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19 de septiembre de 2021
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Columna

¡Basta, mequetrefes!

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El día está hermoso afuera.

Desde la ventana del piso alto donde estoy esta tarde de sábado veo las mesas en la calle, en esos decks que armó la ciudad de Buenos Aires para la época de lo más cruel de la pandemia y que ya han quedado para siempre en el paisaje urbano.

Cuatro bares veo desde acá.

También veo una placita colorida con juegos muy modernos.

La placita, unos pocos metros cuadrados que habían sido tomados por unos sátrapas drogones según la mitología del barrio y que finalmente, el gobierno de la ciudad liberó para espacio público, había sido inaugurada muy poco antes de la pandemia. Estuvo vacía por meses. Fue la imagen de la tristeza; la veía cada tarde desde el balcón. Ahora, cada sábado de sol, se arman cumpleaños, chicos corriendo en novedosos toboganes, globos y risas en juegos que me dan envidia; cuando era chico no había esa proliferación de mecanismos para la alegría.

La vida está linda ahí afuera.

Los plátanos ya están verdeando, lo mismo que un sauce que se ve a pocas cuadras y un ficus que hace tiempo sobrepasó la categoría maceta.

Los fresnos por su parte, en cualquier momento comienzan a brotar.

Son las páginas previas de una primavera más.

Otro invierno que se va.

Sin embargo, a mí me toca estar acá adentro y si no salgo es porque tengo que llenar estas páginas de El Sol y, contrariamente a lo que me comentan en las redes, hoy no creo que haya nada para decir.

Se supone que se expone aquí lo que ocurrió durante la semana; algún tipo de itinerario emocional, social, político o vital que nos haya recorrido en estos días.

Los sábados vengo al lado de la ventana y escribo lo que pienso. Algunos estarán de acuerdo, otros no. Es la charla del mate del domingo a la mañana, después pasa.

Nunca pretendí más que eso.

Todo lo demás es un malentendido. Acá nunca hay palabras reveladoras, análisis sesudos, estadísticas significativas, datos elocuentes, razonamientos graves sobre el acontecer público argentino.

Estás notas no tienen la ambición de representar a nadie.

No me subo a ningún banquito pero además no corro el riesgo de la falsa modestia; me admiro demasiado como para ser modesto.

Acá sólo hay un tipo honesto que se sienta y mira lo que pasa.

No busquen más. 

Intento, eso sí, pensar algo nuevo, rascar un poco lo sabido, preguntar a lo conocido a ver qué aparece de diferente. Y esta semana no hay nada. Nada.

El domingo pasado, entre el bailecito oficial de las 20 y el bailongo opositor de las 22, vimos lo que ya sabíamos. 

El gobierno, desde el primero al último, no tenía idea de dónde estaba parado.

No entendía nada del país que debía dirigir.

¡Vaya novedad!

Celebraban su fiesta en el Palacio de Versalles con medio país pasando hambre, medio país de luto, medio país desesperado, medio país angustiado, medio país varado en el exterior, medio país en Ezeiza. Sumados todos los mediospaíses se arma un mundo entero de desasosiego e irritación.

El gobierno bailaba en su burbuja, ganaba las elecciones.

Divorciado de la realidad, viviendo en otro planeta, así estaban.

¿Alguien puede decir que hay algo nuevo en esto?

A la medianoche, mientras la pareja de Fabiola (una chica de quien nunca sabremos si estaba embarazada o era pancita de bombones carísimos) gritaba que iba a corregir vaya uno a saber qué, la jefa de la asociación ilícita miraba ensimismada la punta de sus zapatos, barruntando venganzas, represalias y castigos.

Daenerys Targaryen, Madre de Dragones elucubraba hacía dónde encararían las llamas.

¿Algo nuevo? No.

El mismo egoísmo de la megamechera, la que habla de “mi nieta” olvidando que tiene otros dos nietos; la voracidad de la líder caída en desgracia que no termina de entender cómo, si se autopercibe como la persona más amada y poderosa del país, a la hora de los votos, el pueblo no le demuestra el cariño que considera que le debe.

Después, lo de ellos, lo que hacen los peronistas que siempre son peronistas por más que se disfracen de lo que se lleve en la moda ideológica del momento: verde manzana o solapas anchas, las rayas o los floreados gigantes, todo es cuestión del viento que sople. Peronismo: esa mezcla de canibalismo, falta de escrúpulos, solidaridad endogámica mientras convenga, cortoplacismo extremo y una profunda incapacidad para gestionar algo que no sea su proyecto de poder. 

La patria es el otro dicen, entre otras cosas porque nada le interesa menos que la patria y el otro.

Me está costando encontrar algo nuevo para decir. 

Pasa un avión allá lejos en el cielo y eso sí es raro. 

Queda sólo un 15% de los vuelos de cabotaje que había en el país dos años atrás. Queda sólo un 10% de los vuelos internacionales que había en el país dos años atrás.

Según la consultora Econométrica, con datos del Indec, el mínimo mercado de aeronavegación argentina quedó en manos de Aerolíneas Argentinas, que tiene un déficit operativo de 600 millones de dólares anuales.

Desde esta misma ventana veía a lo lejos los aviones que salían y llegaban al aeropuerto ahora caprichosamente cerrado de El Palomar; los veía de día pero más aún de noche, lucecitas de una vida mejor. Como soy un romántico incurable, siempre pensaba en aquellos que volaban por primera vez y medio que hacía pucheritos.

Después de dos años de peronismo ya no volamos.

Sólo queda la oscuridad.

¿Qué es lo nuevo?

Nada: peronistas oscureciendo nuestras vidas, reservando para sí lo que era de todos. 

Y entonces dijeron que habían escuchado lo que señalaron las urnas. En todo el país la fuerza mejor posicionada nacionalmente para enfrentarse al kirchnerismo les ganó por 10 puntos.

¿Qué escucharon? 

Que el país pidió más kirchnerismo. 

De verdad, decodificaron que el voto en contra era a favor.

Una señora mantenida con el dinero de todos nosotros que está convencida de que el mal de Argentina no es ella misma, sino que es un país que tiene mucho para exportar, se manda tres grabaciones larguísimas en donde insulta al presidente por el que hizo campaña y por cuyo partido ganó su banca con un léxico que espantaría a la amante de un barra brava. Humilla al presidente con una saña a la que esta columna nunca llegó ni de lejos y no llegará porque el respeto a la figura presidencial es básica en una sociedad democrática.

Para demostrar autoridad, ¿que hace el presidente humillado? 

Nada.

Me desconcentro. 

Pasa una camioneta desvencijada y desde un parlante oxidado parece que alguien ofrece comprar colchone-calefone-loquetengaseñora. Es el cuarto que pasa en una hora. No entiendo cómo ningún candidato a Jefe de Gobierno pone en su plataforma la erradicación de esta contaminación auditiva. Tendría mi voto automático fervoroso. Le fiscalizo si me lo pide. 

La Madre de Dragones del Mal le ordena a los suyos que vacíen de poder el gobierno de ellos porque parece que no es tan de ellos, aunque para que los votasen hace dos años todos ellos eran todos ellos y ahora no tanto. 

La vicepresidenta le dice “su” gobierno al gobierno del presidente del que ella es vice.

No “nuestro”.

“Su”.

Si, tienen problemas políticos pero también psicológicos. 

Son un frente, ¿entendés?

Cantan “Todos juntos triunfaremos” mientras pierden.

Cantan “combatiendo el capital” mientras lavan guita, contrabandean efedrina y se quedan con los vueltos de los remedios de los jubilados. Y no sólo los vueltos. Y no sólo de los remedios.

Festejan el día de la lealtad clavándose cuchillos por la espalda. 

Aparece una piara de periodistas anunciando que ahora sí, que ahora la pareja de Fabiola, ¡faaaaa, agarrate! porque ahora la pareja de Fabiola suma sindicalistas, gobernadores, intendentes, trapitos, mimos, asociaciones de bochófilos y de colombófilos y se empodera con un gobierno más al gusto del peronista tradicional, vivamos con lo nuestro, la UIA engordada a pasto, zapatillas feas y caras, redistribución de miserias, Tierra del Fuego ensamblando carcazas de celulares tristes y mucha militancia en Canal 7, con canciones de Víctor Hereda y Copani. 

Sí, estuvieron tres días diciendo que Fernández 2, el que fue elegido por Fernández 1, le iba a dar un portazo a Fernández 1. 

Es más, parecía que se lo creían y todo, porque periodistas que ponen cara de que creen lo que dicen hay para hacer dulce. Algo se aprende con el tiempo. 

La misma lógica de Cabecita de Sarlo que en diciembre del ’19 aseguraba que Fernández 1 se iba a dedicar a viajar por el mundo y no se iba a meter en la política de todos los días, que magistralmente manejaría Fernández 2, no como Macri que no entiende nada porque no leyó los libros de ella.

La megamechera se mandó un golpe institucional, apoyada por las filtraciones regaladas de Vallejo y una caterva de seguidores, pocos pero buenos, que inundaron las redes con los deseos no ocultos de la jefa.

A todo esto, los intelectuales, siempre tan preocupados en el golpe de la derecha no dijeron una palabra. 

No advirtieron, no denunciaron, no señalaron. 

Será que el golpe vino de donde no les molesta.

Todo el zafarrancho institucional armado por la jefa, que mantuvo en vilo al país durante una semana, que paralizó cualquier actividad estatal, que llevó horas de cavilaciones y cafés oficiales, no hizo que los intelectuales argentinos o los artistas de sensibilidad tarifada dijeran una palabra. 

Tanto tiempo repudiando a la derecha golpista “tradicional” no se dieron cuenta que la derecha golpista ya no es tradicional; lleva prendas Nac & Pop, vive en Puerto Madero, usa Iphones que el pueblo ve de lejos pero mete “redistribución”, “todes” y solidaridad” cada diez palabras.

Tanto tiempo repudiando a la derecha golpista que no notaron que se convirtieron en la derecha golpista.

¿Qué otra cosa es Cristina metiendo de jefe de gabinete a un antiabortista del Opus Dei, para alegría de la Iglesia Católica y desesperación de las chicas más progres del condado, ésas que corrían del espacio a todas las que osasen pelear por los derechos de las mujeres sin jurar antes su amor eterno a la Jefa y hablaban de “Alberta Presidenta” con corbata verde? 

Nada nuevo.

¿O lo nuevo es que han descubierto que el lenguaje inclusivo era una cortina y no una alfombra para entrar al mundo de la igualdad? ¿O lo nuevo es que ahora Manzur es más visible y ya no pueden ocultarlo, como siguen tapando a Insfrán y a Zamora de Santiago del Estero? 

Nada nuevo.

La jefa actúa como lo que es: una oligarca conservadora que se lleva por delante cualquier institución con tal de salvarse de los juicios que le corresponden por chorra.

Un jefe de gabinete sacado de lo más rancio de la derecha populista: el gobernador tucumano que fue, sin que pueda explicar cómo, el ministro más rico del kirchnerismo y que aprovechando la bancarrota a la que mandaron la Secretaría de Comercio de Guillermo Moreno y la AFIP kirchnerista, se quedó con la empresa de aceitunas “Nucete”, despojando a su fundador y tradicional dueño don José Nucete. Un jefe de gabinete que siendo Ministro de Salud no tuvo problemas en meter mano en los protocolos de medición de la desnutrición infantil para que no se supiera que en la Argentina K los chicos se morían de hambre.

¿Qué se puede decir de nuevo de esta derecha oligárquica que ya ni se disfraza de pobre para hacer populismo? 

El Presidente que iba a ser empoderado terminó aceptando la renuncia de todos los que no la presentaron y no aceptando las renuncias de los que sí las presentaron.

Los periodistas que hablaban del empoderamiento presidencial con el gabinete albertista, de golpe, ante el gabinete kirchnerista empezaron a hablar en cadena de “volumen político” y de “experiencia”. Es bueno que el territorio pantanoso de la relación entre el periodismo y sus fuentes esté plagado de palenques donde rascarse, sirve tanto para la cartera de la dama como para el bolsillo del caballero.

¿Para qué corchos uno puede querer el volumen político de Aníbal Fernández y la experiencia de Manzur?

¿Qué cosas mejorarán en el país con el volumen político de Aníbal Fernández y la experiencia de Manzur?

¿Qué país se hace con el volumen político de Aníbal Fernández y la experiencia de Manzur?

¿A quién beneficia el volumen político de Aníbal Fernández y la experiencia de Manzur?

¿Por qué metieron a Aníbal Fernández y a Manzur, dos de los tipos con peor imagen nacional, sabiendo que eso puede costarle muchos votos en la elección de dentro de dos meses?

¿Por qué se arriesgan a pagar ese costo?

Justamente, porque esa imagen no se consiguió con buenas acciones. Son los chicos malos que no tienen problema en saltarse reglas, comprar voluntades, meter clientelismo, apriete, premios y castigos en esas provincias que la Madre de Dragones del mal no puede perder sin correr el riesgo de perder su toque mágico, el poder del Senado; la carta ganadora ante los juicios que se ganó porque le gusta tanto la guita que no puede parar. 

Por eso, ¿qué es lo nuevo, que es lo que hay para contar que no sepamos de memoria? 

No compro la vida que venden estos sátrapas. 

No puedo estar colgado a las noticias que nos dejan ver una y otra vez que no les importamos nada, que su proyecto de poder no incluye un proyecto de país.

Nos dejan con la ñata contra el vidrio viendo cómo se vacunan, cómo viajan, cómo comen, cómo se abrazan. Ya lo dijo la Madre de Dragones del Mal: “A ellos les dejamos el silencio”. Y era cierto, estábamos llorando la muerte de Nisman mientras ella bailaba con su corte versallesca. 

Pero ya no.

No acepto el silencio. 

Pero tampoco voy a estar todo el día en el laberinto que nos proponen.

Allá ellos con sus mezquinas jugarretas pedorras.

Son enfermos, mequetrefes, payasos, okupas, según ellos mismos.

Que se arreglen.

Puede incluso ser a los tiros, tienen experiencia en eso.

A nosotros nos toca vivir mejor. 

Construir, no comentar como zombis espantados todo su estiércol. 

Que las elecciones nos encuentren firmes, colocando las bases de esa otra vida, que es la queremos.

Menos Palacio de Versalles, más vida de todos los días.

Que se empolven la nariz entre ellos.

Estamos ocupados edificando un país que valga la pena; levantando la guardia porque, lo sabemos y queda cada vez más claro, son capaces de cualquier cosa.

“Cualquier cosa”, lo escribo y me horrorizo del alcance de esas palabras.

Son capaces de cualquier cosa.

Volver a respirar, que la vida es una sola y estos mercachifles no se merecen un gramo más de nuestra energía.

Ni uno.

Vamos a hacer la vida que queremos. Basta, mequetrefes.

Agarrá la bici, el día está hermoso afuera.

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