Fernando Petracci, oncólogo del Instituto Alexander Fleming, se preguntó qué más podían hacer los médicos por los pacientes para que sigan adelante y disfruten al máximo de sus vidas.  Así, ideó un desafío que los lleve a realizar algo jamás pensado, acompañados por desconocidos, pero que atravesaron –con más o menos dificultad- su mismo camino: el cáncer de mama.

A partir de su experiencia como montañista y ultramaratonista, Petracci respondió convocó a 30 mujeres y un varón, que habían superado este cáncer, y a colegas de distintas especialidades e instituciones del país, para adentrarse en la cordillera de los Andes en Mendoza, experiencia que concretaron del 4 al 6 de marzo, bajo el lema “Del cáncer de mama se vuelve”, y cuyo documental presentaron en el marco del Mes del Cáncer de Mama.

Tras recorrer 60 km en vehículo sobre las márgenes del río Atuel, emprendieron 50 km de trekking con dos noches de campamento a 2.500 msnm y un ascenso de mil metros más, hasta el Memorial de los Uruguayos, donde descansan los restos de los pasajeros y tripulantes fallecidos 50 años atrás en el accidente del avión Fairchild de la Fuerza Aérea uruguaya. Pacientes y médicos, juntos, rindieron homenaje a la vida, a los que descansan en el corazón de los Andes y a los sobrevivientes.

Para Carlota L, una de las 30 sobrevivientes de cáncer de mama, “fue muy simbólico celebrar la vida a la vez que les rendíamos homenaje a los chicos que fallecieron y a los que sobrevivieron en el accidente del avión uruguayo. En lo personal, como con la enfermedad, en esta travesía me encontré desarrollando valor, fuerza de voluntad y resiliencia. Además, contemplé los cielos y los paisajes más lindos de mi vida, con cursos de agua y senderos de diferentes formas, alturas y estrechos. Eso sí, como la vida, las montañas nos pusieron a prueba constantemente”.

Petracci explicó que “con frecuencia, a los pacientes les toma más tiempo de lo habitual procesar la enfermedad que atravesaron y recuperarse emocionalmente para poder retomar sus vidas con los cambios que crean pertinentes en lo personal, laboral, familiar, en el ámbito de los afectos y amistades, y seguir hacia adelante. Muchos, a pesar del estímulo y la motivación que intentamos brindar en cada consulta médica, permanecen en un estado de desorientación, apatía y miedo continuo que los bloquea y les impide seguir y disfrutar sus vidas”.  

Afortunadamente, agregó, “la mayoría -en determinado momento- hace un click y dejan de ser aquellos que conocimos en la primera consulta, cargados de miedos e incertidumbres y, años después del cáncer, te encontrás con personas diferentes, mucho más empoderadas. Es ahí donde esta expedición comenzó a gestarse y a tomar sentido”.

Luego de esta experiencia, Carolina V. M. agradece al universo, a su médico y a todo el equipo por lo vivido: “fue muy especial haber compartido algo así con nuestros médicos, fuera del consultorio. Su calidad humana ha sido sumamente necesaria para acompañarnos a transitar la enfermedad y también para brindarnos soporte durante estos días en la montaña”.

En la misma línea, Viviana I. confesó que una parte de su corazón sigue en aquellas majestuosas montañas “con el grupo maravilloso de gente con el que compartí esta travesía; cada uno llegó con sus historias, sus penas y alegrías, para ponerlas en común y caminar en la misma dirección”. Cumpliéndose 25 años desde su primera cirugía de mamas y otros tratamientos, etapa que ella describe como ‘otros tiempos de la oncología’, hoy se siente con el mismo espíritu, pero más feliz. Acepta las piedras que tuvo que superar en el camino, tanto a lo largo de sus años con la enfermedad como en esta experiencia de montaña, pero reconoce que se había propuesto llegar hasta la cima, ‘su cima’, y lo logró.

Llegar a tiempo al diagnóstico

En Argentina, cada año más de 22.000 mujeres son diagnosticadas de alguna de las múltiples variantes de cáncer de mama y se calcula que, aproximadamente, una de cada 8 mujeres lo desarrollará a lo largo de la vida (y en el 1% de los casos afecta también a los hombres).

El diagnóstico temprano y la amplia variedad de opciones terapéuticas disponibles logran curar a un porcentaje significativo de los pacientes y prolongar la vida significativamente, con buena calidad de vida, en los casos que no son curables.  

La realización de una mamografía una vez al año, o con la periodicidad que el médico indique, según edad y antecedentes personales y familiares, es el mejor camino para detectar a tiempo tumores en la mama, medida que verdaderamente salva vidas.

En ese sentido, esta travesía inédita con sobrevivientes del cáncer de mama, además de haber reunido historias de superación para compartir algo inolvidable, debe contribuir a la reflexión sobre el lugar que cada uno puede ocupar para lograr que se llegue antes al cáncer y para identificar y derribar aquellos obstáculos que las personas suelen ir encontrando en el camino, tanto para arribar a la detección como en su recorrido con la enfermedad, que -al igual que con la montaña- en ocasiones para algunos, por diversos contextos e inequidades, puede tornarse demasiado cuesta arriba.