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17 de mayo de 2022
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Opinión

Al fondo de la tabla mundial en otro indicador, el de los recitales y conciertos

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Cuando los gobiernos toman decisiones o aplican una política determinada, lo hacen buscando un efecto inmediato, como subsanar anormalidades, solucionar problemas específicos o puntuales, corregir el rumbo de las cosas, y detrás de un objetivo. Por supuesto, cualquier acción provoca una reacción y consecuencias. Las decisiones de Gobierno rara vez son neutras, y, cuando no son las acertadas, el impacto negativo de las mismas se multiplica y se extiende sobre toda la sociedad. En algunos golpean más fuertes que en otros. Para unos, el dolor es más grande que para otros, con efectos irremediables a pesar del tiempo, permanentes y eternos.

El gobierno de Alberto Fernández, junto con el de muchas provincias que lo siguieron a pie juntillas –ya fuese por convicción, conveniencia o porque se vieron obligadas a hacerlo–, siempre se aferró a defender sin fisuras y sin el reconocimiento de haber cometido un mínimo de error, de cualquier tipo siquiera, al cierre estricto de la economía y al confinamiento de millones de argentinos –bajo el apercibimiento de duras sanciones económicas y penales en caso de violarse lo dispuesto–, como el ordenado para el país durante el otoño del 2020, en los inicios y albores de la pandemia de coronavirus.

Hasta el último reporte conocido antes del fin de semana, Argentina había reportado 128.776 muertos y un total de 9.135.308 personas que habían contraído la enfermedad desde el primer caso conocido en el 2020. Retirando el caso de los fallecidos por estar afuera de todo tipo análisis por lógica, con toda esa estela de dolor infinita que extendió sobre los familiares, amigos, conocidos y deudos más o menos cercanos de las víctimas fatales, se sabe que la gestión de pandemia, con sus yerros y obsesiones sólo comparables con la de regímenes cerrados y negados al rumbo que fue tomando el mundo siguiendo los informes científicos más prestigiosos y serios, sólo provocó y logró los peores resultados; en particular, sobre la economía; el mundo de los negocios, desde los más simples a los más sofisticados; en el empleo; en los ingresos y en la pobreza. Y, si bien en todo el mundo el gasto extra que debieron ordenar los estados por arriba de sus posibilidades, con emisión e inyección de dinero que la economía no estaba proporcionando por sí sola, se manifestó en un fenómeno inflacionario como hacía décadas que no se registraba, en Argentina mostró su peor cara.

Hubo consecuencias de todo tipo, y las hay todavía, no sólo económicas y en vidas humanas perdidas. Las psicológicas fueron unas de las tantas. Si hasta la diva televisiva Mirtha Legrand confesó haber llegado en medio del confinamiento a no saber qué hacer ni cómo seguir. Su experiencia se multiplicó por cientos y cientos en personas que se vieron identificadas con sus dichos. “Estuve sin salir al balcón y eso me afectó bastante. Hasta que un día dije: ‘Yo no puedo seguir así’. Lo llamé al neurólogo Facundo Manes y le dije: ‘Yo quiero ser la de antes’. ¿Y saben qué me dijo? Esto es una lección para todos: ‘Trabaje, Mirtha, trabaje’”, reiteró el domingo por la noche durante la gala de los premios Martín Fierro de la televisión, que la tuvo como invitada y protagonista estelar.

Para Mendoza, se sabe, como lo viene de reafirmar un estudio del IERAL, el impacto económico resultó ser superior al de otras provincias, por sus particularidades. Antes de la llegada de la peste, Mendoza avanzaba a un ritmo notable para hacerse un lugar de privilegio y prestigio en el país y el mundo en el ámbito del turismo. El comercio, la gastronomía y la hotelería ganaron terreno al punto de significar casi un cuarto de todo su PBI, que se calcula en unos 12.000 millones de dólares. El cierre de la economía, más el confinamiento frenaron todo el ímpetu del crecimiento. A la vuelta de la normalidad, si en caso se ha percibido un aumento y un crecimiento de la actividad, puede que se haya registrado en negro, en el campo de la informalidad. Se le suman los salarios bajos. La consecuencia inmediata que golpeó a la economía provincial se basa en gran medida en el impacto en ese rubro. Ya se ha explicado. Llevará mucho tiempo recuperar lo que se perdió, por los motivos comunes a todo el mundo que se vio sorprendido por la pandemia surgida a fines de diciembre del 2019 en China, y agudizada por los errores de gestión. 

Argentina no sólo hoy tiene la segunda inflación más alta del mundo, no sólo se encuentra entre los únicos 6 países del planeta en tener vigente un sistema de retenciones sobre las exportaciones como el actual, no sólo ha debido multiplicar los planes sociales porque no tuvo ni tiene un plan a largo plazo de recuperación estructural de su economía, sino que la pandemia, al llegar, dejó al descubierto un mar de pesadumbre y mishiadura.

Los economistas del IERAL Marcos Cohen Arazi y Lautaro Carranza han demostrado en un área poco explorada y de menor impacto que el resto de los sectores, como es la de los conciertos y recitales, el resultado negativo sobre todo el movimiento a su alrededor que provocaron el confinamiento y la política de aislamiento que siguió Argentina.

El de los conciertos y recitales parece funcionar como un indicador mundial sobre cuán alejado se está en cuanto al movimiento de las personas y de sus actividades culturales de los niveles que se registraban antes de la pandemia. “El interés de los argentinos por recitales y conciertos, reflejado en las tendencias de búsqueda en Google, ha sido 14 por ciento mayor que el observado en el período prepandemia. Sin embargo, el volumen de búsquedas actual resulta 10 por ciento menor que el del período 2018/2019”, dice el informe. Y agrega: “Luego de la notoria caída en las búsquedas por recitales y conciertos que se manifestó en plena pandemia, tanto en Argentina como a nivel mundial, en el mundo estas han comenzado a recuperarse vigorosamente a partir de abril del 2021, mientras que en Argentina lo han hecho recién a partir de noviembre, de forma tal que el rezago nacional respecto de la situación mundial ha sido de 7 meses”. Mientras el mundo, en términos generales, había comenzado a ordenar las flexibilizaciones en este tipo de encuentros masivos en abril del 2021, Argentina lo haría recién hacia octubre y noviembre del año pasado.

Entre mayo y noviembre del 2021, la búsqueda de recitales y conciertos y el interés sobre los mismos fue 1,5 veces mayor en el mundo comparado con Argentina. Y si bien la brecha, tras las flexibilizaciones, se viene acortando, en el país todavía se está 2 por ciento por debajo del interés que los mismos argentinos demostraban tener en el 2019. 

Los efectos de la gestión de la pandemia, la extensa cuarentena, las restricciones y demás se van a seguir percibiendo por mucho tiempo en Argentina y en Mendoza. Serán interminables para no pocos y muchos ni siquiera podrán intentar subsanarlos con plata, así como pretenden resolver su responsabilidad penal por la participación en la fiesta de cumpleaños clandestina de Olivos, tanto el presidente Alberto Fernández como su pareja, la primera dama, Fabiola Yáñez, con 3 millones de pesos para ambos.

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