access_time 15:31
|
18 de agosto de 2006
|

No tienen voz, pero tienen piedras

Soy hincha del Tomba desde hace casi 50 años, jugué en el Tomba y luego trabajé en el cuerpo técnico con los DT Obredor Benítez y Carlos Horacio Harguindegui durante varios años, en la década del ?80. Creo, humildemente, que ?la violencia es el facilismo de los débiles?.Una muy lúcida mirada de un sociólogo mendocino e hincha de Godoy Cruz sobre los incidentes del sábado en el Malvinas. Marginalidad, responsabilidades y fútbol de Primera.

    El fútbol en Argentina, mercancía fundamental de la industria del tiempo libre, es el espacio masivo por excelencia donde se desplazan los conflictos sociales. Si bien el fútbol no es un reflejo directo de lo que pasa en la sociedad, sí constituye una arena simbólica de importante densidad significativa donde interpretar nuestra cultura. Por ello, es recomendable, no analizar los fenómenos de violencia en el fútbol desde el “campo”estrictamente deportivo, sino desde un análisis cultural de la sociedad.

    Se supone que es en las canchas donde las penurias cotidianas pueden amortiguarse con el disfrute de un juego que apela a sensaciones colectivas. Esta fue la intención básica y la función fundamental del deporte moderno capitalista en nuestras sociedades: contener, cohesionar, adormecer todo intento de resistencia o rebelión en la vida cotidiana. Pero no siempre esto funciona así. En nuestro país también se expresan rebeliones y resistencias en nuestros “criollos circos romanos”.

VIOLENCIAS SIMBÓLICAS. En Mendoza se da una gran paradoja: por un lado, una provincia con enormes bellezas naturales, viviendo un boom turístico sin precedentes, perteneciente a la élite de los mejores varietales del mundo, con cuatro diarios en la calle, dos complejos de shoppings que simulan nuestra pertenencia al primer mundo, varios hipermercados, hoteles cinco estrellas, entre otras ventajas. Y, como si fuera esto poco, un gobernador prácticamente ungido por el poder político nacional para ser candidato a vicepresidente del país en las próximas elecciones.

    ¿Qué más le faltaba a esta provincia? Un equipo de fútbol en la máxima categoría de la AFA. Y ese equipo, nuestro Tomba, el sábado debutaba como local. La presencia de Godoy Cruz en primera A implica, como se sabe,más promoción para la provincia, mayor protagonismo nacional y mediático de “nuestros políticos” y presencia asegurada, por un año, de nuestro fútbol en todos los medios nacionales.

    Además, mayor roce y profesionalización del periodismo local, dado que los medios envían una buena cantidad de reporteros a cubrir los partidos de visitante. Ni qué hablar de los beneficios indirectos en gastronomía y hotelería. Si hasta los puestos ambulantes de venta de chambergos o choripanes reciben el “agua bendita”de la cascada económica que genera el Tomba en primera división. Pero no todo se puede ocultar bajo la alfombra.

    La enorme pobreza recluida en las barriadas populares del Gran Mendoza, la indigencia y la falta de acceso a formas de integración social y cultural de los que menos tienen hacen de Mendoza una provincia deudora en lo social y cultural para con sus comprovincianos. Estas herencias del neoliberalismo salvaje aparecen a veces “fantasmáticamente” para recordarnos que la brecha social todavía es enorme y que los que se ubican en desventaja y no reciben ningún beneficio de la Mendoza próspera, de alguna manera, aunque sea en la cancha de fútbol, encuentran una caja de resonancia social.

NEGOCIOS DE PRIMERA. El Tomba, ahora negocio promisorio para empresarios y políticos, ha quedado atrapado por la lógica comercial de la primera división. Los jugadores pasaron a ganar el triple de los sueldos que recibían en la B nacional, los dueños de los pases de los jugadores se relamen los domingos por la noche al ver a sus pollos en Fútbol de Primera, los políticos “se ponen la camiseta” del Tomba cada vez que aparece una cámara o un fotógrafo, las empresas se disputan el pecho de la camiseta o, aunque más no sea, las mangas o los costados del pantalón para pautar publicidad que será reproducida a cientos de miles de televidentes y lectores de medios gráficos del país.Ahora,muchos quieren más que antes a Godoy cruz, claro, como negocio.

AUNQUE NO SE JUGÓ, PERDIMOS. Y ahí está la gente, el pueblo del Tomba y muchos mendocinos que, fieles a su equipo, viajan de visitante y hacen 2.400 kilómetros, pagan ahora una entrada más cara de local, le compran una camisetita a sus hijos o ahorran en la semana para estar presentes en el Malvinas Argentinas los fines de semana. Es el pueblo el castigado nuevamente, es el sentimiento colectivo que se ve frustrado.

    Y, desde el Gobierno, que es el encargado de garantizar la seguridad pública en los estadios a través de la policía, digásmolo, no se estuvo a la altura de la situación. ¿Es posible que 600 policías armados hasta los dientes no puedan prevenir el descontrol del sábado a la tarde en el Malvinas? ¿Por qué, cuando el partido había comenzado, todavía quedaban 5.000 personas afuera del estadio, entrada en mano, demoradas por el lento e ineficaz cacheo que sólo genera ansiedad y bronca en la gente que llegó a tiempo? Indudablemente, todo ello contribuyó al caos del sábado a la tarde.

   Y, por supuesto, en escena entran esos 500 hinchas sin entrada y del sector más duro de la parcialidad tombina. Estos aprovecharon ese clima y arremetieron contra los controles de la policía. De ahí en más, todo fue empeorando. Los gases, que llegaban a las tribunas y hasta a los propios jugadores en la cancha, las balas de goma, los miles y miles de pedazos de baldosa que se arrojaban contra la policía y el tablero electrónico. La sensación era como si nos hubiésemos ido al descenso 37 fechas antes que terminaran los dos campeonatos que tiene que todavía jugar Godoy Cruz.

¿LOS INADAPTADOS DE SIEMPRE? Inmediatamente llegaron los agoreros desde todos los rincones de la sociedad. Que “nos queda grande estar en Primera”, que “los negros quieren vivir de Godoy Cruz”, entre otras declaraciones. Me pregunto, ¿sólo ellos quieren vivir de Godoy Cruz? ¿Son los únicos que tienen “intereses” con relación al Tomba en Primera? Si hasta el propio jugador Juan Manuel Herbella declaró que, en otros clubes, ha colaborado con los hinchas.

    ¿Es que esto es nuevo y sólo pasa en Mendoza? Los viajes de la hinchada de Boca, Nueva Chicago o River, entre otras, ¿se los pagan los propios hinchas con el sudor de sus trabajos? El problema es muy complejo y no podemos sólo responsabilizar a los bravos e incivilizados hinchas que “no entienden las reglas de juego”, ya que hace unos años, esos mismos inadaptados eran adaptados que vivaban a Pepe Mansur desde la popular.

    Es que las reglas de juego son otras en estos casos, y estas implican, si no preguntémosle a Macri o a Aguilar, la negociación permanente con esos sectores. Negociar no significa darles todo lo que piden, sino integrarlos a través de acciones con las que, por supuesto, ellos también se beneficien, sin que la institución pierda las riendas en esa pulseada.

EL PROBLEMA ES POLÍTICO Y SOCIAL. Porque aquí todos llegamos a Primera, por ello la policía y el Gobierno que la comanda deben también estar a la altura de la situación y saber prevenir. No puedo creer que 500 hinchas dobleguen a la policía en el exterior del estadio y lleven el conflicto hasta la propia cancha. ¿Saben, estimados lectores, en qué se demoraba la policía en los cacheos? ¡Anotando en un listado a los propietarios de encendedores requisados para luego reclamarlos en la comisaría del barrio Cano! Es increíble, pero es la realidad.

   Para la policía, el ciudadano que asiste a la cancha de fútbol es una especie de enemigo, sobre todo si se trata de jóvenes de clases populares. ¿Eso es prevención? Indudablemente, la policía está más capacitada para responder a las agresiones que para prevenirlas, y eso es lo que llevó al caos. Otra cosa es cierta: la marginalidad social no tiene “códigos”. Por eso no les importó a esos hinchas perjudicar al propio equipo, poniéndolo al borde de una situación disciplinaria que podría hacer peligrar la categoría.

    Y eso debe saberse claramente, para concientizar al poder político y a los dirigentes del club. Entonces, dos llamados de atención por lo del sábado. El primero, institucional-deportivo: la dirigencia debe contemplar a todos lo sectores involucrados (jugadores, políticos, empresarios, hinchas y barrabravas) y conocer la cultura de cada uno para negociar a favor de la institución, para que nadie “saque los pies del plato”.

    El segundo, social: esos pibes marginados y excluidos son una muestra de los miles que deambulan por la provincia en busca de algo que los incluya en la vida, una camiseta, un grupo de música, un grupo de amigos, una plaza, y son muchos los que encuentran en la violencia y el delito un “lugar en el mundo” para que se los reconozca. Debemos evitar caer en un racismo de clase que estigmatiza a los pobres como los violentos de siempre.No tienen voz, pero tienen piedras, y así se hacen escuchar, por ahora. Quien quiera oír, que oiga.

Comentarios de la nota

Últimas noticias

© 2019 Copyright.