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16 de septiembre de 2021
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Opinión

Desconcertados y peligrosamente imprevisibles

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Todos los lunes, cuando a las 9.55 me predispongo para tener una breve charla, aunque contundente y al hueso, con Osvaldo Bazán en Opinión, el periodístico que hacemos y tenemos en LVDiez, el Osvaldo suele chuzarme al aire para que nos animemos e imaginemos qué sorpresa política nos tendrá deparada la semana. El talento del genial escritor, periodista y articulista con el que contamos y disfrutamos tres veces por semana en la radio, nos suele llevar a mundos impensados e increíbles cada lunes. Pero, cuando llega el viernes y volvemos a retomar la charla ambos nos sorprendemos, porque la realidad de lo acontecido ha superado con creces todo lo que cualquier imaginación mutua, por más retorcida o volada que sea, pudo haber previsto.

Ayer, miércoles, cuando repasábamos los rumores que a esa hora de la mañana indicaban que el gobierno de Alberto Fernández finalmente aumentaría la velocidad de impresión de la máquina de hacer billetes para repartir más plata a más argentinos y con eso intentar comprar el voto que necesita para revertir en noviembre el resultado electoral del domingo, nos despedimos haciendo apuestas sobre lo que hablaríamos mañana. Ni siquiera imaginábamos lo que algunas horas después sobrevendría, con esa decena de presentaciones de renuncias por parte de los funcionarios que responden a la vicepresidenta, y como un capítulo más de la desquiciada interna del elenco de Gobierno nacional transformada en una crisis institucional con resultado abierto e imprevisible.

Puede que todo lo que se ha precipitado ayer como uno de los coletazos de la dura derrota sufrida en todo el país por el oficialismo, quizás forme parte de un golpe de efecto, de un pase de magia del kirchnerismo para distraer o bien para forzar a Alberto Fernández a un giro radical de la gestión, más a gusto del Instituto Patria que a otra cosa. Puede que sea eso y mucho más, una suerte de chasco que le puede costar muy caro al país y a sus instituciones. Pero, lo que está fuera de toda discusión y sin que se trate de las conjeturas afiebradas de cualquier férreo opositor al Gobierno, es que la unidad del perokirchnerismo siempre ha dependido o ha estado sujeta al cumplimiento de dos condiciones que van de la mano: plata para repartir y comprar votos y las consecuentes victorias electorales. Y al cabo de los ciclos que siempre le tocó protagonizar con esa fórmula y cuando toda la estantería levantada a duras penas y sostenida con sólo girones está a punto de desplomarse, quien ha pagado la fiesta ha resultado ser un fiel exponente de lo que para el populismo vendría a ser el capitalismo salvaje y exprimidor de los sectores populares, clases bajas y las almas en pena que se multiplican en un país de modo perverso y sostenido.

Sin plata y con una derrota electoral en el lomo de las peores que ha sufrido en toda su historia, el Frente de Todos luce desconcertado, desconocido e implosionado. Un escenario inédito que, además, ha provocado la dispersión de un clima tóxico e incierto entre los argentinos. Un pueblo que tiene fresca en la memoria la decrepitud absoluta del 2001.

Las horas por venir develarán la resolución de la crisis. La apuesta de los sectores republicanos y comprometidos con el presente y el futuro del país es muy clara. Como si se tratara de una paradoja inusitada, pero sensata y racional, los pocos apoyos que ayer recibía el jefe de Estado se originaban en la oposición y algunos de sus referentes. El consejo, el pedido, la sugerencia, quizás todo junto, invitaba al presidente a resistir lo que se decodificó como un típico golpe blando originado desde el propio Gobierno. Un espasmo de locura total e irresponsable, donde el kirchnerismo ha buscado, claramente vaciar de poder al presidente desconociendo las consecuencias o importándole poco y nada lo que suceda de aquí en más.

Mientras todo este panorama se ha estado macerando y sucediendo en el país, en Mendoza el kirchnerismo dio señales en apariencia contradictorias respecto de lo nacional: en la Nación el kirchnerismo decidió avanzar para presionar al extremo al presidente Fernández, aquí pareció ser que el peronismo tradicional comenzó un proceso para desembarazarse del kirchnerismo y de La Cámpora para salvar lo que pueda en noviembre y recortar los daños y las consecuencias políticas que le ha dejado la derrota. Lucas Ilardo, el lugarteniente de la conductora del movimiento, la senadora Anabel Fernández Sagasti, fue desplazado de la jefatura de campaña y remplazado por el intendente de Tunuyán, Martín Aveiro.

En el peronismo dijeron que fue una decisión acordada por todos y pensada por la propia Fernández Sagasti para que el intendente menos golpeado de todos, estando al frente de la campaña, pueda bajar un discurso de ánimo y de fuerza frente al reinicio de la campaña distinto del trabajo que podría hacer Ilardo. Como sea, si fue acordado entre el kirchnerismo y los intendentes que no son K o si resultó ser un avance de los caciques departamentales por sobre el malquerido kirchnerismo, quizás no importe demasiado. Porque el efecto buscado es el mismo: mostrar la cara más peronista y menos kirchnerista en Mendoza hacia noviembre, como sea. A Fernández Sagasti ya no le está resultando complejo cuestionar al presidente, como lo hizo ayer, cuando le pidió en público al Gobierno, a su gobierno, dejar el gas para pasar a la nafta. Lo mismo que su jefa indiscutible, Cristina, le está exigiendo a Fernández con las movidas de ayer.

Poco y nada puede sacar en este nuevo tramo de la campaña el peronismo mendocino de sus referentes nacionales. El presidente y la vicepresidenta han caído a niveles muy bajos en la consideración de los mendocinos. Lo manifestaban las encuestas antes de las PASO y lo terminaron ratificando los resultados del domingo. Sus candidatos quedarán a merced de lo que puedan construir en soledad y sin ofrecer, como caminos de solución a los padecimientos económicos de los mendocinos, el ir a pedir a Buenos Aires como lo propusieron. Ya nada será igual para ellos, al menos en esta encrucijada particular.

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