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20 de marzo de 2012
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Nombres

Buenos días, a pesar de todo.

Uno llama a la esposa de distintas maneras. A veces por su nombre. Ocurre que cuando el tipo está enojado puede llamarla por el apellido. Bermúdez, ¿ya está lista la cena o tengo que ir otra vez a buscar un choripán a lo de don Julio? Cuando mi mujer me decía Sosa, yo sabía que se venían, al menos, dos rounds de disputa. La forma de nombrar a la consorte depende mucho del estado de ánimo del tipo. En la época del camote, todos son diminutivos, y se usa mucho la ch, como hace Gómez Bolaños: chiquitita, ¿Me quere mucho, chí? Acá está su pichiripi para chantarle unbechito en la truchita, ¿chabe bichito? Es la época en la que el tipo usa apelativos del tipo: caramelito, gusanito, corachonchito, cuchi-cuchi, y otras salamerieces más. Claro, después del sí frente al cura yal del Registro Civil, la vida comienza a producir su efecto de erosión y, entonces, los nombres se estabilizan, entran en una meseta de cariño y no hay grandes sobresaltos, entonces, el vago puede decirle: vieja, negra, más cariñosamente, vida. A mí, mi esposa me decía frecuentemente tremendo tarado, porque tenía la mala costumbre de decirme tremendo.

En caso de confrontación marital, hecho que ocurre hasta en las peores familias, ni qué decir en las mejores, el fulano suele tratar a la fulana con frialdad, ni siquiera la nombre, le dice: Oíme, che; decime, vos; escuchame, mujer. Cuando le dice mujer es porque la mano viene muy mal y, seguramente, en algún momento van a tener que sentarse a hablar de la pareja. Frente a sus amigos, el tipo se suelta y entonces habla de su esposa con términos pretendidamente graciosos, puede decir mi mujer, pero más frecuente es la fulana, la patrona, mi jefa, la bruja, la mandamás, la generala, y otras deformateces más. La mujer también usa deformaciones, algunas cariñosas, como negrito, vida, cariño, bombón, mi machote, medio naranjo, pero también lo hace despectivamente: el fulano, el cusifai, el salame, el guacho, el tirano, el jefe. Ahora hay una forma de trato que anula todas las anteriores e implica el advenimiento de alguna circunstancia más difícil, que hacerle una poesía de amor a la suegra, cuando algunos de los cónyuges usan el che. 

Cuando el tipo o la tipa inician la conversación con che, están diciendo a las claras que su interlocutor no merece ni ser nombrado. Che... y seguro que se viene de reproche, de reto, de confrontación. Salvo en el caso de la mujer de Ernesto Guevara, ella la usaba como nombre. 

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