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24 de noviembre de 2009
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NAVIDAD

Quién comprende el significado verdadero de la Navidad, comprende perfectamente lo que es poner un belén o cantar un villancico. La Navidad nos recuerda el nacimiento de Jesús, nacido en una gruta para traer a la Tierra un mensaje de amor, el más sublime, también al más lejano, al más distinto, al que no ama, el amor más extremo llevado hasta el sacrificio de la muerte.

    Quién comprende el significado verdadero de la Navidad, comprende perfectamente lo que es poner un belén o cantar un villancico. La Navidad nos recuerda el nacimiento de Jesús, nacido en una gruta para traer a la Tierra un mensaje de amor, el más sublime, también al más lejano, al más distinto, al que no ama, el amor más extremo llevado hasta el sacrificio de la muerte. Por eso, quien quiere quitar el símbolo de amor a la vida que representa el nacimiento de Jesús, con sus manifestaciones como colocar belenes o cantar villancicos, no entiende nada de nada.

    Como una tradición más, aparece cada año por estas fechas la pretensión de algunos políticos radicales de erradicar los signos cristianos, pretendiendo ser los paladines del avance y del progreso, con la excusa de que se hieren susceptibilidades. Pero negar el espíritu cristiano en la Navidad no ayuda a nadie: eso es anticulturalismo. Las minorías no se sienten ofendidas porque haya unos festivales de villancicos de niños. Todo lo contrario. Las mayorías también tienen derecho a expresar lo que tradicionalmente bueno han hecho. ¿Qué daño puede hacer el hecho de montar un belén en una plaza? Sólo quien tiene una imaginación estropeada o políticos que no sirven al bien común pueden creerlo.

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