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25 de junio de 2021
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Opinión

Cuando se está cada vez peor por decisión propia

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Imagen ilustrativa.

De un año a otro, los precios de la economía en Mendoza se encarecieron 47 por ciento, en promedio. La vestimenta resultó ser lo que más subió –con 63 por ciento– mientras los alimentos en general, el rubro más sensible de todos, aumentaron 53 por ciento. A ellos le siguen la salud, con 49 por ciento, y los gastos de comunicación, 40 por ciento; los de la educación, 32 por ciento, y todo lo relacionado con la vivienda, 25 por ciento.

Esos números, fríos, que se desprenden de la estadística, de una investigación de mercado habitual y, en definitiva, de un estudio realizado por el IERAL, conducido por los economistas Gustavo Reyes y Jorge Day, encierran la penuria humana, social y económica que abatió la provincia en el último año por la pandemia de coronavirus, claro está, pero también por el arrastre de infortunios y de bretes no resueltos por años que se hacen sentir y que pasan facturas.

Una de las primeras conclusiones a las que ha arribado este trabajo refleja que a Mendoza le ha ido peor que a la Nación en términos absolutos, pese a haber asumido una gestión de la cuarentena diferenciada de la nacional, con más flexibilizaciones y una economía mucho más abierta que la del resto del país. Tal afirmación también permite deducir que si se hubiese seguido una estrategia de cierres más estrictos, como la que sugirió y en algunos pasajes de la cuarentena obligó el Estado nacional, el resultado hubiese sido sensiblemente más bochornoso, sufriente y negativo que el que ha tenido.

Las razones sobre esa presunción, que se transforman en una certeza y una cuestión de sentido común, se encuentran, además, en el mismo trabajo económico: Mendoza depende para su funcionamiento normal más de su motor privado y financiero que del público y mucho más todavía del motor externo que el resto de las economías subregionales con las que se puede comparar, incluso más de esos factores que la necesidad que tiene la Nación, como Estado, para funcionar.

Las restricciones impuestas por la pandemia lo que primero trajeron aparejadas fueron las caídas de todos los indicadores de la economía provincial, sostiene el trabajo del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL). Sobre el universo que se desprende del motor privado de la economía, el estudio indica que el salario siguió cayendo en los tiempos de la pandemia, porque así lo venía haciendo desde el 2014, comparado con el resto del país, y sin pandemia, como se sabe. La razón de tal fenómeno, entre otros, se explica por las devaluaciones que ha sufrido el peso: a un dólar más caro, menor salario y menor poder de compra. A todo eso se le adiciona el arrastre: en el 2012, la economía nacional se estancó y en Mendoza pegó peor; durante el 2018 y el 2019, la economía entró en recesión, golpeó mucho más duro en la provincia, y en el 2020 apareció la pandemia.

El otro motor de la economía, el financiero, también sufrió las consecuencias: al boom del 2017 y el 2018, cuando los bancos ofrecieron recursos y prestaron cantidades importantes tanto a particulares bajo la figura de los créditos personales como a las empresas, tres años más tarde han caído a la mitad. Y hay, como todo, una explicación: no se trata de que los bancos no tengan fondos para prestar, sino de que no los destinan a las empresas ni a la población. Con lo que la inversión ha sido casi nula por la recesión y la pandemia, y los bancos no terminan prestando por temor a no cobrar, lo que se traduce en desconfianza generalizada.

El otro motor, el externo, fue perjudicado porque el mundo compró menos a causa de la pandemia. Y, así y todo, frente al promedio nacional, las exportaciones de Mendoza estuvieron por arriba de él porque se vendió mucho más vino a granel de lo que se venía haciendo, aunque a precios un tanto más bajos que los esperados.

Y, el último motor analizado, el público, es, junto con el privado, el que más diferencia ha tenido en comparación con la Nación. Está claro que la Nación gastó más y destinó más recursos al movimiento de la economía de lo que hizo el Estado provincial. Mientras la Nación expandió el gasto, Mendoza lo contrajo producto también de haber recaudado menos que el año anterior.

Para el 2021, sin embargo, las previsiones del estudio del IERAL vaticinan un mayor gasto por ser un año electoral y porque, claro está, los gobiernos esperan una mayor recaudación.

Las conclusiones, en definitiva, apuntan a que, pese a una cuarentena más flexible, a Mendoza le fue peor que en el promedio nacional; los ingresos de la población cayeron aún más de lo que sucede habitualmente, vinculado directamente con el motor privado y la actividad económica, y, por otro lado, el motor financiero no ayudó y poco aportó.

Para este año, los expertos creen que se tendría una recuperación generalizada, dependiendo de cómo será el proceso de devaluación, aunque sí parece estar claro que nunca se llegará a los niveles del 2019. Y se espera que en el ámbito público haya una mayor inversión en obras. Pero, en comparaciones directas, el agro mendocino seguiría cayendo frente a los productos de la Pampa Húmeda, tampoco se verían mejoras en la industria, porque el negocio del vino no tendría el mismo comportamiento que el año anterior, y, respecto del petróleo, repuntarán las inversiones en Vaca Muerta, en Neuquén, en detrimento de las áreas mendocinas.

Ayer, mientras este informe del IERAL era comentado en todo el ámbito político, tanto del oficialismo como de la oposición, en el gobierno de Rodolfo Suarez se blandía, como una victoria, el hecho de que Mendoza ha tenido la mayor tasa de actividad económica y de empleo de todo el país. El dato venía de ser divulgado junto con el del desempleo, que, como se especulaba, cayó dos puntos respecto de la medición anterior.

“Vos verás quién está haciendo mejor las cosas y quién está apostando por el trabajo”, fue el comentario de un funcionario de llegada directa y habitual al gobernador. En verdad, todo está circunscripto al día a día, a los programas y planes de corta duración, aunque efectivos, absolutamente necesarios. A lo que hay que animarse, en verdad, es a los desafíos de romper los mitos de épocas cavernarias, de las imposiciones que se malentienden como culturales y a la negativa de dar un paso revolucionario de verdad para crecer, desarrollarse y crear riqueza para todos.

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