intendente de Morón, ex diputado nacional, ex director ejecutivo de AFSCA y actual presidente de ACUMAR, Martín Sabatella; y el ex concejal de Rosario, ex parlamentario del Mercosur, ex diputado nacional y Ministro de Defensa nacional, Agustín Rossi. Toda gente conocida por su invalorable aporte al Estado Nacional que ha pasado toda su vida cobrando de la tuya.

Además, claro, con la lumbrera argentino/británica -que cuando era invitado por el Estado a Buenos Aires paraba en el Hotel Claridge y desayunaba champán, según contó el inolvidable José Antonio Díaz en “Noticias” hace ya casi 10 años- se hizo para el estatal Canal Encuentro la serie “Diálogos con Laclau”.

¿Qué tiene que ver esto con “deunladoydelotro”? Ya va, lector ansioso.

Tanto Laclau como su esposa, Chantal (hay padres visionarios para el nombre de los hijos) abrevaron en el pensador alemán Carl Schmitt, al que se suele simplificar como el autor de los escritos jurídicos-políticos que legitimaron el poder de Hitler. Don Schmitt estuvo afiliado al partido Nacionalsocialista, en donde ocupó un lugar relevante. Hacia 1937 se retiró discretamente. Fue juzgado en Nüremberg, fue preso, liberado, preso otra vez y finalmente liberado.

¿Qué decía don Schmitt? Que la política sólo es posible en tanto se logre identificar a un enemigo público; que la diferenciación específicamente política es la diferenciación entre amigo y enemigo.

La Chantal, en el libro que tanto le gustó a la Megamechera lo dice claramente: “Todo consenso se basa en actos de exclusión”. Excluir a un grupo, elegirlo como enemigo, es la mejor manera de cohesionar a otro grupo, el propio. Enfrentar un “nosotros” y un “ellos” sirve tanto para generar un sentimiento de pertenencia como para diferenciarse muy claramente de los demás.

Estas lecciones dadas a una pareja que no se caracterizó por profusas y profundas lecturas, fueron determinantes. Fue el momento en el que NK decidió llevar adelante sus peleas, con Clarín y con “el campo”. Había encontrado sus enemigos naturales. Los que le permitirían armar “su lado”. Así comenzó a perfilarse “un lado” contra “el otro”.

La megamechera, que se sintió acorralada durante el conflicto con el campo, abrazó el salvavidas ideológico que le tiró la Chantal y acá estamos, sufriendo en cada cena familiar la profundización del “ellos” y el “nosotros”.

Para eso se construyó. No fue casual. No es “deunladoydelotro” todo lo mismo, gente que insiste en aplicar su idea. No. Fue la creación de un lado para eliminar al otro.

Por eso cuando dicen “deunladoydelotro” arman sus valijas y se van a vivir a Corea del Centro, la manera en que el ingenio popular designó a aquellos que eligen quedarse en un lugar equidistante entre una férrea dictadura y una democracia.

Porque eso es ser Corea del Centro: igualar una dictadura con democracia. “Deunladoydelotro”: un dictador sangriento y una sociedad con errores y defectos pero pujante y democrática.

Y por si no sabían, sólo existe Corea del Norte y Corea del Sur. Corea del Centro no existe. Corea del Centro son los padres.

Cuando la pareja de Fabiola dice “el día que termine la pandemia habrá un banderazo de los argentinos de bien”, no se puede hablar “deunladoydelotro” en términos de igualdad. Es un lado -en este caso el poder nacional- denigrando a todos quienes no piensen igual.

Cuando cierran el aeropuerto de El Palomar con una excusa menor, no hay “deunladoydelotro” en igualdad de condiciones. Hay una intención aviesa de perjudicar a las low cost, esas que permitieron que millones de argentinos volasen por primera vez. ¿Qué debería hacer la población que vio perder una de las pocas posibilidades de moverse barato y reduciendo el riesgo de morir en una ruta argentina? ¿Qué deberían hacer los políticos opositores? ¿Callarse para no ser considerados fogoneadores de la grieta?

Cuando el nieto del Estado, Santiago Cafiero, dice que a su agrupación partidaria no hay que enseñarle de derechos humanos ni de responsabilidad educativa y uno sabe que las dos frases son agraviantes (el peronismo boicoteó el “Nunca Más” y pretendía una ley de amnistía para militares en 1983 y hoy hace un tour de force para que los chicos no vayan a la escuela y lo celebran) ¿cómo puede ser que sea lo mismo que “el otro lado” que dice hay muertos por violar la cuarentena y que estos son los datos por los cuales la presencialidad en las escuelas no es el problema de la pandemia?

No. No es “deunladoydelotro” y “sontodoslomismo”.

Un lado es una fuerza soberbia que no puede reconocer equivocaciones (por ponerlo suave) y el otro lado, un grupo de gente que intenta que los datos reales (los de Amnesty Internacional en el caso de los derechos humanos; los de Unicef en cuanto a educación, si hace falta garantías externas) sean tomados en cuenta.

Cuando el gobierno insulta; cuando se apropia de obras del gobierno anterior; cuando echa de Canal 7 a un director recién puesto porque osó alguna vez dirigir un canal donde dieron un documental que no elogiaba a Chávez... ¿Oponerse es ponerse en un nivel de igualdad? La gestión anterior mantuvo al aire durante toda su duración, el programa en donde Hebe de Bonafini insultaba al Presidente. ¿Es “deunladoydelotro” el respeto a la libertad de expresión?

Si hay “deunladoydelotro” es porque el comportamiento de los dos lados es similar. Digan entonces ¿qué actitud del gobierno anterior es igual a decir que los propios votantes son gente de bien, que los votantes ajenos son la Argentina del odio?Porque eso sí es agrandar la grieta.

¿Alguien escuchó decir algo así al gobierno de Cambiemos?

¿Alguien escuchó que desde el Estado se dijera entre 2015 y 2019 que los adversarios políticos eran miserables? 

¿No? Entonces no jodan, no hay un lado y el otro.

Más de un lector leerá en esta nota un panegírico al gobierno de Cambiemos. No pienso ni aclarar que no lo hay. Pero eso también es pensar “deunladoydelotro”.

Mostrar que ahora se insulta a los votantes ajenos y antes no, es simplemente reconocer la verdad. No hacerlo sería desleal.

Si pudiéramos volver el tiempo atrás, hasta aquella tarde en que a Cristina le regalaron “En torno a lo político” de la Chantal, e impedirlo, quizás hoy los amigos podrían seguir encontrándose.

Habría que ir hasta 2007 y hablar con la persona que se lo regaló. ¿Quién fue? Un tal Alberto Fernández.

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