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21 de noviembre de 2019
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Sociedad

Natación para bebés: peligros, beneficios y precios

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En Mendoza, la oferta es limitada y las metodologías aplicadas están enfocadas en el llamado “autorescate” y a la estimulación temprana de la psicomotricidad. Los pediatras aseguran que “todo contacto lúdico con el agua desde los primeros meses de vida es positivo”.

Según cifras del Ministerio de Salud de Mendoza, 6 niños de cero a 14 años perdieron la vida por ahogamiento y sumersiones no especificadas en 2018. En Mendoza existen pocas ofertas de actividades acuáticas destinadas a bebés. Sin embargo, sí se ofrecen diferentes métodos o programas que logran que lactantes e infantes floten primero y luego avancen pequeñas distancias.

La Sociedad Argentina de Pediatría considera que la natación es una de las actividades físicas más completas y, para los menores, un reaseguro de supervivencia ante una emergencia. Aun cuando recomiendan que se realice alrededor de los 4 años, sostienen que “todo contacto lúdico con el agua desde los primeros meses de vida es positivo”.

En la provincia, las metodologías aplicadas están enfocadas en el llamado “autorescate” y a la estimulación temprana de la psicomotricidad. Las clases grupales para bebés -en compañía de un familiar- cuestan desde $1.300 a $1.500 mensuales, mientras que las personalizadas tienen un valor de $1.500 por semana.

La pediatra Ana Haudek (Mat. 5431), de la Sociedad Argentina de Pediatría filial Mendoza, recomendó que cualquiera de estas prácticas se realice con supervisión de los padres y de un adulto capacitado y con experiencia.


“Favorece el vínculo con su mamá o con otro familiar que comparte la pileta”, afirmó al hablar de los beneficios y destacó que lo familiariza con el agua, al tiempo que va formando nociones de confianza y respeto con el medio acuático. Además, es un camino facilitador para comenzar el aprendizaje consciente, programado y definitivo de la natación que se logra alrededor de los 4 años de edad.

Por lo general, las lecciones inician con chicos de 4 meses de edad porque ya tienen sus primeras vacunas colocadas, hasta los 3 años. Se realizan en una piscina que no supera los 50 cm. de profundidad, con un menor nivel de cloro y a la cual se renueva el agua con mayor periodicidad que en una normal. Esto hace que la oferta en la provincia se acote a unos pocos natatorios distribuidos en Chacras de Coria, Godoy Cruz o en viviendas particulares

Para sumergirse, deben hacerlo con pañales específicos y una malla. Mientras, el uso de las antiparras depende de la consideración del instructor.

Perder el miedo al agua

Aldana Calzetta es profesora dedicada a la estimulación infantil en el agua, una técnica apropiada para bebés a partir de los 3 o 4 meses que sirve para trabajar su aparato psicomotor, para que tome contacto con las piletas e interactúe con otros chicos.

 “En ocasiones se confunde con la matronatación pero no se enseña la técnica específica, si bien aprenden a moverse y desplazarse en el mismo medio en forma independiente o con ayuda de sus padres”, dijo.

En la primera lección, los chicos pueden estar hasta 30 minutos para lanzarse a los brazos del instructor que está esperándolo en la pile, hasta que toman la suficiente confianza y empiezan a jugar.

Por lo general, los cursos se realizan dos veces a la semana durante una hora, pero puede acortarse a 40 minutos ya que los lactantes se cansan con mayor facilidad.

Aldana hizo hincapié en el hecho de que “no hace mucho tiempo el nene nació y perdió su contacto con el agua (líquido amniótico) entonces mientras más corta sea la edad, mejor adaptación va a tener”.

Por su parte, la instructora Romina Cialli comentó que en su escuela acompaña al niño en su desarrollo, dentro de lo que son las técnicas acuáticas. “Trabajamos la estimulación psicomotriz  lo que facilita que después aprendan a nadar. Se desarrollan destrezas, actitudes de supervivencia y auto cuidado para la prevención de accidentes.

“También se produce un fortalecimiento de su sistema inmunológico porque por más que se limpie el lugar, el agua tiene sus bacterias y comparte el espacio con otras personas.”, dijo.

Además de prevenir accidentes, entre los beneficios está la independencia, la tonificación muscular, la mejora de la postura, la firmeza e incluso aprenden a caminar más rápido.

Daniela Morales es instructora de ISR (Infant Swimming Resource), una técnica desarrollada en Australia que tiene como finalidad darles herramientas a los pequeños para que puedan sobrevivir solos en el caso de que tengan un accidente en el agua.

“Los niños menores de un año aprenden a controlar la respiración bajo el agua, girar y quedar flotando. Entre tanto, los mayores aprenden a girar, quedar flotando, volver a nadar y desplazarse a un lugar seguro”, explicó Daniela.

Se reciben pequeños desde que empiezan a gatear y sentarse solos, de unos 6 meses. El curso es corto, dura como máximo 8 semanas y se toman clases todos los días, unos 10 minutos. “En todo momento se evalúa la fatiga, la respiración y cada niño tiene un examen médico donde se carga toda su historia clínica”, afirmó.

Aunque algunos creen que se trata de una técnica de choque, porque en algunos videos de ISR ve como se suelta al bebé en la pileta para que por sus propios medios se voltee y flote, la instructora comentó que esto se hace en forma paulatina, se trabaja lo psicológico y el aprendizaje sensorio-motriz (similar a aprender a andar en bicicleta o manejar).

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