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13 de mayo de 2021
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Opinión

COVID: cuando es vital contar con buena información y en tiempo real

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En una semana, de acuerdo con lo que se difundió oficialmente ayer, la ministra de Salud, Ana María Nadal, llegará a la Legislatura bajo la promesa de responder las decenas y decenas de preguntas que la oposición política dice que le ha realizado, y que el gobierno de Rodolfo Suarez supuestamente ha ignorado y que se ha negado a esclarecer.

En medio de una escalada extraña en la tensión normal que se ha venido dando entre oficialismo y oposición, las últimas horas han evidenciado el cruce de una línea que hasta el momento parecía que en Mendoza no sucedería: la oposición ha sorprendido al denunciar abiertamente que el Ejecutivo no le está dando a la población la información real de lo que está ocurriendo con el impacto de la pandemia y su segunda ola en la provincia. Ha ido más allá de eso: todas las declaraciones públicas de los referentes opositores han planteado que los muertos por día por coronavirus son muchos más de los que se anuncian oficialmente todos los días cuando cae la tarde.

La relación entre el Gobierno y la principal fuerza opositora ha sido tirante, está claro. Siempre lo ha sido. Pero nunca llegó a los niveles actuales en donde el peronismo directamente ha denunciado la tergiversación oficial y deliberada de los datos para ocultar la gravedad de la situación. De ser cierto lo que divulga, el gobierno de Suarez habrá cometido uno de los errores más graves de su gestión, además de la comisión de algún delito.

La oposición ha dicho lo que dijo el mismo día en que se ha confirmado la aparición de un caso de la temida variante británica en el Gran Mendoza, que se suma a los conocidos casos de la de Manaos, fuertemente instalada en el Sur mendocino.

De aquí al jueves de la semana próxima, buena parte de la polémica pública puede que se concentre en el número de los decesos por COVID y en el delay que se puede estar produciendo entre la carga oficial de los datos y su publicación, con el registro diario de las personas fallecidas en las clínicas tanto públicas de gestión estatal como las privadas.

Es probable que antes de que Nadal se siente frente a los legisladores de una inquieta y exaltada oposición, el Gobierno haya resuelto las dudas, pero no sólo con destino a las sospechas levantadas por la política, sino ya dirigidas obligadamente hacia la población, que observa con cierto grado de estupor el nuevo enfrentamiento entre oficialistas y opositores, pero ahora con más incertidumbre de la que ya padece por los efectos de la pandemia, por los problemas emocionales y psicológicos que le ha generado, además de los efectos devastadores en la economía de las personas y del conjunto de la sociedad. El Gobierno está obligado a esclarecer la situación mucho antes de que Nadal lo haga en la Legislatura.

Se desconoce con qué información, tanto general como particular, llegará munida la ministra a la Legislatura. Y por dónde discurrirá el interés explosivo de la política, aunque claro está que hay pistas claras por lo que se ve. Pero en los extensos anexos que acompañaron el discurso de Suarez ante los diputados y senadores aparecen bolsones de datos que probablemente deban ser ampliados y explicados por Nadal y, por, sobre todo, actualizados.

Una primera mirada se puede centrar en las vacunas que han llegado a Mendoza y las que se han distribuido. Hasta el 23 de abril, una semana antes del discurso de Suarez, Mendoza había recibido 362.200 vacunas, pero se habían aplicado 270.313 entre primeras y segundas dosis. De todas ellas, la mayoría fue recibida por los mayores de 60 años, adonde se destinaron 188.239 vacunas. El personal de salud recibió 33.803 vacunas, mientras que entre docentes, policías, gendarmes y personal del Ejército se distribuyeron 17.843 dosis de acuerdo con esos informes oficiales. Por qué razón a esa fecha quedaban más de 90.000 vacunas sin ser aplicadas, puede que sea alguna de las preguntas que deberá responder la ministra.

En todo el 2020, de acuerdo con el informe, la provincia invirtió 3.609 millones de pesos destinados a la compra de bienes y a la provisión de servicios “esenciales” para reforzar la red sanitaria y atender, se agrega, “a la población vulnerable”. Pero al primer trimestre del año en curso ya se llevaban gastados, adicionalmente, otros 525 millones de pesos para continuar con la adquisición del equipamiento necesario.

Del informe surge que se logró reunir 77 millones de pesos de donaciones que hicieron los funcionarios de distintos poderes del Estado; que el Consejo Federal de Inversiones destinó otros 30 millones de pesos y que, por Aportes del Tesoro Nacional (ATN), ingresaron 1.260 millones de pesos.

Salud informa, también, que 83 por ciento de los gastos vinculados al COVID se destinó a “monodrogas específicas” e “insumos de laboratorio” relacionados con los test realizados para detectar la enfermedad. Fueron unos 1.851 millones de pesos gastados con ese fin. Otros 395 millones de pesos se tuvieron que destinar a la compra de barbijos, cofias, botas, blusones, antiparras y demás.

Entre mayo del 2020 y mayo del 2021, dice Salud, se realizaron 155.900 testeos por la vía de PCR y 76.000 por la de test rápidos y antígenos. La Nación, de acuerdo con esos datos, envió 118 respiradores, 115 monitores multiparamétricos y 260 bombas de infusión. Y por donaciones de diferentes organismos e instituciones, públicas y privadas como fundaciones y algunas empresas, además, el sistema recibió 13 respiradores más, 30 camas comunes y varias heladeras y electrocardiógrafos.

Ojalá se dé que la ministra pueda explicar, en detalle y con la necesaria convicción, el destino del gasto, el monto invertido, el destino, como así también –si puede– a qué responden ciertas prácticas por las que se demora la entrega de la información que debe ser siempre transparente, accesible y clara para todo el mundo, no sólo para la dirigencia. No sólo es necesario, sino de buena práctica y de naturaleza democrática y republicana darla a conocer.

La oposición por su lado tiene que reconsiderar algo de su comportamiento. Porque no sólo puede que esté respondiendo a lo que cree que algunos de sus seguidores, o la parte quizás de más radicalizada que la sigue, le está pidiendo y reclamando, en eso de la dureza, la crítica muchas veces destemplada y varias veces floja en argumentaciones. También tiene que atender a otra buena parte de mendocinos que exigen, de todos, más seriedad y más responsabilidad.

Para ser serios y responsables están donde están. Todos.

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