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14 de noviembre de 2012
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Sociedad

Omar Ávila, el chofer de ómnibus que le alegra el día a los pasajeros y les "canta" las paradas

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Hace 14 años que maneja colectivos. <b>Saluda a los pasajeros, les desea un buen viaje y va diciendo en voz alta la calle de la próxima parada.</b> El personaje que con su buen humor, quiere ayudar a la gente.

"Rodeo por Godoy Cruz, directo al centro", dice sonriente Omar Edgardo Ávila, chofer de la Línea 2, al pararse ante los primeros pasajeros unos minutos después de salir del control en Rodeo de la Cruz. "Hola, ¿cómo anda?", le dice al primero que sube, y así continúa con los demás. No todos le devuelven el saludo.

La mañana luminosa va llegando lentamente al mediodía y promete ser una jornada calurosa, como corresponde al mes de noviembre en Mendoza. Salió de la terminal que tiene la Línea 2, en un predio de unas cuatro hectáreas entre el acceso Este y Elpidio González, la calle más larga de la zona metropolitana. Decenas de ómnibus esperan bajo tinglados enormes sostenidos por columnas de hormigón y vigas curvas de metal. Al fondo de la propiedad, a lo lejos, se observan dos galpones y del otro lado, a un costado, dos inmensos cepillos giratorios limpian una unidad que fue lavada con un generoso chorro de agua.

"¿Sabe cómo le dicen a los políticos? Enojados con Dios.... ¡Porque siempre están mirando al diablo!", dice Ávila y larga una carcajada  mientras frena y se acerca despacio a la próxima parada.

"El Cordobés", así le dicen sus compañeros, se ha hecho famoso por la forma en que trata a los pasajeros: saluda con mucha simpatía, tiene un dicho para cada ocasión y suele contar cuentos cuando el semáforo le da unos segundos de respiro.

"Ojo con los ladrones, que les encantan las carteras plateadas", le dice a una mujer que baja, ella mira la suya, sonríe y le responde: "iMi cartera, no! porque está muy vieja; chau gracias por el consejo".

Arranca de nuevo y toma por el carril Godoy Cruz, directo al centro. Está listo para hacer su recorrido. Tardará una hora en llegar hasta la Ciudad y sesenta minutos más para regresar a Rodeo. Omar conduce uno de los ocho mil ómnibus que todos los días ingresan al centro de la ciudad de Mendoza. Lleva a un puñado de los 300 mil pasajeros que utilizan el sistema de transporte público por día en tododo el territorio provincial. Cuando regrese al control de su empresa, habrá recorrido 37 kilómetros, que ese día multiplicará por cuatro.

Su familia y su pasión por el volante

Omar Edgardo Ávila está casado con Mabel Valdéz, maestra de plástica en la escuela Alem. Viven en Villa Nueva y tienen tres hijos de 8, 16 y 21 años de edad, Arabela, Axel y Elizabeth. Los dos más chicos van a la escuela, la más grande ya trabaja.

Omar, hincha de Boca y de Belgrano, nació en la ciudad de Córdoba y tiene 44 años. Estudió hasta cuarto año de una escuela técnica y no terminó "porque tuve que ir a trabajar".

"Siempre me gustó estar con gente", dice al explicar su amor por conducir un ómnibus. "Comencé en Córdoba con un camión pero al ser más remunerativo me pasé a los micros. Durante 5 años, en Córdoba estuve en el servicio interurbano. Y un día me vine de vacaciones para acá, me gustó Mendoza y aquí me quedé. Me encantó el trato de la gente". Y desde ese momento, ya hace 9 años, es chofer en la provincia.

De diálogo fácil, no le costó nada explicar por qué le gusta su trabajo: "Agradezco a la gente porque si no fuera por ella yo no cobro mi sueldo, no vivo. Trato de recompensar eso con la mejor tarea que puedo realizar para que la gente se sienta contenta y bien. Que ellos vean que el chofer no siempre es la imagen mala de las empresas, de los colectivos. Hay gente buena".

"El trabajo nuestro es estresante pero yo trato de tomarlo de otra manera, empezar bien el trabajo, con buena onda, y también terminarlo de la mejor manera posible. Se hace más fácil el trabajo para todos".

El secreto de su estilo

El secreto de este chofer es simple y lo contó: "Hago cosas muy simples como nombrar las paradas. Hay mucha gente que viene de afuera, son del interior de la provincia y no conocen, por eso les viene bien; a veces tienen vergüenza de preguntar". Es de los que se preocupa por que los ancianos y embarazadas tengan su asiento y así se lo pide a la gente. Dice que no deja a nadie en la calle. Los lleva a todos, aunque tenga que esperar.

"Por ahí hay gente que me ha comentado historias de su vida, pero todo es muy breve porque no puedo descuidar detalles de la conducción del micro", destaca con cierto orgullo. Sin embargo, la mejor anécdota tiene que ver con el amor: "Una vez, una chica que se subió me dijo que estaba locamente enamorada de mí... no le respondí nada... Y aparte se podía enterar mi esposa", afirmó sonriendo y sonrojado.

"Siempre tuve el mismo carácter, explica, así lo hice en todos los trabajos que he tenido: en carnicería y en bares, después subí al camión y luego al colectivo. En todas las labores siempre he tenido el mismo modo de ser. Creo que nacemos con esto en Córdoba. Siempre mantener el buen humor y hacer reír a la gente. Somos los payasos de todos aunque no parezca".

Los reconocimientos

Mientras Ávila cuenta su vida y conduce su colectivo, los pasajeros se van sumando a la charla. Ignacio Lombardo, de 82 años, jubilado metalúrgico cuenta que "es un encanto viajar con este chofer porque es muy simpático y educado".

Por su parte, Stella Maris, que viajaba hasta Villa Nueva, destaca que "trata bien a los pasajeros y nos hace reír siempre".

Experto de la vida, apunta que: "La gente necesita reírse porque estamos viviendo un tiempo difícil donde todos estamos con el mismo problema, que es el tema plata y por ahí eso nos hace sentir mal a todos por igual".

Mirando el semáforo de Libertad y Godoy Cruz, él mismo busca el final de la charla: "En el micro me siento bien, siento que soy un servidor de las personas, de la gente que va a su trabajo, que hace sus cosas de todos los días". 

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