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8 de marzo de 2011
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OPINION

Nada que no se haya dicho ya al respecto de lo que pasó el domingo por la noche, en el descuidado teatro griego Frank Romero Day, cuando 25.000 personas creíamos asistir al maravilloso espectáculo de Vendimia y terminamos regresando a casa empapadas y estafadas. Las únicas palabras que se me vienen a la cabeza son "papelón" y "vergüenza"

    Nada que no se haya dicho ya al respecto de lo que pasó el domingo por la noche, en el descuidado teatro griego Frank Romero Day, cuando 25.000 personas creíamos asistir al maravilloso espectáculo de Vendimia y terminamos regresando a casa empapadas y estafadas. Las únicas palabras que se me vienen a la cabeza son "papelón" y "vergüenza". Como espectadora, me sentí burlada e inmiscuida "de prepo" en una situación absolutamente ajena a quienes habíamos pagado, con toda honestidad, la entrada para ver el show.

    Demoras por "problemas técnicos", desaparición de los conductores, oscurecimiento del escenario, horas y horas de espera y ninguna explicación: nadie se acercó a nosotros, el público, a dar una excusa adecuada. A las 23, y después de tres horas de vigilia debajo de una lluvia persistente, una voz en off dijo: "En siete minutos comienza el espectáculo artístico", y la gente, que estaba huyendo de las gradas, enfurecida, regresó. Diez minutos más sin noticias de los artistas.

    A las 23.15, aproximadamente, el secretario de Cultura, Ricardo Scollo, salió a asegurar que el show se haría, pero nadie creyó que esto fuera a suceder realmente, y nos retiramos. Mientras bajaba el cerro, sentí mucha pena. Cientos de turistas se volvían a su casa sin poder presenciar lo mejor de nosotros, pero, eso sí: se llevaban nuestra peor imagen. Pena por los ancianos y ancianas que llegaron haciendo un tremendo esfuerzo hasta el teatro. Una abuela con un pañuelito en la cabeza, tratando de protegerse de la lluvia, y de entenderle a su hija, que le explicaba lo que había ocurrido, casi sin entenderlo ella misma.

    Chicos que se quedaron con los ojos grandes mirando al cielo, esperando ver los fuegos artificiales. Una provincia que se prepara todo el año para ofrecer un show memorable. Ahora, habrá que resignarse: lo memorable será el sabor amargo que nos dejaron, tanto artistas como Gobierno. Ninguno de los dos pudo dejar de lado sus mezquindades particulares y volcarse a defender al público, verdadero protagonista de la fiesta mayor de los mendocinos. 

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