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30 de julio de 2021
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Opinión

Argentina, la peor de todas

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Al final y, como se suponía, Argentina quedó ubicada entre los países que implementaron las cuarentenas más rigurosas y extendidas en el tiempo con las peores consecuencias en todos los niveles. La Universidad de Oxford dio a conocer, algunas semanas atrás, una escala del 1 al 100 en donde la puntuación más alta indicó la rigidez de los confinamientos junto con los obstáculos más graves que se enfrentaron los países en medio de la pandemia. En esa escala, Argentina alcanzó 85,19 puntos, destacándose entre los estados más rígidos y estrictos del planeta y en el quinto lugar en América latina.

También, como ya se sabe y se conoce, pero más que nada porque se ha percibido y sufrido –particularmente en cada uno de los rincones del país, incluso aquellos más alejados e ignotos y recónditos para la mayoría–, aquel confinamiento que arrancó el 20 de marzo del 2020 y que terminó el 9 de noviembre –cuando se anunció el fin de aislamiento para pasar a la categoría de distanciamiento y que alcanzó los 234 días– no permitió escapar de las consecuencias más temidas que provocarían las medidas restrictivas para combatir la pandemia. En ese sentido, nuestro país quedó ubicado en los peores lugares al combinarse la caída de la economía y del PBI, el tipo de confinamiento, las muertes por millón de habitantes y la cantidad de vacunados en proporción con la población.

Hubo marcadas diferencias entre los países respecto de la estrategia que cada uno de ellos llevó adelante para protegerse del virus; y países con características muy distintas entre ellos, que se inclinaron por medidas de cierre parecidas. Por caso, Cuba alcanzó un índice de 83,33; Israel, 85,19, igual que Argentina; el Reino Unido se ubicó por arriba, con 86,11; Honduras, con 87,96, y el Líbano, con 90,74, según el índice de Oxford Covid. Pero, el resultado económico, social y sanitario que alcanzaron, aunque aplicaron los mismos métodos de combate o de defensa ante el virus, no fue igual. Claro que todo eso dependió de sus propias condiciones y capacidades al momento de anunciar los cierres, sobre todo, de la economía.

El repaso de las medidas que tomó el país durante los meses más duros, aquellos que se ubican durante casi todo el 2020, valen como refresco frente a los temas que hoy discute la sociedad: como qué hacer con la economía, el empleo, la pobreza, la inflación, en fin, los asuntos de fondo que se agravaron y agudizaron el año pasado, profundizando ese andar en declive constante que se percibe desde varios años a esta parte.

Y el hecho de recordar desde dónde venimos con la estrategia para combatir la pandemia –como la aplicación de una cuarentena estricta que dejó a millones de argentinos sin rumbo y con sus libertadas gravemente afectadas– también vale para contraponer aspectos no esclarecidos como han sido las recientes revelaciones de las entradas de personas no esenciales a la residencia presidencial de Olivos, donde el caso más resonante y sorprendente de todos sea el de la modelo Sofía Pacchi, quien habría visitado en 65 oportunidades la casona donde habita el presidente, en plena vigencia del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO).

Y ya se sabe que quienes violaban el ASPO se arriesgaban, en caso de que fueran sorprendidos por las fuerzas de seguridad y las de la Justicia, a ser sancionados por la violación del artículo 205 del Código Penal. En Argentina hubo muertos en cuarentena en situaciones que nunca se esclarecieron, supuestamente por “desafiar la cuarentena”, según algunas explicaciones vagas que se dieron desde los gobiernos, tanto el nacional como los provinciales en los que ocurrieron esos casos.

Al menos, ocho ciudadanos fueron asesinados o muertos bajo esas circunstancias, un número que hoy se conoce al detalle, como las identidades de tales personas, sus historias y sus vidas, sus sueños y sus ocupaciones, gracias al extraordinario trabajo periodístico de nuestro compañero Osvaldo Bazán quien, en sus columnas dominicales publicadas en este diario, compiló los casos y los reveló a todo el mundo.

Además de las vidas y de los sueños perdidos por un manejo más que dudoso e ineficiente de la pandemia, el impacto más evidente de todos es el que se produjo con la economía, que se desmoronó abruptamente. Un informe reciente del Ministerio de Trabajo y del sistema de información previsional SIPA da cuenta de que, con la llegada de la pandemia y la toma de medidas de restricción, el empleo formal, el registrado, el considerado en blanco percibió uno de los golpes más duros de los últimos tiempos: desde febrero del 2020, unos días antes de que se anunciara la cuarentena, hasta agosto del mismo año, se destruyeron 190.000 puestos de trabajo.

También se sabe que el sector más afectado durante las restricciones resultó ser el de la gastronomía y hotelería. Desde febrero del 2020 hasta marzo del 2021, un año después, las empresas perdieron 55.000 empleos en blanco y formales. Le siguieron la construcción, con 31.000 puestos perdidos; los servicios comunitarios (alrededor de 20.000 puestos menos); el transporte (20.000) y el comercio (19.000 puestos de trabajo menos). Se trata de empleo formal y registrado, sin contar, claro está, lo que ocurrió con el trabajo en negro y no registrado.

Y la consultora Ecolatina recientemente relevó el impacto de la pandemia en las pymes, el segmento de empresas más afectado y que explica la mayor parte de la pérdida de empleo: alrededor de 20.000 pymes cerraron o se fundieron durante la cuarentena y las restricciones, y se llevaron consigo unos 100.000 puestos de trabajo registrado, probablemente, de aquellos 190.000 que detectó el Ministerio de Trabajo y el SIPA. Y, por supuesto, que los segmentos de pymes más afectados resultaron ser el de las proveedoras de servicio, seguido por el gastronómico y hotelero, el transporte y el comercio.

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