Ubicado al pie del cerro homónimo y con una vista privilegiada al Cordón del Plata, el nuevo espacio de tapeos y vinos se llama “Áspero”. Se trata de un proyecto familiar que busca transformar el turismo de montaña a través de la cocción lenta y el respeto por el producto local.
El local está ubicado en la localidad de Los Zorzales, en Potrerillos, y apuesta por una “gastronomía de alta montaña” que busca fusionar el confort de la cocina de casa con el carácter del paisaje andino.
Detrás del proyecto hay una historia de arraigo familiar. Tras 12 años de vivir y emprender en la zona, sus propietarios decidieron que era momento de que Potrerillos tuviera una propuesta con identidad propia. “Áspero nace de una decisión muy consciente: crear en la montaña un espacio gastronómico que esté a la altura del paisaje”, explica Fernando Perera, propietario junto a su esposa Soledad Labin.


El carácter del entorno como nombre y concepto
El nombre del lugar responde a la geografía que lo abraza: el Cerro Áspero. Según su propietario, el concepto es una mezcla de sabores locales, tapeo para compartir y una presencia protagónica del fuego.
“Áspero nace como una interpretación honesta del entorno que habitamos. La montaña es intensa, el clima es cambiante, la piedra y el viento tienen carácter”, señala.
Esta identidad se traslada a una cocina directa donde el fuego es el hilo conductor. “El fuego no perdona errores. Cuando cocinás con fuego real, sin esconderte detrás de técnicas complejas, el producto queda expuesto. La simpleza bien ejecutada es lo más difícil en gastronomía”, añade Fernando.
El desafío de la altura
Emprender a más de mil metros sobre el nivel del mar implica desafíos logísticos. Sin embargo, los dueños del restó detectaron un nicho en este mercado: un público que crecía pero que no encontraba opciones que “justificaran el viaje” hasta Potrerillos.
El diseño de su carta incluye “platos reconfortantes” como guisos, carnes de cocción lenta y pastas. También una selección de tapeos que maridan con etiquetas de pequeños productores mendocinos. “Cuando estás a más de mil metros de altura, con frío o viento, el cuerpo busca abrigo”, afirman.



Por su parte, la arquitectura y el diseño del servicio fueron pensados para inducir un estado de pausa. A través de un portezuelo natural, el salón permite apreciar el dique Potrerillos enmarcado por los picos nevados. “Queremos que la persona desacelere. Que respire profundo y se permita simplemente estar. Áspero no es solo comer. Es habitar la montaña por un rato”, dicen.
Con un público que incluye tanto al turista extranjero y local como a los mendocinos que buscan redescubrir su provincia, el restó abre de miércoles a domingo de 12.30 a 16 y de 20 a 23. Ya planea una agenda de eventos que incluye atardeceres con DJ y copa de vino, ciclos vinculados al fuego invernal y fechas temáticas especiales, entre otros.
Para sus creadores, la experiencia se resume en una sentencia que invita a la reflexión: “Donde el paisaje abraza la mesa y el tiempo se cocina lento”.
