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11 de septiembre de 2006
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CARLOS AZCURRA

?No puedo volver a jugar?

Hace exactamente un año, el ex defensor de San Martín recibió un disparo a quemarropa por parte de un policía. Perdió un tercio del pulmón derecho y no podrá retornar a las canchas. El Estado aún no responde a su tremenda situación.

    La vida de Carlos Azcurra dio un giro drástico hace exactamente un año. El irracional disparo del cabo Marcial Maldonado, dentro del campo de juego en un San Martín-Godoy Cruz, rompió los sueños de fútbol del defensor albirrojo. Azcurra fue operado, perdió un tercio del pulmón derecho, estuvo en terapia intensiva y luego empezó la rehabilitación. “Sólo pienso en volver a jugar”, decía Carlos, cuando fue dado de alta. Pasó un año desde aquella tarde de imágenes caóticas y dolorosas. Y la realidad lo vuelve a golpear duro: “Es un hecho que no puedo volver a jugar al fútbol.

    Eso es duro, pero estaba dentro de las posibilidades”, reconoce Azcurra, con un gesto de genuina tristeza. Se toma un respiro, trata de buscar las palabras justas y explica: “Desde el primer momento me dijeron que iba a ser difícil que vuelva a jugar, que todo iba a ser muy lento. He hecho una muy buena rehabilitación, pero al fútbol no puedo jugar más. Gracias a Dios puedo hacer una vida normal ”, cuenta. ¿Qué sentís por lo que te toca vivir? Me da mucha nostalgia por cómo terminó mi carrera. Uno espera que la carrera se te termine porque la pelota te pica lejos o por otros factores, pero no por lo que me pasó.

   Hoy, después de un año, ¿cómo estás? Intranquilo porque esto sigue igual, después de un año. Quienes tendrían que haberme hecho llegar soluciones, no lo hicieron. Todavía estoy esperando. El Gobierno ya tendría que haber resuelto mi tema. El único que salió perjudicado fui yo. Desde el Gobierno, ¿te prometieron algo? Tuve reuniones pero nunca llegaron a nada. Todos los días amanezco y no sé cuándo se irá a terminar este tema. No voy a poder seguir jugando. Las reuniones que tuvimos eran sólo para ver cómo estaba.

    No había avances. Yo no quiero que se confundan, no quiero ayuda, quiero que hagan lo que tienen que hacer. Además de la rehabilitación, ¿estás haciendo otra actividad? La gente del club Algarrobal me ha abierto las puertas para estar ahí, para que tenga una distracción y les dé una mano, que aporte experiencia. Estoy muy contento con eso. ¿Qué pensás hacer en un futuro? Estoy haciendo el curso de técnico así tengo la posibilidad de seguir ligado al fútbol.

    ¿De dónde has sacado fuerzas en este tiempo? De mi familia y mis amigos, que me dan un apoyo incondicional. Uno tiene que ser consciente de que está vivo. Podrían haber pasado cosas peores. Y sí, fue casi un milagro... Hay una realidad: gracias a Dios estoy vivo. Puedo ver partidos, puedo disfrutar de un montón de cosas. Lo que a uno más le gustaba, que era disfrutar jugando al fútbol, ya no lo tengo. Pero hay que salir adelante. ¿Ves mucho fútbol por televisión? Por tele veo todos los partidos, Argentino A, B metropolitana, B Nacional, Primera.

    Por ahí voy a ver a los chicos de Algarrobal de vez en cuando, pero no estoy yendo a las canchas. ¿Qué te pasa por la cabeza cuando ves partidos de San Martín, por ejemplo? Cuando veo partidos, veo a mis compañeros y a uno le da nostalgia haber compartido cosas con ellos y haber quedado al margen por una situación así. Mi vida cambió mucho. Antes entrenaba, tenía partidos, viajes. Y de repente no lo hacés más. Da mucha tristeza. Agremiados, ¿cómo se portó con vos? La contención que tuve en Agremiados fue increíble. Se hicieron cargo de toda la rehabilitación.

    Si no hubiese sido por eso, hubiera pasado momentos más difíciles. Tenía sueños de noche, no podía dormir bien. Me ayudaron y de a poquito trato de salir de eso también. Antes eran muy continuos, ahora ya no tanto. A veces me despierto de noche. Estuve bajoneado mucho tiempo. “Ahora tengo incertidumbre porque veo que no se resuelve mi tema, pero qué le voy a hacer, tengo que estar tranquilo”, termina diciendo Carlos, un tipo que en la cancha nunca se dio por vencido. En la vida, menos aún.

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