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2 de mayo de 2022
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Opinión

Ah, pero la macro...

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Rodolfo Suarez ha insistido este domingo en su proyecto de reforma institucional para introducirle cambios a la Constitución, ratificando que no pretende modificar la prohibición que rige para que el gobernador sea reelecto, pero sí eliminar una de las cámaras legislativas para abaratar el costo de la política y de las elecciones de medio término, legislativas, que se unificarían en un solo proceso electoral que Mendoza llevaría a cabo cada 4 años. Y, junto con esto, su discurso ante la Asamblea dejó, en principio, la postergación para cuando corran otros vientos más favorables para proveer a la Provincia de una nueva Ley de Educación que impulsó a pocos meses de su arranque en el Gobierno, suplantándola por la organización del Congreso Internacional de Alfabetización, Lectura y Escritura “para poner en discusión las mejores propuestas para nuestras aulas”, según expresó.

El gobernador está convencido de que conduce una provincia “ordenada y con rumbo”; una provincia que es portadora de una marca especial que se traduce o se describe en eso que llama “modelo mendocino”, y que, cuando mejore el rumbo de la macroeconomía –el motivo más trascendente de todos al que se señala por no poder crecer o no poder mejorar los índices sociales y económicos–, Mendoza finalmente despegará. En síntesis, todas virtudes y beneficios intrínsecos de una provincia a la que no dejan mostrar su potencial desde afuera, según el gobernador.

Ese afuera que se ha señalado, o esas culpas ajenas a todo lo que se puede hacer desde su gobierno, tienen varios nombres de acuerdo con lo que el gobernador dijo a lo largo de casi una hora y veinte de lectura del discurso por el que se inauguraron las sesiones de la Legislatura. Esos culpables o responsables no sólo hay que buscarlos, según lo que ha manifestado Suarez, en la Nación (la primera apuntada), sino también en una oposición a la que le ha pedido “salir de la burbuja de los encantos dogmáticos” y a aquellos movimientos sociales, particularmente ambientalistas, que no le permitieron seguir adelante con la modi ficación de la Ley Antiminera, la 7.722, para desarrollar a gran escala la minería metalífera. De ellos dijo que fueron dominados por “fanatismos absurdos”.

Mendoza, en concreto, en la mirada del gobernador Suarez, ha hecho todo lo posible –o lo imposible según el énfasis que le dio a la lectura en algunos pasajes– para salir del corsé de crisis descomunal que la ha afectado, pero no la han dejado. Explicaciones insuficientes, insustanciales en ciertos casos y algo débiles, en general, de su parte, cuando su administración ha contado, y cuenta, con el poder más que suficiente en la Legislatura, y que tiene el apoyo necesario de muchos de los ámbitos de poder que suelen pararse en la vereda de enfrente de los gobiernos provinciales –no en este caso–, como para haber respondido de otra manera y con otros resultados.

Sin ir más lejos, los empresarios que decidieron en el último proceso electoral pasar a protagonizar la escena política con candidaturas concretas y la creación de un movimiento que compitió en el  propio frente oficialista, vienen de marcarle al Gobierno que, en circunstancias parecidas, con los mismos problemas que se tienen en Mendoza, Neuquén y San Juan “han podido encontrar mecanismos y herramientas para dinamizar sus economías, defender el salario privado y generar empleo genuino, en la misma macroeconomía argentina”. A eso le adicionaron, en un documento que ha hecho mucho ruido interno, que Mendoza se encuentra en el triste ranking de las cinco provincias menos atractivas del país adonde conducir y dirigir inversiones.

La Mendoza que ha descrito este domingo 1 de mayo el gobernador, tiene el récord más bajo de homicidios: 4,2 cada cien mil habitantes. Ahora, ¿por qué la ciudadanía tiene otra sensación? ¿Por qué la mayoría de las personas ubican la inseguridad entre las demandas que más rápidamente hay que atender? Otra vez, el gobernador les dice que hay otros culpables o bien otra situación de la que parece no hacerse responsable. Es cuando admite que el delito común ha aumentado, como todos lo ven o lo padecen, porque las modalidades delictivas son dinámicas y han cambiado y que “el estrés socioeconómico” –otra vez una mención elíptica a la macroeconomía– ha influido en el aumento de esos delitos menores.

Cuando no se hacen autocríticas, tampoco es conveniente apuntar a responsables que, si bien están ahí (la macro, la misma actitud cerrada muchas veces de la oposición, la discriminación que se sufre en varios y constantes aspectos por parte de la Nación, las movilizaciones antimineras de su momento y otras más), no necesariamente han tenido una influencia tan poderosa como para condicionar decisiones y medidas que debieron tomarse desde el Ejecutivo movidas por la convicción y la seguridad con las que fueron prometidas y dichas.

Suarez, como se podía prever, enumeraría toda esa serie de políticas con las que respondió y que tenía a mano según su particular punto de vista, a los problemas en medio de un contexto adverso, como la pandemia del 2020, la que extendió sus coletazos nocivos hacia el 2021 persistiendo, todavía, este año. Con todo derecho eso hizo. Lo nuevo, si se quiere ver de esa manera, vino de la mano de la insistencia en el proyecto de reforma institucional que a esta altura está llamado a convertirse en la gran apuesta política-institucional de su gobierno y que con un alto grado de certeza la oposición trabará. Pero se quedó a mitad de camino para todos aquellos –que los hay– que se dispusieron a escucharlo con la expectativa que genera un gobierno que ya pasó la mitad de su mandato y al que se le ha comenzado a activar el tiempo de descuento o la cuenta regresiva, un equivalente al pato rengo.

Los mendocinos, dice Suarez como al comienzo de esta columna, “tenemos valores distintos, creemos en el valor del esfuerzo y del mérito, (...) creemos en la exigencia y en la evaluación. Creemos en la disciplina fiscal. Creemos que en el resultado de las fuerzas privadas está el verdadero camino para producir riqueza y empleo de calidad”. A eso le agrega que todas las transformaciones que se le han hecho al Estado han apuntado a dar servicios de calidad y para proporcionar equidad frente al interés sectorial desmedido. Y que ese Estado sano, a su entender, y que se ha logrado con aquel ciclo que empezó Alfredo Cornejo en el 2015, tiene que generar empatía con los que peor la pasan. Fue en ese momento cuando Suarez pareció que se internaría en describir un giro a todo lo hecho, para profundizar los logros, pero para cambiar un rumbo en general que ya en Mendoza está agotado porque no está dando o proporcionando lo que las demandas están pidiendo a gritos. Se percibió mucho más aún cuando aclaró que si bien la Provincia no cuenta con las herramientas necesarias para resolver todos los problemas para darle respuesta a la incertidumbre que ha provocado la inflación y la suba de las tasas de interés, no se quedaría en la queja. Pero no hubo sorpresas, no apareció ese salto hacia arriba para elevar la mirada tan necesario, y tampoco existió en la oposición, como se esperaba, algo distinto de lo que ha venido mostrando, para lamento de todos.

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