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12 de agosto de 2006
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A UN MES DEL CRIMEN DE FLAVIO PIOTTANTE Y ANALÍA LIBEDINSKY

Nada se sabe del único imputado y prófugo

Mauricio Suárez no tiene contactos con su familia. El fiscal mantiene la acusación, a pesar de de que el cotejo de huellas resultó negativo.

    Cuando esta noche el reloj marque las 23, se cumplirá un mes del doble crimen del psicólogo Flavio Piottante (39) y su paciente Analía Estrella Libedinsky (30). En los últimos días, los pesquisas lograron determinar el horario del homicidio más intrigante de los últimos tiempos: se perpetró casi una hora antes de que finalizara el 12 julio, y no entre las 18 y las 19, como se creía. Pero la duda sigue en pie luego de que el cotejo de huellas resultada negativo: fue o no Mauricio Javier Suárez (32) el autor del crimen, principal sospechoso desde el 16 de Julio, cuando se fugó.

    “Esto no podrá comprobarse hasta que sea detenido o se entregue”, comentan fuentes ligadas al caso. Lo cierto es que Suárez, ex pareja de la novia del psicólogo, Andrea Troncoso, quedó imputado por “homicidio agravado por el uso de arma de fuego en concurso real con homicidio simple”, porque también hay otros indicios. Según afirma el fiscal especial Eduardo Martearena, la calificación continuará firme ya que, a pesar de que las huellas halladas en la escena del crimen no pertenecen al sindicado, existen otras pruebas, mayormente testimoniales, que lo vinculan.

    Desde que ocurrió el hecho, el caso se ha transformado en un mar de dudas difícil de descifrar, pero los pesquisas se han guiado, principalmente, por la complicada hipótesis del asesinato con tintes pasionales. CALLAR. Un día después de que la madre del psicólogo, Beatriz Llin, encontrara los cuerpos ensangrentados en la casa y consultorio, ubicado en calle Barcala 484 de Ciudad, Suárez llamó por teléfono a su amigo Diego Coronel, director del departamento de Logística del Ministerio de Seguridad, con la intención comentarle algo en una lomitería de calle Arístides de Villanueva.

    La noche de ese viernes, Suárez le dijo en secreto a Coronel, cuando los pesquisas todavía no vinculaban al doble homicidio: “Me mandé una cagada, me tengo que ir del país”. Pero el funcionario prefirió callar el dato por más de 24 horas, y recién el domingo marchó –por presión de dos personas que vivían con Suárez, que se enteraron de la frase porque Coronel se las comentó– hacia la fiscalía de Martearena, quien ese día tomaba las riendas del caso luego de ser subrogado por Daniel Carniello.

    Ese mismo día, cuando policías llegaron al lugar donde vivía, el sospechoso ya no estaba y se había llevado algunas prendas. No haber dicho lo que sabía le costó a Coronel un serio tirón de orejas de parte del principal investigador: “Usted me hizo perder un día clave”, le habría reprochado. Mientras, los abogados de la familia Libedinsky –Gustavo Schiavi y Omar Jadur– están intentando determinar si las víctimas mantenían un amor oculto –para demandar a la aseguradora de Piottante por mala praxis–, el abogado defensor de los padres de Suárez afirma que no sabe adonde está el sospechoso.

    “Si las huellas encontradas en la escena del crimen no pertenecen a Suárez, la idea es que se presente al fiscal”, explicó hace unos días el abogado Martín Ríos. De todas formas, los tres letrados no pueden acceder al expediente porque está en estricto secreto. Esta medida ordenada por el fiscal continuará por lo menos hasta mediados de octubre.

SIN TESTIGOS. Piottante y Libedinsky se conocían desde hacía varios años. En el 2001, la joven comenzó a ser tratada por el especialista y dejó de trabajar, a principios de este año, para estudiar la carrera de Ceremonial. Además de ser su psicólogo, Piottante también era su profesor en la Universidad del Aconcagua. El día del crimen, Libedinsky tenía turno con Piottante. Fue así que una tercera persona entró al lugar, los golpeó y los mató. Piottante recibió dos tiros de un revolver calibre 32 en el tórax. La joven fue estrangulada.

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