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15 de julio de 2006
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Nuestros Lectores

OÍR, NO ESCUCHAR

No pretendo polemizar sobre el significado de los dos verbos. Personalmente, opino que en la práctica, son distintos.

    Pienso que podemos oír, pero sin razonar, que es equivalente a no escuchar. La fría tecnificación nos bombardea permanentemente con sonidos, de tal manera que no tenemos tiempo de interpretarlos. Es la era de la aceleración, pues nuestra atención se satura y resulta parcial. Además, se complementa con lo visual y el movimiento. Me recuerda los métodos audiovisuales que, correctamente usados, son de una utilidad de aprendizaje enormes. Los medios de comunicación y sus profesionales han sido casi automatizados.


     El contacto con la naturaleza y, por ende, con la realidad se está distorsionando. Los médicos solemos certificar, al examinar a un individuo, que "ha perdido del contacto con la realidad" al constatar que sufre una incapacidad psíquica grave. No es mi intención describir las patologías físicas y psíquicas que conllevan el abuso de la computación y la telefonía celular. Pero deseo que, juntos, nos detengamos a pensar el daño psicológico, consistente en la pérdida de la capacidad de razonar y, por supuesto, de la de ser creativos.


    El abuso, por parte de los comunicadores sociales, da como resultado un periodismo sin contenidos, casi repetitivo, sin valor pedagógico. Por nombrar algunos que pueden crear adicción, serían: internet, correo electrónico, mensajes de texto. Sepamos encontrar los límites a la paralizante desinformación que resulta de la saturación. La ciencia ficción es digna de estudio, pero no de vivirla como un logro sobrehumano. Opino, como médico, que la comunicación personal, frente a frente, es necesaria para complementar la salud mental, que es prioridad insoslayable. 

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