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25 de octubre de 2006
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NUESTROS NIÑOS Y ADOLESCENTES

Quiero expresar mi visión, humilde, respecto de lo sucedido en el Liceo Agrícola

    Quiero expresar mi visión, humilde, respecto de lo sucedido en el Liceo Agrícola. Quiero expresar mi profunda tristeza por la forma en que estos sucesos se han manejado. Quiero hablar de “esos delincuentes”, esos que, en una “tradición del honorable colegio” (tal como han reconocido sus honorables autoridades), en lugar de tirar huevos y tinta (lo que hubiera cuadrado en la honorable tradición, al parecer), agregaron petardos y otras cosas. Y, claro, el festejo se desbordó. Y como si fuera poco, llegó a los medios de comunicación.

    Y aquí es donde me aparecen algunas preguntas: ¿Qué lleva a una institución a construir una tradición que, como las propias autoridades han reconocido con orgullo, se denomina “el asalto”, mientras otras instituciones, como ese colegio de Capital, construyen tradiciones solidarias como ir a compartir con los chicos del Chaco? ¿Quién, con dos dedos de frente, puede pensar que en una tradición de este tipo no pueden surgir desbordes o consecuencias innecesarias? ¿Dónde están todas las acciones hechas por las autoridades de la escuela para debatir, discutir, informar a los padres, y al resto de los alumnos previamente a la honorable tradición? ¿Dónde tienen la cabeza los padres cuando casi lo único que atinan a decir es:“Mi nene no pudo haber hecho eso”? ¿Cuánto conocen de la personalidad y de la contención grupal que necesita un adolescente? Descreo seriamente de una directora que no realizó ninguna acción previa pero que sí convocó a personal de investigaciones para que tomara fotografías.

    Me pregunto: ¿ella sabría qué pasaría? ¿Dónde están las instancias de mediación, de las que toda la política educativa hace alarde, si primero se aplicó la sanción, rápido, fácil, para quedar bien con esa prensa que pide mano dura para todo lo que muestre la gravedad de cualquier problema social? Hoy, la Justicia Penal tiene una instancia, la probation, por la cual un delincuente puede realizar trabajos comunitarios como instancia previa al juicio, y por supuesto, a la sanción. Ni el esbozo de ese derecho se les reconoció a estos estudiantes.

    Lamentable, triste papel de una sociedad de adultos que no se hace cargo de sus responsabilidades. Esos “delincuentes del liceo”, esos pibes que se siguen muriendo de hambre en un país rico, esos miles de excluidos, esos indiferentes, esos solidarios, esos que delinquen, esos que vienen de una clase media pulverizada.Todos esos son nuestros niños y adolescentes y no es con políticas represivas hacia ellos como debemos hacernos cargo de lo que nos toca.

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