access_time 15:39
|
9 de septiembre de 2006
|
|

MUJER

Nutrición después de los cuarenta

La correcta alimentación en la menopausia ayuda a enfrentar los cambios.

    Aumento de peso, sofocaciones permanentes, osteoporosis y alteraciones emocionales son algunos de lo trastornos que se suscitan llegado el momento de la menopausia. Pero no hay que alarmarse. Los mismos pueden y, fundamentalmente, deben afrontarse con normalidad y teniendo en cuenta determinadas conductas. Una premisa será, entonces, además del control médico y el cuidado físico del que hemos hablado en otras entregas, abordar el climaterio desde la nutrición. Determinadas pautas alimenticias ayudarán a las mujeres a vivir este trance con tranquilidad, bienestar y óptimas condiciones de salud.

SOLUCIONES A PROBLEMAS FRECUENTES. Una vez superada la barrera de los 40, las necesidades metabólicas de energía de las mujeres disminuyen, lo que significa que requieren un aporte calórico menor. Siempre y cuando no existan complicaciones o enfermedades asociadas durante este período, la alimentación deberá seguir los patrones de dieta equilibrada en función de aspectos individuales, como la edad, la talla y la actividad física, entre otros, para lo cual se deberá consultar a un nutricionista.

    El aumento de peso en torno a los dos o tres kilos, como mínimo, es un hecho significativo en la mayoría de las mujeres tras la menopausia, y el riesgo reside en que, cuando los depósitos de grasa se concentran en el abdomen como consecuencia de la pérdida de estrógenos, vida sedentaria y cambios en la dieta, pueden suscitarse enfermedades coronarias, hipertensión, dislipemias (aumento del colesterol en sangre), diabetes, formación de cálculos biliares y cáncer de órganos reproductivos.

    Aquí cabe hacer una salvedad: no sólo es importante cuidar la cantidad de grasa que se consume, sino también considerar la calidad de la misma. Para ello, se deber reducir la grasa de origen animal (grasa saturada), que aumenta los niveles de colesterol en sangre y, consecuentemente, favorece el desarrollo de arteriosclerosis. La grasa saturada abunda en embutidos, manteca, nata, leche entera, productos de pastelería, galletería y bollería.

    Como contrapartida, se potenciará el consumo semanal de pescado, aceite de oliva, semillas y frutos secos, alimentos ricos en grasa insaturada, con cualidades para reducir los niveles de colesterol. Con respecto a los dulces, también conviene ser prudente. Se recomienda reducir su consumo habitual por su riqueza en azúcares simples y calorías, incluso de manera más estricta si existe obesidad, diabetes o dislipemias.

    Sin embargo, el aumento de peso no es el único factor a tener en cuenta. Durante la menopausia se da un deterioro óseo que favorece el posterior desarrollo y aparición de la osteroporosis. El calcio es fundamental en la prevención de la osteroporosis posmenopaúsica. Por esta razón, es recomendable tomar tres raciones de leche o derivados, fuente de calcio por excelencia, con el objeto de conservar la masa ósea. La vitamina D es imprescindible para fijar este mineral.

ALIMENTACIÓN SANA, VIDA EN PLENITUD. El plan alimentario debe ser variado, suficiente, completo y equilibrado, más allá de la importancia de consumir alimentos de escaso contenido graso y lácteos para fortalecer los huesos. Por ello, debemos sumar cereales y derivados como el arroz, los que serán la base de la alimentación, siempre en una cantidad modesta.

    Las frutas y las verduras también deben contemplarse en el menú diario, teniendo en cuenta que los vegetales crudos son más abundantes en vitaminas, minerales y fibra, lo que contribuye a mantener un buen estado nutritivo. Por último, la hidratación: el cuerpo necesita de al menos un litro y medio de líquido por día, y a esta cantidad se suma el agua que proporcionan los alimentos. Las alternativas son múltiples y van desde el agua de bebida hasta infusiones, caldos de verduras y zumos de frutas.

TEMAS:

Show

MAS NOTICIAS:

SEGUÍ LEYENDO:

Últimas noticias

© 2019 Copyright.