Paso a la parte cómica, el damnificado fue ex ministro de Seguridad. Parece que pasó sin pena ni gloria por la función. Salvo que dibuje las estadísticas y no figure en la casuística como víctima de la inseguridad. El promedio de una o dos víctimas diarias, muertas por episodios criminales, no puede dejar de alarmarnos. Tratar de tapar el sol con la mano es ridículo y además una falta de respeto a la comunidad. El nutrido desfile de jefes que se han ido sucediendo en la repartición deja en claro que los procederes no han sido del todo eficientes.

         No conozco las técnicas policíacas, pero veo con sorpresa que el pago a “buchones” ocupa un lugar en las partidas de dinero que se manejan. Siempre las cantidades asignadas a Seguridad son pocas. ¿No será que se están usando mal? Sugiero que el todopoderoso teléfono celular se les provea a los criminales. No para avisarles de “zonas liberadas”, sino para que ellos nos ayuden en la resolución de ilícitos, por lo menos después de cometidos. Realmente, el asunto que nos ocupa es groseramente tragicómico.

       ¿Cuándo los burócratas, alimentados por la política de turno, dejarán de existir y contaremos con gente idónea para una función tan primordial como la seguridad? Una forma es superando vicios estructurales en el Estado y así ser más honestos y coherentes. Que los vetustos partidos políticos tomen conciencia; de lo contrario, continuarán con el clásico “cambiar todo, para que todo siga igual” o algo tal vez peor.